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Crítica:CINE/ "EL RELOJERO DE SAN PAUL"

Los hijos

El relojero de San Paul. Dirección de Bertrand Tavernier. Según la novela de G. Simenon. Phillipe Noiret, J. Rochefort. Policíaca. Francia. 1973. Local de estreno: Minicine 3.

Tal como van las cosas y en lo que se refiere a películas francesas estrenadas en esta temporada, el cine galo podría dividirse en dos concretos apartados: filmes en los que Phillipe Noiret interviene y aquellos en los que no aparece su peculiar trabajo. Esto que en otras circunstancias, en el caso de otros actores impuestos por los realizadores o por sí mismos, convertidos en sus propios productores, supondría una mortal monotonía, en el caso de Noiret viene a ser excepción afortunada.

Heredero de la gran tradición de la escena francesa, sabe no ya adaptarse a sus personajes sino asimilarlos de tal forma que nunca se sabe hasta qué punto son fruto del autor o de el mismo actor que colabora con su intuición, su oficio e incluso con su presencia física en teoría amorfa, desangelada, ausente, pero que una vez puesta en acción se transforma. Como los grandes mimos, sabe ser cruel o sencillo, cobarde o vigoroso, tal como tantos realizadores nos le han dado a conocer últimamente, desde Ferreri o Tavernier, éste en sus tres últimas o primeras películas.

Pues este realizador, antiguo crítico y hombre de producción cuyos filmes en España van siendo presentados cronológicamente en sentido inverso a como aparecieron, debutó con este filme partiendo de la obra de otro francés clásico: Georges Simenon.

No es preciso descubrir ahora a este universal narrador contemporáneo, explicar lo que su nombre supone en la novela, llámese policíaca o de costumbres, que apunta más allá del engranaje habitual a un profundo conocimiento del corazón humano. Su vasta obra centrada en personajes ya habituales para sus numerosos incondicionales, va más allá de los límites del género y como en el caso de los narradores tradicionales, se apoya en auténticos retratos psicológicos con los que sabe enriquecer su galería particular referida, sobre todo, a la actual burguesía francesa. Si a ello se añade su constante atención al entorno político y social que las rodea, llegaremos a la conclusión de que aunque tales anotaciones parezcan a primera vista superficiales, contribuyen de una manera muy eficaz a trazar un panorama a la vez profundo y cordial de la vida de provincias hoy.

El trabajo de Tavernier en éste su debut cinematográfico se basa así en esa descripción de la provincia y en la inteligencia de Noiret para describirnos las relaciones con el hijo acusado de asesinato. De qué modo esa relación se trasforma paulatinamente hasta acabar en afecto verdadero viene a ser una lección excelente para actores y espectadores en lo que se refiere a sobriedad y vida a un tiempo, muy bien secundado por el eficaz Jean Rochefort, segunda mitad de una pareja que se mira a sí misma en el espejo de las jóvenes generaciones.

Realizada en interiores naturales, más los propios que la acción exige, en un ritmo un tanto lento, el éxito de este complejo relojero de San Paul sirvió en su día a su realizador para continuar su carrera en empeños si no mejores, más costosos, ya dados a conocer en nuestras pantallas y en nuestros festivales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de junio de 1978