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Conversaciones a la contra

Sara Correia: “El fado es una auténtica terapia”

La fadista portuguesa, que lleva cantando en público desde los nueve años, reivindica sus orígenes populares como fuente de autenticidad. En marzo actúa en Madrid y Zaragoza

La fadista Sara Correia, fotografiada en Lisboa el 17 de febrero.
La fadista Sara Correia, fotografiada en Lisboa el 17 de febrero.João Henriques ((JOAO HENRIQUES / EL PAÍS ))
Tereixa Constenla

Sara Correia (Lisboa, 31 años) empezó de niña a empalmar las casas de fado con el colegio. Tenía nueve años y una desazón interior que se identificaba con las letras más tristes. Una terapia antes de tener conciencia de la terapia. Su fado, que nace de la resiliencia y Chelas, el barrio popular y estigmatizado donde la música salía de la lucha cotidiana, llega ahora a Madrid (Summum Concert Series, Teatro Bellas Artes, 4 de marzo) y Zaragoza (CaixaForum, 9 de marzo).

Pregunta. ¿Qué ha aportado Sara Correia al fado?

Respuesta. El fado tiene muchas fadistas que ya aportaron muchas cosas. Yo traigo un poco de mi parte más salvaje, de mi barrio y de mi forma intensa de cantar. El fado es de todos, pero cada fadista tiene su fado y su forma de interpretarlo con sus emociones y su personalidad. Creo que he traído la garra y la intensidad.

P. La canción Chelas cuenta su historia. ¿Cuántas veces le dijeron eso de “esconde tus raíces”?

R. Desde siempre. El problema de venir de un barrio es que acaban por escondernos un poco, parece que no pertenecemos a la sociedad y nos dicen que es difícil alcanzar nuestros sueños. Yo quise demostrar lo contrario, que trabajando mucho y teniendo amor a lo que hago, somos capaces de quebrar cualquier idea y estereotipo.

P. ¿Tenía modelos de fadistas procedentes de barrios que le sirvieran de referente?

R. Casi todas las fadistas son populares. El fado es una música del pueblo, nace en la calle, nace de la tristeza, nace de quienes esperaban que los maridos regresasen en los barcos, nace en los callejones.

P. ¿Qué le dio a Sara Correia crecer en el barrio de Chelas?

R. Fue estupendo. Si yo no hubiese crecido en un barrio así, yo no tendría tanta fuerza ni tanta capacidad ni una maleta llena de tantas cosas dolorosas que me dan más fuerza para el camino porque este es un camino muy difícil, de mucha lucha. La mejor parte de nuestra vida como fadistas es cuando cerramos los ojos y cantamos, ahí somos leves, pero todo el trabajo y la presión que tenemos a veces complica nuestro día a día. Creo que el barrio me dio la firmeza para no desistir.

P. ¿Hay todavía estigmas en Portugal sobre barrios como Chelas?

R. Ha mejorado algo, pero es un largo camino. Los barrios también están desarrollándose y eso ayuda. En el mío, por ejemplo, se va a construir un hospital. Pero es necesario cambiar mentalidades, no dentro del barrio, si no fuera de él. Que miren para nosotros como capaces porque la mayor parte de los que crecieron allí trabajan desde los ocho años. Nuestros abuelos y padres siguen trabajando, son personas humildes. Hay de todo, yo no puedo decir que no hay cosas malas en el barrio porque las hay, pero eso ocurre en todos lados.

P. Lleva cantando desde niña. ¿Ha perdido cosas en la infancia y la adolescencia por la música o es más lo que ha recibido de ella?

R. Creo que es una suma de las dos cosas. Perdí algo de mi infancia, de ser alegre, de vivir las cosas que tenía que vivir para mi edad…

P. Además, hacía música de adultos.

R. Y a mí de niña solo me gustaban los fados de cortarse las venas, los que más dolían, eran los que más me gustaba cantar con nueve años. No me sentía mejor con las cosas alegres. Pero eso también me dio una fuerza diferente porque, gracias a todos esos años pasados, sé lidiar mejor con mis penas y mis dificultades. Es interesante, creo que el fado me ayudó mucho con eso.

La fadista Sara Correia, fotografiada en Lisboa el 17 de febrero.
La fadista Sara Correia, fotografiada en Lisboa el 17 de febrero.João Henriques ((JOAO HENRIQUES / EL PAÍS ))

P. ¿El fado fue la primera terapia?

R. Ótimo! Exactamente. Creo que el fado es una verdadera terapia. Si estoy diez días sin cantar, siento que necesito cantar urgentemente, por lo tanto, es realmente una terapia. Creo que es cuando nos expresamos más y podemos sacar fuera aquello que a veces no queremos decir a nadie. El fado, la música, tiene este poder. El fado tiene la capacidad de dejarme cómoda con mis penas. Y eso es estupendo.

P. Tuvo dificultades familiares en la infancia. ¿Es necesario sufrir para ser un buen fadista?

R. Sí, sí.

P. ¿Alguien feliz puede cantar bien fados?

R. Puede, puede, todo el mundo tiene derecho a cantar de la forma que sea. Pero para mí no tiene mucho sentido un fadista que no es capaz de estar a gusto con la tristeza como lo está con la alegría. La vida y la muerte están a la par, nosotros aceptamos la muerte como aceptamos la vida, aceptamos la alegría como aceptamos la tristeza, forma parte de nosotros. Yo consigo cantar cosas tristes y extraer buenas cosas de ellas. Es mi terapia para sentirme alegre después y volver a la tristeza sin tener problemas.

P. ¿Qué pierde el fado cuando sale de la casa de fados y sube a un escenario?

R. Cuando cantamos en casas de fados, cantamos al oído de las personas. Vamos allá a buscar las energías para llevar luego al escenario donde están las luces o los aplausos. Es un respeto diferente. La casa de fados es nuestra iglesia y luego llevamos eso al resto del mundo. La casa de fados es un susurro, una oración.

P. ¿También fue presentada como la sucesora de Amália Rodrigues?

R. Forma parte de la tradición. Todas hemos pasado por ahí. El mayor término de comparación que existe es con Amália, aunque yo lo considero equivocado. Solo hay una Amália, sólo hay una Sara, cada fadista es única.

P. En una entrevista se definía como alguien afín a las cosas antiguas.

R. Que tenía un alma antigua. Desde pequeña siempre escuché fados y viví con cosas que ahora la gente le dice vintage. Siento que con mi edad no me gustan cosas que le gustan a la gente de mi edad.

P. ¿Por ejemplo?

R. Odio las discotecas, no me gusta el ruido. Prefiero estar con amigos, comer bien, beber un vino, tener música baja y lograr escuchar a las personas que están a mi lado. No soy mucho de locuras. Me gusta más estar sosegada. Siempre he sido así. Prefería estar en una casa de fados con gente mayor que estar con gente de mi edad.

P. ¿Enfrentó problemas específicos por ser mujer?

R. Parece que las mujeres nunca tenemos el mismo valor que un hombre. Tenemos que probar más. Por otro lado, somos más fuertes, unas guerreras que tenemos que romper muchas cosas.

P. ¿Cuándo empezó a cantar en público?

R. A los nueve años. Comencé cantando en una casa de fados que ya no existe, Jardim do Pozo Bispo, los fines de semana. A veces cantaba y luego iba a la escuela. Antiguamente entrabamos a las ocho de la tarde y salíamos a las cinco o seis de la mañana. Era una locura, pero fue cuando más aprendí.

P. Fue muy precoz.

R. Me vino bien, me dio mucho bagaje. Hago terapia desde los nueve años.

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Sobre la firma

Tereixa Constenla
Corresponsal de EL PAÍS en Portugal desde julio de 2021. En los últimos años ha sido jefa de sección en Cultura, redactora en Babelia y reportera de temas sociales en Andalucía en EL PAÍS y en el diario IDEAL. Es autora de 'Cuaderno de urgencias', un libro de amor y duelo, y 'Abril es un país', sobre la Revolución de los Claveles.
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