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Reportaje:Las concesiones de casinos, una guerra de intereses / 6

Importante participación extranjera en los casinos de la zona norte

Una constante en la tramitación y preparación de los casinos que han obtenido licencia para funcionar en el norte de España -incluimos en esta demarcación a Pontevedra, Santander, San Sebastián y Zaragoza- es la actuación de grupos de técnicos y financieros franceses, ingleses y alemanes. Esta intervención extranjera en la gestión ha provocado fuertes protestas en algunos lugares. Pero ¿qué personalidades españolas están detrás de estos grupos? Sobre la geografía y el quién es quién de los casinos españoles de la periferia informan en un primer avance Gerardo G. Martín, Juan G. Bedoya, Antonio González y José Luis Costa

En medios políticos y empresariales se estima que el casino de La Toja será uno de los pocos autorizados que no tendrá «contestación». Era la única petición no sólo de Galicia, sino también de las tres provincias colindantes con el País Gallego.Cuando hace aproximadamente un año se formuló la petición, en nombre de Casino de La Toja, SA, podían existir dudas sobre la posible competitividad de otras zonas, que pronto se disiparon. En La Coruña no se mostró el menor interés formal -aunque hubo varios rumores en otro sentido- de conseguir un casino, y en Vigo, que podía ser la otra ciudad aspirante, el alcalde, que forma en la Comisión Nacional del Juego, se mostró públicamente contrario a esta posibilidad. Consecuentemente, los peticionarios, el grupo financiero más importante de Galicia, el del Banco Pastor, con Fuerzas Eléctricas del Noroeste, Autopistas del Atlántico y otras empresas en su órbita -además de la Fundacíón Barrie de la Maza, con 3.000 millones de pesetas de capital- no tuvieron siquiera necesidad de plantearse un problema de influencias o presiones. No lo necesitaban, simplemente.

Al plantearse la posibilidad de que se autorizara el juego en España, La Toja, SA, sociedad que participa con casi la totalidad del capital en el casino, tenía un grave problema en perspectiva. A pesar de que ha empezado a mejorar la cuenta de explotación del complejo turístico -varios hoteles, balneario y otras muchas instalaciones, con una capacidad hotelera de 750 plazas en la isla pontevedresa que da nombre a la sociedad- en aquellos momentos todavía se resentía la empresa de la fuerte inversión, unos trescientos millones de pesetas, hecha poco antes, cuando era presidente de la sociedad el actual ministro de Cultura, Pío Cabanillas.

La Toja, que tiene a menos de setenta kilómetros algunas poblaciones importantes de Galicia y a menos de doscientas todas las ciudades, incluyendo varias localidades portuguesas, dispone ya de todas las instalaciones complementarias, por lo que la creación del casino únicamente exigirá prepararla sala de juego, que se instalará en el edificio de típica arquitectura gallega que albergó anteriormente un restaurante. En el plazo de un mes estará terminada la obra, y en tres meses -dado el problema de formación del personal- funcionará el casino, con un amplio abanico de juegos, que, en total, crearán de cien a 120 puestos de trabajo, más un ligero aumento en el personal de instalaciones hoteleras y de otro tipo ya existentes.

Ingleses en Santander

Si los fabricantes de las máquinas de ruleta atienden sus compromisos, el casino de El Sardinero, en Santander, será uno de los primeros en abrir este verano. «Quizá para finales de Junio», aseguró días pasados el alcalde de Santander. La empresa contratada para la gerencia de este casino, la sociedad inglesa Coral Leuisure Group Limited, ya tiene a sus expertos trabajando en la capital de Cantabria y han declarado que, como su empresa (que cotiza en bolsa) tiene experiencia y buenas relaciones con los fabricantes de ruletas, esperan contar con las primeras que éstos envíen a España.

En Santander, el casino ha sido planteado como una inversión turística, no como un negocio particular. En el mapa inicial del juego en España, Cantabria había sido marginada y sólo una enérgica reacción del Ayuntamiento y Diputación pudo lograr lo que ya se daba por perdido. Hecha la concesión a nombre de Leandro Valle González-Torre y Juan Hormaechea Cazón, como presidente y alcalde, respectivamente, las dos corporaciones formarán una sociedad llamada Gran Casino de El Sardinero, SA, a la que aportarán de momento el edificio adquirido por ambos hace cuatro años en unos cincuenta millones de pesetas y valorado ahora, a efectos de participación de capital, en 150.

El capital social es de trescientos millones, por lo que Ayuntamiento y Diputación habrán de contribuir con otro medio centenar de millones cada organismo. A cambio, la alcaldía y presidencia provincial se llevarán la gran tajada de los beneficios, dejando para la empresa inglesa un 25% de los mismos y, de no alcanzar este porcentaje, la garantía de un mínimo de siete millones y medio anuales.

Cuando hace tres años se acordó la compra del casino de El Sardinero nadie pensaba en el juego. Aquel edificio neobarroco de la Belle Epoque santanderina era propiedad del comercial Ribalavgua (que lo había comprado por cuatro perras a la arruinada Sociedad de Amigos de El Sardinero) y los amantes del arte que aguantaban cada verano las incomodidades de la plaza porticada soñaban con convertir este casino en sede decorosa del prestigioso festival internacional. No se veía claro cómo se iba a reconvertir el edificio, pero la compra era un negocio y Ayuntamiento y Diputación, en medio de una fuerte polémica, lo llevaron a cabo. Problemas de acoplamiento y de expropiaciones de bajos y edificios anexos dieron al traste con el empeño del Palacio de la Música, y sólo la solución del juego ha hecho rentable lo que parecía un despilfarro. Por otra parte, se da como seguro que el Gobierno no estaba dispuesto a conceder un casino a Santander, sí la petición hubiera partido de un empresario particular.

La instalación de ruletas en El Sardinero contó con la oposición del búnker de la Diputación (muy minoritario) y con la de los alcaldes de Castro Urdíales y Laredo, que soñaban con casino propio para su clientela vasca.

Contestación a los franceses

Que el único casino de las cuatro provincias vascas se le haya entregado a una empresa orientada y dirigida desde Biarritz y que tiene, además, las obras de sus locales sin hacer, no puede ser comprendido más que como una maniobra extraña motivada por intereses que difícilmente se pueden hacer públicos. En estos términos puede resumirse la impresión generalizada en San Sebastián después de que la única licencia para instalar un casino de juego, al menos en esta primera fase, haya ido a parar a manos de la empresa Nuevo Gran Kursal, SA.

La empresa del nuevo casino tiene en construcción un complejo proyectado por los arquitectos Peña Ganchegui, Corrales y Molezún. Pero las obras -junto a la desembocadura del Urumea y a pocos pasos del teatro Victoria Eugenia y del hotel María Cristina- apenas han pasado de los cimientos, calculándose que harán falta como mínimo dos años para que las instalaciones puedan quedar terminadas.

La elección, a dedo, del Gran Kursal ha sido abiertamente contestada por los promotores de las otras dos solicitudes efectuadas desde San Sebastián. La primera de ellas corresponde a la empresa del hotel María Cristina, enclavado en el complejo del teatro Victoria Eugenia, que se convierte cada año en palacio del Festival Internacional de Cine. El hotel, durante las fechas del festival, ha visto pasar por sus salas y habitaciones a los más destacados directores y estrellas cinematográficas del mundo. La segunda solicitud frustrada la realizó otro hotel, el Costa Vasca, recientemente inaugurado.

Detrás de cada uno de los tres proyectos existían intereses concretos de casinos extranjeros. El de Biarritz había prometido asistencia técnica a cambio de participar con un 25% -máximo permitido por la ley- en el capital de las dos empresas que parecían contar con mayores posibilidades debido a la modernidad de sus instalaciones. De esta manera el casino de Biarritz ha conseguido a través de su participación en el Nuevo Kursal o en la Costa Vasca si hubiera resultado beneficiado de la licencia, neutralizar los efectos negativos que las instalaciones de un casino a pocos kilómetros de sus salas de juego pudieran ocasionarle. El proyecto del hotel María Cristina contaba con el asesoramiento de otro casino, el de Mónaco, elegido precisamente para evitar que los beneficios de juego fueran a, parar en parte a instalaciones que compiten directamente con las de San Sebastián.

«El juego se le ha entregado a Biarritz y además a dedo», se lamentan los promotores de los dos proyectos desechados. Resulta sospechoso ciertamente que el casino donostiarra, cuyo funcionamiento esperan como agua de mayo el Ayuntamiento, el Centro de Atracción y Turismo y buena parte de las fuerzas vivas de la ciudad, por ver si consiguen revitalizar el decadente verano de otros tiempos, deba instalarse en un complejo del que aún no se ha puesto un solo ladrillo y a cargo de una empresa en la que el 25% del capital y, por tanto, de los beneficios, corresponde a quienes explotan unas instalaciones similares y directamente competidoras.

Los dos o tres años que serán necesarios para terminar las obras del Nuevo Kursal, sin embargo, no quitan el sueño a sus propietarios, que han prometido poner el juego en marcha en pocas semanas. Mientras su emplazamiento definitivo termina de construirse, las ruletas, los dados y las cartas distraerán a los opulentos visitantes en los salones del hotel Londres.

Alemanes financieros en Zaragoza

La sociedad promotora del casino de Alfajarin, pueblo situado a dieciocho kilómetros de Zaragoza, aportó inicialmente un capital de trescientos millones de pesetas, para terrenos e infraestructura y para la ejecución de la obra. Un grupo de particulares de Zaragoza formaron dicha sociedad, sobre la que, una vez concedida la autorización, se ha formado la sociedad Montesblancos, SA, para absorber los derechos opcionales anteriores.

Un grupo financiero de Baden-Baden (República Federal de Alemania) interesado en la promoción y explotación del casino Montesblancos, entró en contacto con el arquitecto zaragozano señor Oros (uno de los opcionistas) y con otros miembros de la sociedad inicial. Dado que la legislación española prohíbe que ninguna persona física o jurídica del extranjero tome parte en la promoción, montaje o explotación de negocios del juego dentro de nuestro país, el grupo alemán está intentando llegar a un acuerdo financiero con los opcionistas españoles. Estos son cinco en total, y suscriben cada uno de ellos veinte millones de pesetas en el capital social necesario para la obra del casino propiamente dicha. Al parecer, los alemanes pretenden adelantarles a los opcionistas españoles los cien millones de pesetas (veinte a cada opcionista), y una vez esté el casino en marcha y a pleno rendimiento, renovar sus entregas de capital. El propósito final del grupo de Baden-Baden es conseguir colocar hombres de paja al frente de la sociedad explotadora del casino para obtener así de manera indirecta los beneficios que éste reporte. Los testaferros estarían bien pagados (alrededor de cuarenta millones por persona, según un cálculo pesimista) y seguirían ostentando la titularidad de las acciones del casino mientras la legislación española no sufra variaciones en este tema.

El casino Montesblancos estará situado en el término de Alfajarín, a dieciocho kilómetros de Zaragoza por la autopista que conduce a Barcelona.

El tema del casino no ha despertado en Zaragoza un interés especial. Las autoridades no se han pronunciado al respecto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de marzo de 1978

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