CINE

Riz Ahmed: actor de Oscar, músico alternativo y baluarte de la diversidad

El primer musulmán nominado a la estatuilla al mejor actor protagonista reivindica en ‘Mogul Mowgli’ una visión del cine y la narrativa más allá de la perspectiva occidental

Riz Ahmed, el pasado 25 de abril, en la gala de los Oscar. En vídeo, tráiler de 'Mogul Mowgli'. FOTO: MATT PETIT (GETTY IMAGES) / VÍDEO: BFI

Desde hace años, Riz Ahmed se lo cuenta todo a un diario. Sus discos, sus viajes y, en especial, cada una de sus películas y experiencias en los rodajes. Puede que ni en sus páginas más íntimas, sin embargo, el actor y músico imaginara un momento tan dulce como el que está viviendo. Las apariciones en Nightcrawler y Rogue One: una historia de Star Wars; el Emmy por The Night Of. Y, sobre todo, el papel de Ruben Stone, un batería que va perdiendo el oído en Sound of Metal. Le llevó este año a estrenarse como nominado a los Globos de Oro y los Oscar, con récord incluido: primer musulmán que opta al galardón a mejor actor protagonista. Su vida se va llenando de éxitos, y con ella también sus diarios. Aunque, recientemente, Ahmed (Londres, 38 años) volvió a leer anotaciones del pasado y descubrió que sus pensamientos no habían cambiado mucho: “Hace 10 años escribía lo mismo: por ejemplo, que el crecimiento es una espiral, no es lineal”, explica por videollamada.

La última curva, ahora, le ha llevado hasta Mogul Mowgli, el filme que se lanza este sábado en Filmin y que forma parte del Atlàntida Mallorca Film Festival de la plataforma. Y que guarda ciertos parecidos con el papel que le colocó a un paso del Oscar: encarna a Zed, un rapero británico de origen paquistaní que empieza a sufrir los ataques de una enfermedad autoinmune justo antes de la gira que debe consagrar su carrera. Aunque Ahmed prefiere destacar otro aspecto de la película: “Con Bessam [Tariq, el director], queríamos hacer algo realmente honesto sobre nuestra experiencia y contarla de una manera que no se hubiera visto antes. Intentamos mostrar nuestra propia visión, negra y asiática, sobre la integración, el islam, la mitología, la espiritualidad o la narrativa. Pusimos mucho de nosotros, fue una liberación creativa”.

De ahí que mezclaran inglés y urdu, momentos de comedia y casi de terror, el realismo más implacable, pero también el mágico. El propio estilo visual de la película pretendía ir por su camino. Un viaje a Pakistán, hasta el fondo de sus raíces, ayudó a director y actor a encontrarse con su filme. Ahmed, por supuesto, cuenta que así lo reflejó en su diario. Y una larga visita a la colección de arte islámico del Met de Nueva York reforzó su intención de seguir su instinto y sus ancestros. Además, claro está, de sus propias existencias: los padres de Ahmed son paquistaníes y él ha compuesto varios de los temas musicales del filme, además de pertenecer al dúo de hip-hop Swet Shop Boys. También encontraron estudios que afirman que las comunidades en diáspora tienen mayor tendencia a desarrollar enfermedades autoinmunes.

“Es que somos justamente el personaje que nunca ves en la pantalla. Interpretamos cualquier papel, salvo a nosotros mismos”, defiende el actor. No por nada, Ahmed ha recaudado dinero por los refugiados sirios, criticado públicamente la islamofobia o reivindicado que cine y series vayan más allá del hombre caucásico heterosexual. “Cuando dejamos de representar a la gente, apaga la televisión o deja de votar. […] Cada vez que te ves en una revista, un cartel, en la tele o en una película, es un mensaje de que importas, de que eres parte de la historia nacional, de que te valoran”, afirmó en 2017 en un discurso ante la Cámara Baja del Parlamento Británico.

A raíz de aquella defensa de la inclusión, hasta ha surgido el Test de Riz, inspirado en el de la dibujante Alisson Bechdel, que pone a prueba cómo el cine maltrata a las mujeres. En este caso, si un filme incluye a un personaje musulmán y este habla de terrorismo, se le muestra como irracionalmente enfadado, supersticioso y retrógrado, es presentado como una amenaza para el estilo de vida occidental y es misógino —en el caso de un hombre— o sumisa —para las mujeres—, la nota es un claro suspenso. Mogul Mowgli, evidentemente, es la excepción que aprueba con creces.

“Soy un actor y solo puedo representar mi performance. Pero soy consciente de que más personas pueden verse reflejadas y si ocurre lo celebro. La cultura es un espejo en el que todos queremos vernos”, agrega Ahmed sobre la relevancia de romper moldes en los Oscar como musulmán. Aunque justamente por eso, por su música underground o su activismo, cuesta imaginárselo cómodo en la gran fiesta de Hollywood. “Me encontré con Gary Oldman y me dijo que todos experimentamos el síndrome del impostor. Y tal vez no sea tan malo sentir que quizás no perteneces allí, ya sea por tu género, tu sexualidad, tu raza o tu procedencia. Aunque a la vez, en la gala, pensaba que debería haberme sentido como un intruso pero miraba a mi alrededor y veía a muchos como yo. Tal vez algo esté cambiando”, explica.

En su trayectoria, eso sí, sostiene que la candidatura no ha modificado mucho. “Son cosas externas, y la vida es imprevisible. No puedes imaginar qué dirá la gente, si tendrás más o menos trabajo, críticos o fans. Pero la nominación sí me anima a hacer elecciones por curiosidad creativa en lugar de buscar algo que sea bueno para mi carrera”, asegura. Aunque el intérprete cree que las etapas de su recorrido siempre le enseñan algo: “La idea detrás de la actuación es que en cada uno de nosotros estamos todos. Probar la vida de otro expande quién eres. Los personajes se quedan contigo. Y encontrar uno te abre una puerta que luego permite que entre otro”. Es la espiral de la vida y del cine. Su diario lo sabe de sobra.

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