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La tragedia de Emiliano Sala en su gran día

La avioneta del argentino, que iba a Cardiff para cerrar su traspaso desde el Nantes,

desaparece en el Canal de La Mancha

Emiliano Sala avion
El futbolista Emiliano Sala, en un partido con el Nantes en noviembre de 2017. AFP

El reloj marcaba las 20.23 del lunes cuando los radares dejaron de detectar el avión del futbolista argentino Emiliano Sala, de 28 años. A esa hora, la aeronave, un avión ligero especialmente preparado para atravesar condiciones adversas, volaba 20 kilómetros al norte de Guernsey, una isla situada en mitad del Canal de la Mancha. Sala viajaba desde Nantes hasta Cardiff después de haber regresado a la localidad francesa para recoger sus pertenencias y despedirse de sus compañeros. Después de invertir los últimos ocho años en labrarse un futuro en el fútbol francés, por fin lo había conseguido: con 12 goles —uno menos que Neymar—, se había convertido en una de las revelaciones de la Ligue 1. Tanto fue así que el Cardiff, de la Premier, estuvo dispuesto a pagar 17 millones de euros, récord de la entidad, para hacerse con sus servicios. Pero, poco antes de acabar el viaje de regreso para incorporarse a la disciplina del club galés, la pista de Sala se perdió en las aguas del Canal.

Las labores de búsqueda comenzaron el mismo lunes, hasta que una intensa lluvia obligó a suspenderlas al filo de las 02.00 de la madrugada. Desde el amanecer del martes, barcos, aviones y helicópteros llegados desde el sur de Inglaterra se esmeraron, sin éxito, en encontrar alguna pista sobre el paradero de Sala y del piloto del avión. Cuando anocheció, llegó la peor noticia: la búsqueda se interrumpía ante la “falta de indicios de las personas que iban a bordo” y las “escasas probabilidades de supervivencia” de estos, según informó la policía de Guernsey. Está previsto que los trabajos de rescate se reanuden desde la mañana del miércoles.

“Es desesperante, no se puede creer”, afirmó el padre del futbolista, Horacio Sala, quien recordó en Radio Latina la última conversación que tuvo con su hijo: “Tenía una ilusión terrible, sabes lo que es ir a la Premier League. Nunca creyó que podría llegar a ese nivel. Es de locos. Estoy sin palabras, mi hijo es todo”.

Nacido en Cululú, una pequeña localidad argentina de 300 habitantes, Sala dio sus primeros pasos en el modesto San Martín de Progreso antes de encadenar diversos clubes de Francia. Daniel Ribero, presidente del Progreso, habló de lo que supone la figura de Sala para la entidad: “Nosotros nos sentimos muy orgullosos de Emiliano por todo lo que ha logrado. De un club tan chiquito, él llegó adonde llegó. Lo hizo con mucho sacrificio, con mucha perseverancia”.

“¡Vamos, hermano!”

La reacción del mundo del fútbol no se hizo esperar. Primero, el Nantes, cuyo presidente, Waldemar Kita, se mostró esperanzado: “Es un luchador. No es algo definitivo, puede que esté en alguna parte”. El club francés aplazó al domingo el partido que debía jugar hoy en la Copa de Francia ante el Sannois Sant-Gretien, lo que desplazó a su vez al miércoles 30 de enero el encuentro de Ligue 1 contra el Saint-Etienne.

Valentin Vada, jugador argentino del Burdeos (uno de los equipos en los que jugó Sala) y uno de los mejores amigos del delantero, lanzó un mensaje por redes sociales que se viralizó: “¡Vamos, hermano! ¡Aparece, por favor!”. “Es un hombre enorme, alguien que lo da todo en la vida. Si los milagros existen, pido uno ahora”, comentó Sergio Conceiçao, entrenador del Oporto que trabajó con Sala en el Nantes.

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