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CONVERSACIONES A LA CONTRA

Don Winslow: “Trump y Putin tuvieron una historia de amor. Fue nauseabundo”

El autor neoyorquino, probablemente el mejor escritor vivo de novela negra del mundo, publica en español su nueva obra antes que en el mercado anglosajón

Don Wislow en Rhode Island.
El escritor Don Wislow, en Rhode Island, donde ha crecido y donde transcurre su última novela.Eduardo Muñoz
Berna González Harbour

Educado, comedido, cultivado. Don Winslow, maestro de los bajos fondos y de las historias de frontera más ásperas y letales, sorprende con una amabilidad conmovedora en alguien que mata tan, pero que tan bien en la ficción. Nació en Nueva York hace 68 años, es probablemente el mejor autor vivo de novela negra y habla por videoconferencia desde Rhode Island, donde creció y donde transcurre Ciudad en llamas (Harper), el nuevo libro que lanza este lunes en España en primicia mundial, antes que en el mercado anglosajón.

Pregunta. ¿España es importante para usted?

Respuesta. España siempre me ha dado muchísimo cariño y lealtad. Hubo años en que me leían más en español que en inglés, así que por supuesto es importante. Lo es sentimentalmente y lo es por la influencia que tuvo Don Quijote en mí como autor de novela negra. Hoy no podríamos ni imaginar la novela negra actual sin el Quijote.

P. Esta vez aborda la guerra entre irlandeses e italianos en Nueva Inglaterra. ¿Le toca personalmente?

R. Sí, crecí en esa zona viendo esas guerras de bandas mafiosas. Conocí a esa gente de verdad.

P. Ha escrito muchísimo sobre latinos, sobre la frontera con México, pero aquí está su verdadero origen. Su historia. ¿Se siente irlandés?

R. Soy mitad irlandés y mitad inglés. Mi padre era muy inglés, muy wasp (la élite blanca protestante y anglosajona), del Mayflower y todo eso. Y mi madre tiene origen irlandés. Así que cuando en este libro hablo de los inmigrantes irlandeses de Nueva Inglaterra que no eran aceptados por los wasps, estoy escribiendo desde ambos lados. Mi familia era parte de esa estructura de poder [ríe]. Pero también crecí con los italianos en mi barrio. Recuerdo cómo cerraban el bloque para hacer grandes comilonas de pasta, postres, fiestas increíbles con música, cantando, tan diferentes de lo reservados y formales que éramos nosotros. Como niño era divertido ver al hijo de mi padre bailando y de fiesta con esos italianos e irlandeses. Hay escenas de mi libro que las he vivido. He crecido ahí, en esa playa, y ahí sigo. Por ahí caminé cuando murieron mis padres para despedirles. Por ello la tristeza de este libro es intensamente personal.

P. Plantea el libro como una guerra de Troya. ¿Por qué?

R. En los noventa me di cuenta de lo ignorante que era en tantas cosas. Había estudiado historia africana, pero tenía enormes lagunas literarias, así que me hice una lista de clásicos y dediqué siete años a leerlos. Lo hice cronológicamente: La Ilíada, La Odisea, La Eneida… Y me impresionó cuántos de estos temas que creemos contemporáneos ya estaban ahí. La Ilíada trata del poder y del territorio. Empieza por celos por una mujer, pero eso es solo un pretexto para que dos poderes luchen entre sí. Y empecé a preguntarme: “¿Puedo hacer una novela negra a partir de alguno de los temas que encontramos en esta literatura clásica?”. Y cuando me vi la capacidad para hacerla, lo hice. No una, sino tres, porque es una trilogía. Empecé hace 20 años, pero en la pandemia ya he hecho los tres.

P. ¿Ya están escritas? ¿Las tres? ¡Cuéntenos!

R. Los personajes se van como en la guerra de Troya, cuando los troyanos perdieron y los supervivientes tuvieron que irse. Danny Ryan, mi protagonista, también se irá. [Winslow se arranca embelesado a contar detalles que aquí ahorraremos para evitar spoilers y se emociona hasta decir: “Si se aburre me corta, ¿eh?” Pero no lo haremos y él sigue]. Eneas huyó de Troya y luego se convirtió en el fundador de Roma, así que en el segundo libro encontraremos a Danny en Hollywood. Si Eneas entró en una caverna y vio en las paredes imágenes de la guerra de Troya, de sí mismo, de sus amigos muertos o su mujer… me pregunté: ¿cuál puede ser la versión contemporánea de esto? ¡No le vamos a meter en una cueva con imágenes en las paredes, eso no funcionaría! [ríe] Y pensé: “La solución es Hollywood”.

Yo veo poesía en el género negro. Si lees a Raymond Chandler en voz alta, es poesía

P. Su personaje también tiene origen español. ¿Por qué?

R. En Irlanda están los llamados “black irish”, descendientes de marinos españoles de la Armada Invencible que naufragaron y se quedaron allí, casados con mujeres irlandesas. De pelo y rasgos oscuros. Yo creo que soy uno de ellos. Por eso.

P. ¿Esta nueva trilogía es una especie de poema homérico?

R. Sin duda. En prosa y en un lenguaje moderno criminal, pero sí. Yo veo poesía en el género negro. Si lees a Raymond Chandler en voz alta, es poesía. La Ilíada o La Odisea abordan con voz poética la lucha de la gente por sobrevivir, por ir contra corriente, en busca de su destino. Abordan el honor, el deshonor, la lealtad, la venganza, el amor, la pérdida… Todo lo que encuentras en La Odisea está en la novela negra.

P. Después del éxito y la trascendencia de la trilogía de El Cártel, ¿teme no poder superarlo?

R. Sí. Sí. Siento una combinación de excitación y miedo. Siempre temo ese día en que escucharé el sonido del cubo al caer en el fondo del pozo vacío, ¿sabe? Y parte de este miedo me motiva.

Como novelista lo que me interesa es la vida interior de la gente

P. ¿Cómo investiga? ¿Como el investigador privado que fue, como escritor…?

R. Es una combinación. Empiezo leyendo como el historiador que soy hasta que siento que tengo los conocimientos básicos. Por ello, cuando salgo a hablar con gente no estoy interesado en los hechos, que ya conozco, sino en sus pensamientos, sus sentimientos. Y ahí entra el trabajo de investigador y el instinto que desarrollas para desbrozar, porque muy a menudo la gente miente o esconde cosas. Como novelista lo que me interesa es la vida interior de la gente. Hay que pasar suficiente tiempo con la gente para desarrollar una relación que no sea solo de preguntas y respuestas, sino que entres a formar parte de su mundo y viceversa, lo que es triste con algunos porque sabes que no tendrán final feliz.

P. Se supone que quedó harto del narco en la trilogía anterior, pero de nuevo escribe sobre ello. ¿No era suficiente?

R. Sabía que tenía que llegar a ese momento troyano en la que los personajes invitan a entrar en sus vidas a alguien o algo que les va a destruir. ¿Cuál podía ser en una versión contemporánea? Y la respuesta era clara: las drogas. Que la heroína también se llame “caballo” ya ha sido coincidencia.

P. Ha sido un duro activista contra Trump.

R. Y aún lo soy.

P. ¿El peligro no ha pasado?

R. Rotundamente no. Ojalá. Pero no. Tuvimos un intento de golpe el 6 de enero de 2021 y no ha pasado nada. Los políticos de alto rango que participaron no han sufrido consecuencias y siguen divulgando sus mentiras. ¡Cómo me gustaría que hubiera pasado el peligro! Pero no. Esto seguirá.

P. ¿Conecta de alguna manera la guerra de Ucrania con el trumpismo?

R. La relación de Trump con Putin fue casi una historia de amor, fue nauseabunda. Trump admiraba a Putin y quería ser como él. Lo intentó el 6 de enero. Y todo esto envalentonó a Putin. Comparten la misma idea de hombre fuerte. Estamos en un momento peligroso y existencial para las democracias occidentales.

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Sobre la firma

Berna González Harbour
Presenta ¿Qué estás leyendo?, el podcast de libros de EL PAÍS. Escribe en Cultura y en Babelia. Es columnista en Opinión y analista de ‘Hoy por Hoy’. Ha sido enviada en zonas en conflicto, corresponsal en Moscú y subdirectora en varias áreas. Premio Dashiell Hammett por 'El sueño de la razón', su último libro es ‘Goya en el país de los garrotazos’.

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