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Kissinger hace en la ONU un llamamiento a la concordia internacional

Naciones Unidas

En la que pudiera constituir su última presentación como secretario de Estado ante la Asamblea General, Kissinger pronunció ayer un discurso casi lírico para que la ONU supere la etapa de administrar crisis y se dedique a construir un orden internacional más justo y estable. Ese nuevo orden no debe depender de la fuerza, sino de la contención de la fuerza; no del poder de las armas, sino de la fortaleza del espíritu humano.

Advirtió que fuerzas globales conforman ahora el futuro y que el orden puede surgir de dos maneras: «A través de su imposición por los fuertes y los inmisericordes, o por la utilización sabia y consciente del futuro de las instituciones internacionales, a través de las cuales ampliamos la esfera de los intereses comunes y estimulamos el espíritu comunitario». Y agregó: «Es fácil y tentador presionar sin descanso por el interés nacional; es infinitamente más difícil actuar reconociendo los derechos de los demás».

Oriente Próximo

Kissinger hizo un recuento de las negociaciones para la paz en Oriente Próximo, en las que él ha desempeñado papel protagónico con su diplomacia de paso a paso, la cual subrayó, «nos ha llevado a un punto en el que parecen posible negociaciones amplias», y prometió que los Estados Unidos harán todo lo posible para que cuando la Asamblea General vuelva a reunirse, en 1977, «sea posible informar de progreso significativo hacia una paz justa. y duradera en el Oriente Medio.Sobre Líbano reiteró que Estados Unidos se oponen a cualquier división de ese país, y esperan que los asuntos libaneses vuelvan dentro de poco a ser resueltos por los libaneses.

Desarme

Kissinger se refirió también a las conversaciones para el desarme, y reiteró que «los Estados Unidos creen que el futuro de la Humanidad exige coexistencia con la Unión Soviética», aunque afirmó que Estados Unidos mantendrá el equilibrio de poder estratégico que se requiere para mantener la paz. «El objetivo del equilibrio estratégico puede ser más firmemente alcanzado mediante acuerdos que a través de la carrera armamentista».Calificó de histórico el esfuerzo que se realiza para establecer un tope a los arsenales de ambos bandos, bajo el acuerdo de VIadivostok: «Una vez que esto se logre, estamos listos para procurar de inmediato reducir los niveles de armas estratégicas».

China

Elogió Kissinger las relaciones norteamericanas con China, y dijo que habían surgido por necesidad y basadas en la mutua creencia de que «el mundo debe estar libre del chantaje militar y la voluntad hegemónica».

Africa

Sobre el Africa Austral, adonde, dijo, lo había enviado el presidente Ford «para ver que podíamos hacer pata ayudar a los pueblos del continente africano a alcanzar sus aspiraciones de libertad y justicia» y opinó que ese objetivo está ahora al alcance de la mano y que representa «la oportunidad de que los africanos conformen el futuro de paz, justicia, armonía racial y progreso».Dijo Kissinger que es natural que después de una década de lucha, las sospechas tengan profundas raíces en el pensamiento de los dirigentes africanos respecto a las intenciones y los propósitos, tanto de los rodesianos como de los otros participantes en la cuestión, pero subrayó que los presidentes africanos, al pedir negociaciones inmediatas, han demostrado que están dispuestos a aceptar esta oportunidad de arreglo.

La política africana de Estados Unidos está comprometida «a no respaldar facción alguna en Rodesia, o en cualquier otra parte.

Mencionó también la cuestión de Corea, y dijo que el persistente enfrentamiento entre ambas Coreas constituye «una amenaza para la paz y la estabilidad internacional», porque el conflicto en la península «inevitablemente amenazará una guerra más amplia». Dijo que debe aprovecharse fa oportunidad del retiro de la cuestión del temario de esta asamblea para propiciar negociaciones tendentes hacia el objetivo de la reunificación pacífica, mediante un diálogo serio entre ambas partes.

Kissinger manifestó la disposición de Estados Unidos a mejorar sus relaciones con Corea del Norte, y a hablar con su Gobierno, «pero no lo haremos sin Ia participación de la República de Corea».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de octubre de 1976

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