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El TEC estrena "Tío Vania", de Chejov

El Teatro Estable Castellano (TEC) estrena hoy, en el teatro Marquina, la obra Tío Vania, de Anton Chejov, en versión del critico teatral Enrique Llovet, con dirección escénica de William Layton e interpretada por Ana Belén, Enriqueta Carballeira, José Pedro Carrión, Carlos Lemos, Maruchi Fresno, José María Muñoz, María Paz Molinero y Fernando Sansegundo. Es el segundo espectáculo del TEC, que mantiene, en el teatro Eslava, Así que pasen cinco años, de Federico García Lorca, hasta el próximo mes de enero.

Tío Vania, del dramaturgo y novelista ruso Anton Chejov (1860-1904), se había representado en nuestro país en sesiones de cámara, siendo más conocidas Tres hermanas y El jardín de los cerezos, obras sobre la sociedad de Rusia en vísperas de la revolución. Las primeras piezas de Chejov contenían elementos melodramáticos. Los estrenos de Ivanov (1887), El genio del bosque (1889) y La gaviota (1896) no tu vieron éxito. Con la creación del Teatro de Arte de Moscú y la aplicación de las teorías escénicas e interpretativas de Stanislawsky, las últimas obras de Chejov han pasado a la historia del teatro contemporáneo.En el montaje de Tío Vania han intervenido el equipo de dirección del TEC, formado por Miguel Narros, José Carlos Plaza y Arnold Taraborrelli, con escenografía de Andrea D'Odorico, siendo responsable de la función William Layton.

«En toda mi vida de actor y director -declaró a EL PAIS William Layton- he estado deseando montar esta obra maestra de Chejov. En todo el mundo es una obra de repertorio obligado. Para un público que no está acostumbrado al teatro de Chejov es la obra más asequible. Sus obras más famosas no tuvieron éxito a finales del siglo pasado, en un ambiente de comedias para la burguesía, porque no se había encontrado un sistema de interpretación adecuado. El método de Stanislawsky, ensayado en el Teatro de Arte de Moscú, convirtió sus últimas obras en grandes éxitos. El estreno de o Vania en Moscú, después de representar La gaviota, significó el encuentro con un teatro revolucionario, no en sentido político. Gorki dijo que de una manera tranquila, profunda, Chejov preparó la revolución.»

El trabajo sobre la obra de Chejov se ha desarrollado a partir de las teorías de Stanislawsky, asumidas por William Layton en su laboratorio de actores. Han realizado sesiones de improvisaciones, estudio de los personajes de la época y su incorporación en el montaje a través de la organicidad de los actores, que interiorizan las emociones del personaje.

Clima y subtexto

«Chejov decía que moralizar es odioso -añade Layton-, por eso en su obra hay farsa, pero no sermón, prefiere la magia o una sesión de espiritismo. El clima en Chejov es todo, ofrecer todas las ramificaciones del subtexto. Hay que lograr un equilibrio, que es muy delicado, en los detalles, en los comportamientos, en la ilusión de la vida; son escenas donde «parece» que no ocurre nada. Por eso es tan difícil el teatro de Chejov, entre el drama y la risa, con la historia de unos seres humanos que no les dejan vivir, personajes que a través del tiempo se hacen actuales. Todos los que hemos hecho la función llevamos muchos años juntos de trabajo, pero nunca he visto tanta armonía y fuerza para poner este texto en el escenario.»Enrique Llovet, autor de la versión, opina que Tío Vania no es ni comedia ni drama. «Es una obra de espíritu poético y ritmo musical en que casi se oye pensar a los personajes. Chejov no cuenta nada, pero lo enseña todo. Cada segundo de su obra está cargado de vida. Y no tanto por lo que pasa o lo que se dice, como por el silencio, el sentido de los comportamientos, la increíble sensación de que aquello es la vida y nosotros debemos agregar los juicios, los premios y las condenas.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de noviembre de 1978