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Marc Márquez: “La gente cree que ganaré, que somos máquinas, pero ya llevo 23 caídas”

En esta entrevista, el líder del Mundial hace autocrítica sobre un inicio de temporada en el que no supo mantener la calma y pese al que sigue siendo el favorito al título

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Marc Márquez en Motegi. EFE

Marc Márquez (Cervera, Lleida; 24 años) cantó victoria y amplió su palmarés en el circuito de Motegi hace un año. Era la primera vez que lograba ganar en el circuito japonés, casa de pruebas de Honda, con una MotoGP. Se jugaba el título. Y se coronó como uno de los grandes de la historia. Al bajarse de la moto, empapado todavía en champán, confesó no haber sabido lo que era la presión hasta aquella temporada. Un año después, líder del campeonato, de nuevo en Motegi, aspira al que sería su cuarto título de la categoría reina. La suya ha sido una temporada de altibajos en la que se ha caído mucho, ha fallado bastante, pero, también, ha ganado más que nadie. La necesidad de competir al ataque le ha dado más alegrías. “Es el único camino”

Pregunta. Después del inicio de temporada que tuvo, ¿cuál es la clave que explica que ahora sea el líder del Mundial?

Respuesta. Sinceramente, no estoy contento de ese inicio de temporada. No solo porque nos costaba, porque no teníamos la mejor puesta a punto, sino porque lo podría haber hecho mejor. Arriesgué puntos cuando no tocaba. La clave fue Le Mans; allí cambié la mentalidad. Y a Mugello llegué muy calmado. Acabé en un sexto puesto porque sabía que no podía hacer más.

P. ¿Así que, si pudiera cambiaría ese inicio de temporada y correría con lo que denominó mentalidad 2016?

R. Puede que sí. Lo que pasa es que en 2016 empecé muy bien y cogí una ventaja que luego pude ir gestionando. Eso me permitió ser más conservador. Este año, al principio me veía muy lejos y eso me hizo arriesgar más de lo que debía. No supe mantener bien la calma en las primeras carreras. Empecé bien: me contuve en Qatar, hice un cuarto puesto porque no me sentía cómodo; pero a la mínima que me veía un poco bien, arriesgaba más de lo que tocaba. En la segunda carrera, en Argentina, pam: cero puntos. En Austin y en Jerez volví a ir bien, cogí confianza, y en Le Mans [otra caída] me costaba aceptar que otra vez no era todo lo competitivo que quería. De eso solo te das cuenta cuando pasa un tiempo, ves que la temporada es muy larga y que las situaciones pueden ir cambiando de un circuito a otro. Lo tendré que mejorar en el futuro.

P. Después de romper el motor en Silverstone, se la jugó para ganar en Misano y dijo haberlo hecho por subir el ánimo de su equipo. ¿Por quién corre?

R. Si en una carrera cometo yo un error, me enfado conmigo mismo, pero lo hago no solo por haberme equivocado, sino por todo lo que llevo detrás. Hay unos mecánicos, un equipo que está trabajando duro, una fábrica que está invirtiendo mucho dinero, unos patrocinadores que también… Todos están esperando, todos tienen sus ojos puestos en ti. Por eso corro más por ellos. Claro que luego están los fans, pero en los primeros que pienso es en ellos, en todos esos que me están apoyando. Y si fallo es una decepción. Como cuando yo miro un partido de Rafa Nadal y pierde, que no es que me afecte, pero me da un bajón. Como cuando Messi falla un penalti.

P. El año pasado confesó haber soportado tanta presión que era incapaz de disfrutar de los grandes premios, de reír como antes, ¿en qué es diferente esta vez?

R. Este año ha habido presión, pero de otro tipo. El año pasado venía de no ganar, de un final de temporada movido [por el enfrentamiento con Rossi en 2015], y quería ganar para hablar en la pista, para demostrar que por mucho que uno hable, dentro de la pista hay lo que hay: o das gas o nada. Esta vez ha sido distinto. He soportado la presión típica de un Mundial, que no es fácil cuando vienes de ser campeón y ves que cuesta terminar sexto en una carrera, como en Mugello. Pero al final he podido mantener la motivación al comprobar que de un circuito a otro cambiaban mucho las cosas. Si me iba mal un fin de semana tenía la esperanza de que al siguiente me fuera bien.

El año pasado la presión era distinta porque venía de no ganar, de un final de temporada movido, y quería ganar para hablar en la pista; ahí hay lo que hay: o das gas o nada

P. Ahora juega al ataque. Le gusta y se desenvuelve bien. ¿Contempla algún otro escenario que no sea ganar su cuarto Mundial de MotoGP?

R. Claro. Lo contemplo. Y odio, bueno… lo tengo que aceptar y estoy agradecido por ello, pero no me gusta que haya gente que ya me vea campeón. Da la sensación de que solo puedo perder este Mundial, de que ya está ganado. Y eso no es así. El segundo clasificado está a 16 puntos. Si en esta carrera él acaba primero y yo tercero ya serían solo siete puntos. Pero eso la gente no lo ve. Se cree que somos máquinas, que ganaré, que las cosas salen así de fáciles. Y este año llevo 23 caídas. Porque las cosas no salen fáciles, porque tengo que ir al límite total para intentar gestionarme en las siguientes carreras.

P. Usted habla de Le Mans, pero su temporada vive otro punto de inflexión en Brno, tras el parón estival y un test en vacaciones. Trabajaron en la electrónica y cambiaron las geometrías de la moto. ¿Solo eso propició la mejora técnica?

R. Cambia eso. Y cambia un poco el concepto de la moto. Por eso también cambia mi estilo de pilotaje. Intento adaptarme a la moto. Porque si te cambian la moto completamente y tú sigues llevándola igual, irá mal. Tuve que buscar otro estilo de pilotaje en algunos circuitos.

He tenido que cambiar mi estilo de pilotaje en algunos circuitos. Si te cambian la moto completamente y tú sigues llevándola igual, irá mal

P. ¿En qué cambia, sacrifica la frenada para que la moto trabaje mejor en aceleración?

R. Soy un piloto que frena muy tarde y acelera muy fuerte; pero hay circuitos, como el de Brno, en que este estilo no va bien. En trazados así se tiene hacer lo que mi compañero de equipo, Pedrosa, que es muy de tirar líneas, o lo que hace Lorenzo, que siempre ha conseguido grandes resultados allí. Pero para conseguir eso no basta con corregir el pilotaje, tiene que cambiar también la puesta a punto de la moto, es un todo.

P. Ha valido la pena cambiar la filosofía de motor, apostar por uno de tipo big bang y renunciar a la idiosincrasia de Honda.

R. Yo creo que sí. Y poco a poco la gente de Honda se va dando cuenta. Después de trabajar tantos años con una misma configuración de motor (screamer) había gente que confiaba más y otra, menos. Pero cuando lo probamos por primera vez ya era muy similar a lo que teníamos. Y cuando pasa eso con una pieza apenas desarrollada quiere decir que puede llegar a ser mejor. Es cierto que a principio de temporada el motor fue el culpable, entre comillas, de nuestro rendimiento, pero ya sabíamos que nos costaría. A la que le pillamos el rollo y entendimos cómo trabajar con él hemos ido mejorando.

P. Las estadísticas lo corroboran: esta temporada es la de mayor competitividad en la historia de la categoría reina, ¿cómo se gestiona un campeonato así?

R. Es muy difícil porque no controlas. Sabes que cualquier punto es importante. Hace dos o tres años sabías que si un domingo no se te daba bien acabarías cuarto. Salías y competías siempre contra los mismos dos o tres pilotos. Pero Dorna, sobre todo, ha propiciado el cambio: primero con la imposición de la centralita única. Ha hecho que se estanque la evolución, que haya menos cosas que cambiar y que los equipos se puedan centrar más en los chasis y en los motores. Luego, la llegada de Michelin ha acabado de igualarlo todo. Con los Bridgestone era más difícil llegar al límite, sobre todo del tren delantero. Ahora es más fácil encontrar ese límite, también porque todos trabajamos prácticamente con la misma electrónica.

P. ¿Por qué cree que el campeonato se decidirá en Valencia? ¿No puede la presión propiciar los errores de alguno de los candidatos a la corona?

R. No lo creo. Es más fácil que todos mantengamos la tensión. Cuando corres con esta presión eso te ayuda a mantener la concentración durante los 45 minutos que dura la carrera y así es más difícil cometer un error. Yo me fijo en Dovizioso. No ha cometido ni un error, solo en Argentina y ni siquiera fue culpa suya. Aunque también soy consciente de que en Motegi está en uno de los circuitos en los que tiene que atacar él, porque le gusta y sabe que la Ducati va bien.

P. ¿Cómo se explica el salto de calidad que ha dado?

R. Se dan muchas circunstancias. Todos los pilotos que han llegado a MotoGP tienen el talento. Pero este es un deporte en el que no dependes de ti mismo: dependes de una moto y de una fábrica y puede que una moto se adapte muy bien a un piloto por su estilo de pilotaje y en cambio su compañero de equipo lo esté pasando muy mal. Dovizioso lleva muchos años en Ducati y es uno de los grandes culpables de que la moto vaya como va. Al verse delante se ha crecido y al estar convencido de sí mismo ha sido capaz de probar cosas que al no estar en esa situación antes no se había atrevido.

Márquez, en el circuito de Motegi. ampliar foto
Márquez, en el circuito de Motegi. EFE

P. ¿Qué podría hacer campeón a Dovizioso y qué a Viñales?

R. A Dovi creo que le podría hacer campeón su constancia y la forma en que afronta el fin de semana, su manera de entender las carreras. A Maverick, su velocidad; aunque quizá todavía le falte un poco de experiencia.

P. ¿Y Márquez es el mejor jugando al ataque, al sálvese quien pueda?

R. Depende. Si tienes las armas, puedes jugar al ataque. Si no las tienes, sería como ir a la guerra sin armas. Y en ese caso es cuando más puedes perder.

P. ¿Y ahora, a diferencia de al inicio del curso, siente que las tiene?

R.En algunos circuitos, sí. En otros siento que me tengo que defender un poco. En Misano, por ejemplo, si no hubiese llovido tendría que haberme gestionado porque Maverick estaba muy bien.

P. Ya sé que no le gusta hablar de política, pero déjeme preguntarle si le preocupa la situación socio-política que vive Cataluña.

R. Claro que me preocupa, como a cualquier ciudadano sea de Cataluña o de fuera de Cataluña. Al final, es una situación que creo que no beneficia a nadie, que es difícil de gestionar. Pero espero que a quienes les toque hablar y, sobre todo, dialogar, lo hagan y esto no llegue a las calles.

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