IN MEMORIAM
Columna
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La mejor en técnica y en música

Teresa Berganza hablaba, cantaba, analizaba la partitura, tocaba ejemplos al piano, bailaba con los alumnos, los abrazaba y acababa haciéndoles encontrar una forma nueva de cantar y, casi siempre, de vivir la música

La mezzosoprano Teresa Berganza.
La mezzosoprano Teresa Berganza.AYUNTAMIENTO DE SANTANDER (Europa Press)

Todos sabemos que Teresa Berganza fue una grandísima artista, pero quizá no todos sepan que, además, fue una gran maestra de cantantes y una persona excepcional. Ver a Teresa dando una clase magistral era un verdadero espectáculo. Era capaz de cambiar enteramente la voz de un alumno en una hora. Veía en seguida lo que cada joven cantante necesitaba y no paraba hasta conseguirlo. Se entregaba a los alumnos por completo, sin mirar el reloj y sin detenerse ante nada: hablaba, cantaba, analizaba la partitura, tocaba ejemplos al piano, bailaba con los alumnos, los abrazaba y acababa haciéndoles encontrar una forma nueva de cantar y, casi siempre, de vivir la música. “Deberíamos cantar tal cual hablamos”, dijo en una ocasión, “sin tensión, sin contracción, con total naturalidad”. Cuando venía al Encuentro de Música y Academia de Santander, en seguida se corría la voz entre los profesores de los demás instrumentos, todos ellos grandes maestros internacionales, y muchos acababan entrando en la clase de canto para ver a Teresa reinventar la música con cada alumno.

Admiré a Teresa Berganza, desde mi juventud, en Bilbao, donde ella iba a menudo a cantar, y seguí su increíble carrera internacional, pero quien me la recomendó como profesora fue Alfredo Kraus. “Teresa es la mejor en técnica y en música”, me decía, señalándola implícitamente como su sucesora en la Escuela Reina Sofía. Tuve la suerte de que ella aceptara ser la profesora titular de nuestra Cátedra de Canto Alfredo Kraus Fundación Ramón Areces. Estuvo el tiempo suficiente para lanzar espléndidas voces que están cantando hoy por los teatros del mundo: Davinia Rodríguez, Gabriel Bermúdez, Tatiana Melnychenko, Ismael Jordi y otros muchos.

Igual que en el escenario, Teresa Berganza fue en la vida un modelo de elegancia y buen gusto. Desde luego en su forma de vestir y de decorar, pero también, y sobre todo, en su forma de comportarse, en la generosidad profundamente estética con que trataba a los demás. He sido testigo muchas veces del cariño y la dedicación que ha otorgado a sus queridos hijos y nietos. Poseía, además, dos cualidades que definen, en mi opinión, al verdadero amigo: decía las cosas, tanto las buenas como las malas, a las claras y a la cara y te hacía comprender que la ibas a encontrar siempre cuando tuvieras necesidad de ella.

En los últimos meses, Teresa Berganza se fue apagando poco a poco hasta alcanzar el silencio, una de las formas de música que ella más quería.

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