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Carreño ya no es un cordero

No solo ha mejorado su juego, sino que su carácter ha ganado en firmeza y agresividad

Pablo Carreño celebra su triunfo contra Schwartzman en los cuartos de Nueva York.
Pablo Carreño celebra su triunfo contra Schwartzman en los cuartos de Nueva York. USA Today Sports

Venía avisando. Pablo Carreño no ha llegado por sorpresa.

Hace años, en una furgoneta que nos trasladaba desde el recinto del torneo de Río de Janeiro al hotel donde nos hospedábamos, Albert Molina, su representante, nos dijo que le veía como futuro ganador de un torneo del Grand Slam. Tanto Rafael como yo quisimos pensar que quizás había exagerado un poco.

En el año 2012, después de superar una lesión y de situarse en el número 70, la Federación Española le dio la oportunidad de integrar el equipo español como sparring en la eliminatoria que se disputó en Madrid contra Ucrania. Habíamos oído hablar de él por haber ganado en los meses previos varios torneos Challenger –la antesala al circuito ATP— pero no fue hasta esa ocasión que le vi jugar por primera vez.

Me sorprendió su alto nivel de juego, que no desmerecía al de los otros integrantes del equipo. Por supuesto, lo comentamos con Rafael y con su entrenador, Javier Duarte, quien nos dijo que Pablo debía mejorar algunos aspectos de su juego, aún. Seguimos hablando de él cuando, al cabo de unos meses vino a Mallorca a preparar la pretemporada con Rafael. En este caso, el comentario de Javier, se centró en su cándido carácter dentro de la pista, que lo convertía en un cordero en medio de una manada de lobos.

Desde el año 2013, sin embargo, no ha dejado de progresar. Acabó el año pasado el número 30 y para nada me extrañaría que acabara este año entre los 10 primeros de la clasificación. Son hechos consumados. No solo ha mejorado su juego, al que imprime un ritmo muy elevado, con muy buenos golpes de fondo y con un resto de gran nivel, sino que su carácter ha ganado en firmeza y agresividad. Venció a Grigor Dimitrov y a Milos Raonic en Roland Garros y perdió contra Rafael en un partido en el que se lesionó, pero que no le detuvo. Sólo ralentizó un poco su progresión.

Buena prueba de ello es que está en las semifinales del grande de Estados Unidos, ante un rival complicado y con un gran servicio, Kevin Anderson, pero con posibilidades reales de plantarse en la final del torneo. Solo espero que el augurio de Albert Molina no se cumpla en esta ocasión, si se diera el caso de que su contrincante fuera Rafael. Si no es así, depositaremos en él nuestra confianza y nuestros mejores deseos.

Pablo ya no es el cordero que era dentro de la pista, pero fuera de ella, podemos dar fe de que es un personaje entrañable, una excelente persona y un gran compañero en el circuito. Ojalá podamos coincidir unos cuantos años más con él y así poder compartir de cerca sus grandes éxitos.

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