Capea y Robles, cincuenta años de competencia y torería

El periodista Paco Cañamero publica un libro sobre la rivalidad entre ambas figuras salmantinas

El autor del libro, Paco Cañamero, en la Plaza Mayor de Salamanca.
El autor del libro, Paco Cañamero, en la Plaza Mayor de Salamanca.

‘Capea y Robles, 50 años de competencia y torería’ es el título del libro escrito por el periodista Paco Cañamero sobre la rivalidad que mantuvieron en los ruedos las dos figuras salmantinas, cuando se cumple medio siglo de que ambos tomaran la alternativa en el verano de 1972.

“Fueron dos pilares de aquella gran generación de toreros de la década de los años 70, que escribieron páginas históricas”, afirma el autor; “y he pretendido contar cómo revitalizaron la afición en Salamanca y el significado de ambos en la historia del toreo”.

Cañamero añade que el libro no es una biografía, sino un análisis sobre sus respectivas carreras, salpicada de muchas anécdotas, y de su influencia fundamental entre los aficionados salmantinos “que estuvieron divididos apasionadamente entre los partidarios de uno y otro torero”.

Pedro Moya ‘Niño de la Capea’, nacido en Salamanca el 17 de septiembre de 1952, pasó al escalafón de matadores el 19 de junio de 1972, en Bilbao, de la mano de Paco Camino como padrino y en presencia de Paquirri. Tras una fecunda carrera como figura incuestionable del toreo, se retiró definitivamente el 16 de abril de 1995, cuando se vistió de luces en la plaza de Málaga para dar la alternativa a Javier Conde, torero al que había apoyado desde su etapa de novillero. Desde entonces se dedica a la cría de ganado bravo, cuyas reses se lidian especialmente en los espectáculos de rejoneo.

Julio Robles nació en diciembre de 1951 en la localidad abulense de Fontiveros, pero su familia se trasladó pronto a la provincia de Salamanca, donde se hizo torero. Tomó la alternativa el 9 de julio de 1972 en Barcelona con el padrinazgo de Diego Puerta y con Paco Camino como testigo. Fue un torero muy reconocido por su clasicismo y pureza, y contó especialmente con el afecto de la afición madrileña. El 13 de agosto de 1990 sufrió una dramática voltereta en la plaza francesa de Beziers y quedó tetrapléjico. Falleció el 14 de enero de 2001 en un hospital de Salamanca a la edad de 49 años.

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