CINE/ "LA GOLFA"

Obra maestra

Jean Renoir, hijo del gran pintor impresionista Auguste Renoir, nació en París en 1894. En los días de la primera guerra comenzó a interesarse por el cine. Charlot le conquistó. Pero también Stroheim y Sternberg. En 1924 escribe, produce y correaliza Une vie sans joie, que protagoniza su esposa: Catherine Hessling. Ella será la heroína de casi todas sus primeras películas: La fille de l'eau (1924), Nana (1926), Charleston (1927), La petite marchande d'allumettes (1928).Estos primeros trabajos presentan a un Jean Renoir innovador pero inmaduro que utiliza indistintamente el folletín, la comedia, el drama, la fantasía y la vanguardia, en búsqueda de un estilo propio. Separado de la Hessling, pone fin a su galería de personajes femeninos y creará para Michel Simon tres hermosos filmes: On pourge bébé (1931), La Chienne (1931) y Boudu sauvé des eaux (1932). Son sus primeras películas sonoras. Renoir, pionero del sonido directo, trabaja sus bandas sonoras con una aplicación y un sentido del realismo inéditos en su época.

La Chienne (La golfa)

Dirección: Jean Renoir. Guión: Jean Renoir, según una novela de Georges de la Fouchardiére. Fotografía: Theodor Sparkuhl y Roger Hubert. Intérpretes: Michel Simon, Janie Marése, Georges Flamanty Madeleine Bérubet. Francesa, 1931. Local de estreno: Pequeño Cinestudio.

Al contrario que otros grandes maestro Renoir será siempre un artista audaz al que cualquier tipo de innovación técnica, lejos de asustarle, le sugerirá nuevas formas de creación. On pourge bébé es un filme menor, no por ello exento de gracia, que Renoir escribe en una semana y rueda en cinco días y que obtiene un gran éxito de público. En él la experimentación sonora es uno de sus mayores méritos. Renoir lo rueda para a continuación poder realizar un proyecto más ambicioso y largamente acariciado: la adaptación de un folletín de La Fotichardière titulado La Chienne.

La golfa era una obra difícil, un paso decisivo en la batalla del realismo, batalla que le había costado su carrera a un hombre como Stroheim. En efecto, La golfa puede emparentarse con Avaricia, pero también con El ángel azul, de Stemberg. En el cine francés, dividido en vodeviles y reconstrucciones históricas, Renoir aportaba un estilo que, con una genial precocidad, presagia el neorrealismo y el cine negro. Los eslóganes publicitarios de La golfa decían cosas como «No venga a ver esta horrible película». Se trataba de una dolorosa y deprimente historia de amor- no- correspondido que serviría a Michel Simon para realizar una de sus más geniales creaciones: Maurice Legrand, un oscuro e infeliz funcionario, pintor los domingos, al que el amor, el azar y el destino, unidos, jugaban una mala pasada. Jean Renoir y Michel Simon consiguieron dar a La golfa la frescura y emoción necesarias para que hoy sea un clásico vivo, tan genial como hace 46 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0027, 27 de diciembre de 1977.