RTVE e Iberoamérica
¿Ha visto usted «300 millones»? La televisión parece dar la tónica de la pasmosa indiferencia política que todos los estamentos políticos españoles demuestran en relación a Iberoamérica. Después de cuarenta años de retórica diplomática y de vacío absoluto con los países latinoamericanos, tampoco ahora nadie se entera de nada. Los partidos políticos aceptan mantener las mismas relaciones «de tradición histórica» y _«fraternidad común». Y usted ha visto, por ejemplo, que de más de veinte países iberoamericanos, dieciocho de ellos son dictaduras que tienen a sus pueblos condenados a la más triste desesperanza, cuando no al hambre, a la tortura y a la muerte. Pero usted puede escuchar, señor director, a un locutor de «300 millones» hablando de la riqueza, el desarrollo y la paz de aquellos países. ¿Qué riqueza? ¿La de los 30.000 millones de dólares de deuda exterior que tienen y que no saben cómo van a pagar? ¿Qué desarrollo? ¿El de los cementerios donde entierran a los torturados, a los estudiantes, a las familias y a los políticos demócratas? ¿Qué paz? ¿La que se logra con la censura de prensa, la cárcel, el destierro y la sepultura de los Derechos Humanos? ¿O es que nos quieren hacer creer que las dictaduras iberoamericanas son «nuestras queridas hermanas», y que razones de Estado se oponen para denunciar los horribles crímenes de algunas de esas dictaduras? Al ignorar u ocultar este problema, se deja a los pueblos iberoamericanos inermes y se admiten tratados y embajadores de las dictaduras que no representan otra cosa que un sistema de represión brutal, afrentoso para cualquier espíritu democrático, desde el momento en que se reconocen a usurpadores del poder, déspotas de la peor calaña, con los que España, esta España que se dice demócrata, tiene toda clase de relaciones y de connivencias. Si enviara una lista de los muertos y desaparecidos a manos de las dictaduras iberoamericanas no le alcanzaban las páginas.Un programa como «300 millones» es sintomático de que algo anda mal. Y no se trata de la pobre televisión, sino de la carencia total de auténtica información sobre Iberoamérica, comenzando por las Cortes. Porque no se puede ni se debe aparecer sordo y ciego ante la barbarie. Los pueblos iberoamericanos, que tanto lucharon por la libertad de España, no encuentran hoy el menor eco en España por esa misma libertad que hoy no tienen.
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