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REPORTAJE

Escaso margen para el "pucherazo"

El caciquismo electoral y el tráfico de influencias como mecanismos de captación del voto, son instituciones profundamente arraigadas en España desde los tiempos de la Restauración borbónica, si bien su consagración la alcanzan bajo el régimen de Franco. La desintegración del Movimiento se traduce de alguna manera en el desmantelamiento del aparato caciquil, pero sólo de alguna manera, ahí está, gracias al postergamiento sine díe de las elecciones municipales, la eterna clase dirigente del franquismo al frente de alcaldías ydiputaciones; ahí está, también, la difícil neutralidad de unos gobernadores civiles y otros altos cargos influyentes, sujetos a la exclusiva disciplina del Gobierno que les otorgó su confianza y que, en opinión de muchos, no está dando precisamente un ejemplo de neutralidad.

El nivel de conciencia política adquirido en Euskadi durante la última década, deja escaso margen para las maniobras caciquiles que en otro tiempo pudieron ser habituales. Las expectativas de voto que aquí tiene la derecha, más acostumbrada a este tipo de manejos, son, por otra parte, tan exiguas que el «pucherazo» resulta poco menos que imposible.No quiere esto decir que a lo largo de la campaña no se hayan adoptado posiciones de partido desde cargos oficiales pagados por el erario público. Los gobernadores civiles -todos ellos nombrados por Martín Villa- han mantenido al menos en sus actuaciones públicas, un a actitud neutral, aunque no debe olvidarse que el de Alava, Francisco Javier Ansoategui, es el que ha instrumenta do la candidatura de UCD. Por otro lado, el de Navarra, que se encuentra en situación de dimitido, pasará a los anales por el número de actos prohibidos durante su mandato a todos los grupos que van desde el centro a la izquierda. Su intento de hacer política a toque de corneta ha encontrado las oposiciones más generalizadas.

La alineación de las Diputaciones junto a los partidos de derecha ha sido sin embargo mucho más nítida sobre todo en el caso de Vizcaya y Navarra. En esta última circunscripción son cinco los diputados, incluido el vicepresidente, que aparecen en las proximidades de Alianza Foral, nombre que reciben aquí las huestes de Fraga.

Los hábitos caciquiles de la Diputación Foral de Navarra -organismo que exige una urgente democratización- se han hecho notar a la hora de facilitar las listas de los electores. Cuando los demás partidos estaban discutiendo todavía su obtención, a un precio de 125.000 pesetas, los «aliancistas» las tenían ya en su poder sin ningún pago previo. El despertar político de la Ribera, como habitual de los caciques, he hecho disminuir, por otra parte, la posibilidad de maniobra hacia la derecha, aunque la mayoría de los alcaldes navarros se mantienen en este espacio político, y es a nivel local donde las presiones electorales se ejercen con mayor fuerza.

Es por esto que el movimiento de los alcaldes vascos, el llamado grupo de los 65 ha aportado una notable credibilidad democrática al proceso electoral, fundamentalmente en la provincia de Guipúzcoa. Las actitudes reivindicativas del pueblo han obligado, por otra parte, a dimitir a los pocos que seguían manteniendo posiciones integristas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de junio de 1977

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