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Antonio Machín será enterrado hoy en Sevilla

Con él desaparece el cronista sentimental de una época

Antonio Machín, cronista sentimental de una época, descansará en Sevilla, por su propio deseo. En la madrugada de ayer fallecía en su domicilio de Madrid sin poder superar una afección pulmonar que le aquejaba desde hace casi dos meses. Tenía 74 años. Nació en Sagua la Grande, provincia de Santa Clara (Cuba). Aprendió de su madre, a los cuatro años, la primera canción. Diez a á os después se producía su aparición pública, en el casino de La Habana. Desde entonces sus canciones se dispersan por América Latina y Estados Unidos. En los años treinta, París y Londres son sus centros artísticos. A finales de 1939 llega a España y debuta en una sala de fiestas de Barcelona; pronto su nombre es conocido en todo el país Los temas de El manisero, Angelitos negros, Dos gardenias, Perfidia, Mira que eres linda, Madrecita, Envidia, Las palomas del Pilar y tantos otros atravesaron las modas para seguir en el recuerdo y la emoción de varias generaciones.

Los restos mortales del cantante Antonio Machín, fallecido en la madrugada de ayer en su domicilio de Madrid, recibirán hoy sepultura en el cementerio de Sevilla, por deseo expreso del difunto y su esposa. El popular cantante, de 74 años, sufría desde hace mes y medio una afección pulmonar, que le obligó a permanecer en su domicilio y a suspender su actividad artística. Su última actuación, ya enfermo, tuvo lugar en Alcalá de Guadaira (Sevilla) el pasado 7 de junio.En el momento del desenlace se encontraban junto al cantante su esposa, Angeles Rodríguez; su hija Irene, que había contraído matrimonio recientemente, acudió al domicilio de sus padres al recibir la noticia.

Hace unos años, Antonio Machín declaraba: «No le temía nada. Ni siquiera a la muerte, Desearía, eso sí, que Dios me diera vida para ver a mi hija casada o colocada. Mi mayor ambición es morirme viejito, con mi mujer a mi lado y mi hija bien casada.» Estos deseos se han cumplido en un hombre que no necesitaba cantar para comer, pero sí para vivir, como dijo en alguna ocasión. «Si abandonara el contacto con mi público me moriría de añoranza y de nostalgia.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de agosto de 1977