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La plata recompensa la valentía de Jessica Vall en los 200 braza

La nadadora española marca la pauta en una batalla ganada por la rusa Efimova y en la que Marina García concluyó en la cuarta plaza

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Jessica Vall, con la medalla de plata de los 200 braza. Getty Images

Jessica Vall vuelve a sonreír. Nunca deja de hacerlo. Hiperactiva, optimista, transmite su onda positiva a cuantos la rodean. En los Europeos de Glasgow ganó la medalla de plata de los 200 braza, como hace dos años en Londres. Y volvió a sonreír como en los Juegos de Río de Janeiro, a pesar de que allí los resultados no fueron los que apetecía y no pudo clasificarse para ninguna de las finales de sus pruebas, los 100 y los 200 braza. El domingo, en Glasgow, tampoco pudo subir al podio de los 100 braza. Acabó cuarta. Dos días después, estaba como si nada le importara, ni siquiera partir desde la calle siete en la final de los 200, tras ser superada por los tiempos de la otra serie semifinal, más rápida que la suya. Salió a por todas, con la referencia de la danesa Rikke Moller Pedersen, la recordwoman mundial, en la calle seis. Pasó primera en los 50 metros, segunda en los 100 y tercera en los 150. Un rayo.

“He querido salir más valiente que otras veces para marcar el terreno”, declaró en TVE nada más salir de la piscina Tollcross International Centre de Glasgow. “En los últimos 50 metros me faltaba el aire. Pero he apretadoslos dientes pensando en todo lo que me entrené”. La rusa Yuliya Efimova se destacó. A su estela dejó una lucha cerradísima, con Vall, con la británica Molly Renshaw y con la española Marina García. El potente final de Vall le dio la plata, con un tiempo de 2:23.01, a 1.71 de Efimova. Marina García, que había apretado muchísimo en el tercer largo, no pudo en el sprint final con Renshaw, que marcó 2:23.43 por el 2:23.63 de la barcelonesa de 24 años.

La medalla de plata de Vall anima el diluido papel de la natación española en los Europeos. Se sabía que, sin su líder, Mireia Belmonte, le iba a faltar la excelencia. La baza de Jessica Vall era muy apreciada. No es de extrañar que el jefe del equipo y a su vez entrenador de Mireia, Fred Vergnoux, comentara antes de dar inicio el campeonato: “Es un placer tener en el equipo a Jessica. Es una alegría verla, cómo se entrena, cómo trabaja, siempre con una sonrisa, da mucha tranquilidad al equipo. Tiene una serie de valores muy importante para nosotros. Lo que tienen que hacer los jóvenes es preguntarle: ‘¿cómo has trabajado esto o lo otro, cómo has hecho para ganar, cómo te las apañas para competir y hacerlo compatible con tu trabajo y con tu vida?”.

La medalla le sirve a Valls para recobrar el ánimo, un tanto mellado tras la decepción olímpica. “Me ha hecho una especial ilusión. Venía de unos años difíciles, sobre todo desde los Juegos. Me devuelve la confianza. Me vuelve a hacer sentir que el deporte es un juego y que debo aprovecharlo. Me siento afortunada por seguir así a mis 30 años, bueno todavía no, los cumplo en noviembre”. En la búsqueda de respuestas al desencanto de Río, trabajó de manera más intensa con una psicóloga. “Me gusta aprender. Tener en la mochila la seguridad que da la experiencia es importante. Haber nadado finales o en unos Juegos da experiencia. Aunque fui décima, fue una de las experiencias de las que más he aprendido. Saber gestionar los nervios me hace sentir mejor”, concluye la pupila de Jordi Jou, su entrenador en el CN Sant Andreu, donde forma con un grupo al que Jessica otorga una notable importancia en su labor diaria.

Jessica, que dio el estirón en 2013 cuando se centró por completo en la preparación para el Mundial de Barcelona después de haber dado prioridad a sus estudios de biomedicina, se metió en la élite en aquel campeonato y sobre todo en el Mundial de 2015 en Kazán en el que obtuvo la medalla de bronce en un final muy peculiar ya que tocó la pared al mismo tiempo que la danesa Pedersen y la china Shi Jinglin. Las tres compartieron el bronce. Fue también especial personalmente para ella, ya que se había casado en septiembre y su esposo había sufrido un serio problema de salud.

En Glasgow, la cuenta atrás reduce las posibilidades del equipo español. Hugo González se clasificó ayer para la final de los metros 200 espalda. Fue el tercero en su semifinal con 1:58.43 y se clasificó con el octavo mejor tiempo, el último que daba el billete para la carrera por las medallas. Superó por 22 centésimas el tiempo del francés Goffroy Mathieu. El nadador balear de 19 años disputará su segunda final tras quedar cuarto en la de los 200 estilos.

Jimena Pérez, también en su segunda final tras la octava plaza en la de los 800 libre, concluyó sexta en la de los 1.500 con 16:16.41. La carrera la ganó la italiana Simona Quadarella con 15:51.61. El relevo español 4x200 libre formado por Melani Costa, Lidón Muñoz, Esther Morillo y Africa Zamorano, concluyó en la quinta plaza de una carrera en la que se impuso el cuarteto británico.

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