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Con 14 grandes, Djokovic ya tutea a Sampras

El serbio, muy sólido las dos semanas de Nueva York, vence a Del Potro en la final (6-3, 7-6 y 6-3, en 3h 16m), enlaza su segundo Grand Slam seguido esta temporada e iguala la cifra de ‘majors’ de su ídolo

Djokovic US Open
Djokovic exhibe su trofeo en la Arthur Ashe de Nueva York. GTRES

“¡Parece que tiene miedoooooo!”.

Tal vez lo escuchó, o tal vez no porque peloteó de ese modo robótico que congela el tiempo y multiplica los espacios por 10, por 100, por 1.000, pero esa bravuconada del seguidor argentino pareció estimularle a Novak Djokovic desde el primer pelotazo de la noche. El serbio, como en aquellos tiempos que suenan lejanos pero que en realidad no lo son tanto, venció en la final de Nueva York a Juan Martín del Potro (6-3, 7-6 y 6-3, en 3h 16m) y elevó su tercer trofeo del grande estadounidense, el número 14 de un Grand Slam.

Es decir, Djokovic, el Djokovic renacido que recupera el pasado para viajar disparado hacia el futuro, viene con todo de nuevo y divisa otra vez de cerca a Rafael Nadal (17) y lima distancia con Roger Federer (20), el rey de los grandes.

Con la Arthur Ashe techada por la insistencia de la lluvia, Nole prolongó la rutina que emprendió hace dos meses en Londres, su punto de inflexión. Entonces, cuando parecía que su historia se había terminado y que estaba ya para otros menesteres, volvió a resituarse en un primerísimo plano y lo reafirmó en Nueva York. De julio a septiembre, dos majors más en su historial y por lo tanto puntos suspensivos, todo abierto, vuelta a empezar; se terminó definitivamente el duopolio de Nadal y Federer, y se redimensiona la figura del balcánico, de nuevo inabordable, rocoso y regular. Durante estas dos semanas no ha ofrecido fisuras, si acaso los dos golpes de calor que se llevó, y deja otras vez una estela que intimida porque amenaza con reinstaurar la dictadura.

Iguala ya con Pete Sampras, ganador de 14 trofeos mayores, y enfila el futuro con el aliciente de tener cinco años menos que Federer y un chasis mucho menos castigado que el de Nadal. El primero cedió pronto en este torneo y el segundo en las semifinales, otra vez lastimado, así que Djokovic mantuvo la buena marcha y fue despejándose el camino hasta chocar con Del Potro. Este, campeón del US Open en 2009, no pudo reeditar aquella romántica noche contra Federer y se inclinó en una final intensa pero insípida, porque el desenlace parecía irremediable y todavía más cuando el serbio solucionó el nudo del segundo parcial y planteó una sima insalvable a su rival.

Elegancia y un abrazo de equipo

Del Potro y Djokovic se abrazan tras el triunfo del serbio. ampliar foto
Del Potro y Djokovic se abrazan tras el triunfo del serbio. USA TODAY Sports

A este, un gigantón de 1,98 que no suele ir sobrado de depósito, se le terminó la chispa al ceder ese tie-break (7-4), después de haber equilibrado antes una rotura en mitad de la manga y sobre todo habiendo dejando pasar el tren: con 4-4 iguales, desperdició tres opciones de arrebatarle otra vez el servicio, en un juego que se estiró durante 20 minutos, 20, y en la muerte súbita guerreó ya sin pólvora en la raqueta. Con dos sets en contra, frente a este Djokovic enderezado y opresivo, lo de él se antojaba francamente imposible. El resto del partido fue un dulce trayecto hacia la victoria, pese a que los 15 amigotes que se trajo el argentino de Tandil incitasen a todo el mundo y la pista entera gritase al unísimo el cántico de guerra: “¡Pegue, pegue, pegue Delpo pegue!”.

El de Belgrado, repeinado y seguro de sí mismo, dio un par de dentelladas letales –para 3-1 y 5-3, con un break de su adversario entre medias– y voleó con seguridad antes de tumbarse cerca de la red y festejar por todo lo alto. Del Potro lloraba desconsolado en la silla y él se encaramó a la tribuna y se fundió en un abrazo con todo el box, mientras el hombre que le ha ayudado a recuperar el rumbo, Marian Vajda, le daba cachetes en los cuartos traseros. Al descender, antes de la entrega del trofeo, observó al argentino y se acercó a él, elegante, para dejar una imagen entrañable, consolándole y recordándole el mérito que tiene estar de nuevo donde está.

Jugué a mi límite todo el rato... Él siempre te devuelve una más

JUAN MARTÍN DEL POTRO

“Fueron bonitas palabras, recordaré siempre ese abrazo”, expresó, aún lloroso, Del Potro en la sala de conferencias. “Tuve mis oportunidades en el segundo, pero siendo sincero: jugué a mi límite todo el rato, arriesgando mucho porque es la única forma de superar a estos grandes jugadores. Él es muy rápido y su defensa es muy buena; de una forma u otra, siempre te devuelve una más. Hice un gran esfuerzo y estoy orgulloso de ello, pero es realmente difícil ganar a alguien como Novak. Lo tiene todo para batir récords. Es una derrota dura para mí…”, lamentó.

Antes, en el epílogo ceremonioso de esta edición, lo que antes se repetía tantas veces y quizá vuelva a convertirse en costumbre: Djokovic, como su ídolo Sampras (aunque este cinco veces), alzando el metal de Nueva York. “Crecí admirándole. De hecho, los primeros recuerdos que tengo del tenis son los de él ganando su primer o segundo Wimbleon”, contó. “Esperaba que Pete hubiera estado esta noche aquí, así que espero verle pronto en una pìsta...”, bromeó antes de darse el tradicional bañó de fotografías y celebrarlo en la intimidad con los suyos, ya como número tres.

Y que nadie se descuide: está aquí otra vez. Son ya 14.

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