Fito Cabrales: “Estar sobrio un día cuesta un día”

El líder de Fito y Fitipaldis presenta ‘Cada vez cadáver’, una nueva colección de himnos tras cinco años de sequía creativa, que no personal. “Mi hija pequeña me ha cambiado el mapa”, dice el artista, que se declara “más que feliz, contento”

Fito Cabrales, a principios de septiembre en Madrid.FOTO: BERNARDO PÉREZ / VÍDEO: Olivia López

Madrid en todo su otoñal esplendor vespertino se cuela por el ventanal de la suite del piso 20 de la legendaria Torre España, en la plaza homónima, convertida en hotel de lujo tras el correspondiente obrón de años de infernales atascos. Fito dispone, no consta si disfruta, de dos enormes terrazas en ele y un jacuzzi al raso, y a la vista, de las manadas de madrileños y turistas que abarrotan el bar de la azotea abierta al público, unos cuantos pisos más arriba. El artista —rostro enjuto, barba de chivo, gorra festoneándole el cráneo, aros dilatándole los lóbulos, pulseras de plata vieja lastrándole las muñecas y una fiesta de esqueletos tatuados ilustrándole los antebrazos— saluda cordialísimo. Destaca, brillantísima, una cruz sin crucifijo bailándole un palmo bajo la nuez y sobre la camiseta. Me choca. Pregunto:

Pregunta. ¿Por qué lleva esa cruz?

Respuesta. Porque es una cruz.

P. ¿Es muy religioso?

R. Espiritual. Con lo de Dios y tal nunca he tenido problemas. No soy religioso. Si me das a elegir, casi prefiero que Dios no exista porque, si no, si se apareciera y dijera ¡hola!, perdería la magia.

Si me das a elegir, casi prefiero que Dios no exista porque, si no, si se apareciera y dijera ¡hola!, perdería la magia”

P. Defina “espiritualidad”.

R. Joder, pues la espiritualidad. Tener un interlocutor que a veces no encuentras. No me interesa que me lo den todo hecho, me interesa la esperanza. Que no sea todo tan inmediato, tan eficiente, tan limpio, tan demostrable...

P. Eso seguro que le viene de las clases de Religión de la EGB.

R. Totalmente. Yo uso mucho lo de virgencita, el pecado, el demonio en mis canciones. ¿Tú crees que se puede cantar si no hay otro sentido en la vida? ¿Por qué empezó la gente a cantar? No fue que a un tío se le cayó una piedra en un pie y aulló. Cantar no es vital. No hay necesidad. Eso es espiritual. Hay gente a la que le va bien todo y no tiene necesidad, pero otros necesitamos crearnos una fuerza especial, un mundo paralelo.

P. ¿Cuántas veces ha estado al borde del precipicio?

R. Ay, amatxu, un par de ellas.

P. ¿Qué hay allá abajo?

R. No hice fotos. Fue en una clínica de desintoxicación, por haberme pasado con las drogas. De eso no sales ileso. Lo de menos es la adicción: a eso le echas huevos y sales, pero tu mundo cambia, por todo lo que se destroza, el daño que haces. Luego caí otras dos o tres veces y tampoco pasó nada. Pero hay cosas que no se las puedes contar a nadie, ni siquiera a ti mismo, y ahí entra lo espiritual.

P. ¿En sus canciones, cuánto hay de técnica y cuánto de tripas?

R. De técnica, cero. No tengo oficio de escritor. Hago letras de canciones, que no es un arte menor para mí, pero le tengo pánico a escribir. Antes te hago el AVE Madrid-Bilbao que un disco. Cada disco que saco, digo, hostia, he tenido suerte. No sé si podré volver a hacerlo. Ahora mismo, creo que no seré capaz.

P. ¿Cuándo da por acabada una canción, si tantas vueltas le da?

R. Cuando soy yo, cuando la quiero cantar, cuando me atrevo a cantarla. Entonces, soy Dios. Pero es laborioso, joder.

P. Sus letras son un metrónomo. ¿Cuánto le gusta una esdrújula?

R. Me encanta una esdrújula. Incluso, voy a parecer friki, a la hora de escribir, igual prefiero una efe a, no sé, una eme. ¿Sabes lo que quiero decir? Sobre todo pasa con las primeras palabras. Luego el resto viene solo, con mucho trabajo, pero encontrar la primera palabra es como hallar el hilo. Yo funciono mucho por frases. A veces, las trasvaso de una canción a otra, según me haga falta. Un hallazgo me guía, o me motiva, o me da la alegría para seguir.

No soy un intelectual que pueda resolver nada. Pero mi experiencia es que, si tú tienes la capacidad de pensar bien y crearte tu mundo, eso no te lo quita nadie”

P. ¿Eso es amor propio u orgullo?

R. No te sabría decir. No sé yo si me quiero, lo que sí sé es que a mi familia no la puedo querer más.

P. Tiene una hija pequeña. ¿Qué le ha enseñado esa niña que no supiera?

R. Todo. Desde hace siete años soy lo que ella ha hecho de mí, un muñeco en sus manos. Yo no era así, me ha cambiado el mapa. Con mi primer hijo, yo estaba totalmente volcado en la música. Hoy tiene 23 años y es mi Dios, pero yo entonces no estaba al 100% en ser padre. Es imposible pedirle a un tipo de veintipico años ser padre las 24 horas.

P. ¿Y a una madre?

R. La madre lo tiene más jodido, porque tenemos esa idea de que tiene que estar siempre.

P. ¿Fue ella su caída del caballo?

R. No, yo ya estaba bien.

P. ¿Porque ya quería estarlo?

R. Totalmente. La felicidad no es tan fácil. Eso es lo que te venden, pero no es así. No aspires a la felicidad, estate contento.

P. ¿Qué es estar contento?

R. Estar de acuerdo. No soy un intelectual que pueda resolver nada. No voy a escribir un libro de autoayuda. Pero mi experiencia es que, si tú tienes la capacidad de pensar bien y crearte tu mundo, eso no te lo quita nadie. Claro que si tienes una desgracia hay que pasarla, pero la felicidad no se alcanza, no es eso de que tú tienes el mapa del tesoro y si no lo encuentras es tu culpa. Es difícil.

Ni soy ni me siento ejemplo de nada. En el fondo reivindico mi papel de bufón”

P. Me da la sensación de que detesta ser ejemplo de nada.

R. Ni soy ni me siento ejemplo de nada. En el fondo reivindico mi papel de bufón. Solo soy el tío que te entretiene. Tú vienes a verme a un concierto y, joder, igual puedo llevarte a un sitio más bonito del que vienes.

P. ¿Ese es su superpoder?

R. Y el de ironman. No, yo no tengo poder, la música sí. Se lo cedo gustoso. Yo me quito de en medio.

P. ¿De joven estaba cabreado?

R. ¿Yo qué voy a estar cabreado? Lo que era un iluso.

P. ¿Iluso de qué?

R. De creerme lo único. Mi mundo era yo y lo que estaba a metro y medio de mí. Ese era mi presente y mi futuro. Por atrás, el pasado estaba vacío, no existía.

P. ¿Ya no va a dos gramos por minuto, como en su canción?

R. Ni tengo tiempo de sentir el vértigo, como acaba la frase. A nuestra edad ya no podemos deshacer muchos errores y hay una constancia real de que ya no hay muchas oportunidades de fallar el tiro.

P. ¿De cagarla?

R. Yo la cagué cuando estaba a tiempo, tuve tiempo de remontar. Pero cada uno siente la edad como la siente. Yo, a temporadas. Ahora, con el disco, con la ilusión de un chaval. Pero no siempre es así. A veces me siento cansado.

P. Hay quien apura la mediana edad con excesos de los que antes se privaba.

R. Yo ya los dejé. Bueno, no digas de este agua no beberé, porque tampoco estoy tan seguro. Creo que ahora no volvería, pero no voy a afirmar nada

P. ¿No se deja nunca de ser carne de según qué cañones?

R. Nunca. Ni carne ni pescado. Me cuesta esfuerzo no pensar en drogas. Pero me costaría volver, me daría miedo, mucho miedo.

P. ¿Cuánto cuesta estar limpio?

R. Estar sobrio un día cuesta un día, es un trabajo diario, no es tontería. A mí me ha salvado, no sé ya cuántas veces, la música, la vida. De la clínica de desintoxicación salí a una gira. No solo vale tu fuerza de voluntad. Hay que tener recursos. ¿Volver a empezar? El que pueda. El que no tiene nada, al que se le rompió todo, joder. Por eso digo, y no es un gesto ni una postura, mi suerte es la música.

P. ¿Es un tipo con suerte?

R. Sí, joder, me gusta la vida que he vivido.

P. ¿Y ese pretérito perfecto?

R. Vale: la que he vivido y la que estoy viviendo. Es lo de antes: no me considero un tipo feliz, considero que estoy contento. Desde que empecé a verlo así me costó todo mucho menos trabajo. Antes era un iluso, ya lo he dicho, y era imposible, un imposible.

'CADA VEZ CADÁVER'

Lustros llevaba Fito Cabrales (Bilbao, 55 años) con este juego de palabras danzándole en la cabeza, hasta el punto de tatuarse en su honor varios esqueletos en los brazos, hasta que ha logrado "colocarlo" sin chirriar en una canción. Más que eso. Ahora, es el título de su nuevo álbum tras cinco años de silencio por falta de inspiración o de motivación para volver a ponerse a picar piedra, perdón, palabras lograr el visto más difícil: el suyo. Escuchar el nuevo trabajo del cantautor Quique González lo sacó de la sequía creativa. A él le dedica su disco que, como todos, cree que será el último, dado su "pánico a escribir". Veremos.


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Sobre la firma

Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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