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Editorial:

Las elecciones en Cataluña

EN LA inmensa mayoría de las circunscripciones provinciales, el panorama electoral se estructura exclusivamente en torno a las propuestas ideológicas y de clase que formulan los partidos. Con sus lógicas peculiaridades, las opciones que se ofrecen al electorado son básicamente las mismas en Asturias y en Toledo, en Valladolid y Badajoz, Incluso en aquellas regiones donde ha comenzado a despuntarla conciencia de identidad, no es de esperar que los resultados de las votaciones reflejen apenas ese nuevo fenómeno. Y hasta en una «nacionalidad histórica». como Galicia, o en el propio País Valenciano los protagonistas principales de la lucha electoral serán los mismos partidos y las mismas opciones que en el resto de la Península.Las dos verdaderas excepciones son Cataluña y Euskadi, unidas en la reivindicación de la autonomía, aunque divergentes en muchos otros importantes aspectos.

Alianza Popular se presenta en Cataluña en coalición con otros grupos locales de parecido signo, encabezados por hombres tan impopulares y desprestigiados como los ex ministros de Franco. Sin embargo, la coalición dulcifica su rótulo con una tranquilizadora invocación -Convivencia Catalana- y hasta el señor López Rodó coquetea con el tema de la autonomía. La. razón de esta ligera flexión de su rígido programa es que AP tiene que competir, en la búsqueda del voto de los medios conservadores, con la "Lliga", el partido que en su día presidiera Cambó y que, pese a su abandono de la causa catalanista durante la guerra, mantiene en su plataforma electoral la petición del estatuto de autonomía.

Las alteraciones son todavía más notables en el espacio político cubierto por las formaciones de centro. La coalición catalana que encabeza el señor Canyellas es perfectamente homologable con la federación democristiana de los señores Ruíz-Giménez y Gil-Robles. Pero, en cambio, el presidente Suárez no ha encontrado, para sus patrullas de desembarco, nada equivalente en Cataluña a la plata forma que le ofreció en Madrid el Centro Democrático. En el resto de Españá (con la obvia salvedad de Euskadi), la UCD es un matrimonio de conveniencia entre unos grupos con ideología definida, pero sin capacidad organizativa ni eficacia electoral, y un Gobierno que compensa su poquedad doctrina¡ con los inmensos recursos del Poder. En Cataluña el Gobierno ha tenido que improvisar, a toda prisa y con poca compostura, un débil entramado de lealtades personales y ambiciones reprimidas, a fin de que- los votos favorables al señor Suárez puedan tener una superficie sobre la que posarse.

La causa decisiva de que el Gobierno se haya instalado en Cataluña bajo un sombrajo apoyado en tan débiles palos, es la existencia de una verdadera coalición de centro no coloreada por el Gobierno. El Pacte Democratic per Catalunya, encabezado por el señor Pujol, es inabsorbible por el Poder central, porque dispone de un proyecto político propio y de fuerza suficiente para hacerlo llegar a los votantes. Sus opciones ideológicas -liberales.o socialdemócrátas- se hallan imbricadas con la afirmación de Cataluña como nacionalidad y con la reivindicación de instituciones de autogobierno.

Ni que decir tiene que los hombres del Gobierno en Cataluña necesitan, para recolectar votos, algo más que acercar sus imágenes a la fotografía del presidente Suárez. Esa es la razón de que, aunque sea a desgana, también hagan suya la reivindicación de la autonomía y los principios del Estatuto de 1932.

El catalanismo modifica, asimismo, el paisaje de la izquierda. La necesidad del Partido Socialista de Cataluña de llegar a los trabajadores inmigrados y la voluntad del PSOE de asumir una identidad catalana han hecho posible una alianza electoral que marca el camino a seguir, en el resto de Españal para la unidad socialista. Y una de las principales razones que explican el mayor arraigo y aceptación de los comunistas en Cataluña es que el PSUC ha sabido hacer compatibles los sentimientos nacionales y los intereses de clase en un espacio geográfico en el que, por añadidura, casi la mitad de la población activa es inmigrante y castellanoparlante. Por lo demás, socialistas y comunistas presentan candidaturas unitarias para el Senado en la coalición Entessa deis Catalans. Pero la mejor prueba de que el nacionalismo no es la única pauta de organización de la vida política catalana es el fracaso de la proyectada candidatura unitaria de todas las formacionés políticas autonomistas.

En cualquier caso, resulta seguro que Cataluña enviará a las Cortes de Madrid una mayoría de congresistas y senadores comprometidos a reivindicar las instituciones de autogobierno; mayoría que será abrumadora si los hombres del presidente Suárez en Cataluña se atienen a sus promesas preelectorales. La cuestión de las autonomias es seguramente el más importante y delicado de los temas que se inscriban en la agenda de las Cortes Constituyentes. Se necesitará la inteligencia, la generosidad y el espíritu de compromiso de todos para dar una solución eficaz y satisfactoria al contencioso que más gravemente amenaza, si se aborda con planteamientos radicales, a nuestro futuro democrático.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de junio de 1977