Natalia Menéndez: “Tengo cara de guiri, pero llevo una morena dentro”

La directora del Teatro Español, caballero de las Letras y las Artes de Francia, estrena la función ‘Las dos en punto’ y no descarta volver a actuar a los 54: “Seré la única actriz con arrugas”, augura.

Natalia Menéndez, directora del Teatro Español. Fotografía de BERNARDO PÉREZ. Vídeo de OLIVIA LÓPEZ BUENO y PAULA CASADO

Cita en el Instituto Francés, frente por frente del Tribunal Supremo, en la zona señorial de Madrid, y donde la tratan como a una aristócrata. Por algo acaba de ser nombrada caballero de las Artes y las Letras de Francia, lo más parecido a la nobleza en la república de la libertad, la igualdad y la fraternidad. La ilustrísima señora se presenta al encuentro, no obstante, ultrasencilla, de blanco impoluto, sin más adorno que un collar de cuentas y sus gafas rojo rabioso. Ni rastro de la insignia que la acredita como patricia de su oficio, dado que aún no le ha sido impuesta en París, con los debidos honores, a causa de los rigores de la pandemia. Su padre, el añorado y popularísimo actor Juanjo Menéndez, y su tío materno, Jean Pierre Miquel, director de la Comédie Française deben de estar orgullosos.

¿Cómo es que, con su currículo y ascendencia, no es popular en la calle?

Es que mi padre nos cuidó mucho de la prensa a mi hermana y a mí, no tenemos ni fotos con él, nos mantenía alejadas de los focos. Y después, también por propia elección. Creo que, en este oficio cuanto más sabes de la persona, menos disfrutas de la historia que te cuenta.

Pues para querer evitarle los focos, le salió usted respondona dedicándose a la escena.

Mis padres no querían que fuera actriz, es cierto. Les daba miedo, porque es una profesión muy nómada e inestable, pero, fíjate: le salió mi hermana diseñadora y yo misma actriz. De lo mío se enteraron después. Simulé que iba a estudiar periodismo, y como yo era supercuriosa, coló totalmente. Me examiné de Dramaturgia de ha y cuando lo dije ya estaba hecho.

Menudo primer papel, convenciendo al público...

Sí, es que siento que en esta vida no hay que contarlo todo.

Fíjese que la hacía yo más seria y formal. Tiene fama de eso.

Y lo soy, una cosa no quita la otra. Pero también soy hedonista y muy libre. Lo que pasa es que todo el mundo piensa que soy una intelectual seria y fría por la cara de guiri que tengo.

Se lo dice usted todo.

Me pasa desde cría. Mi madre es francesa y, cuando iba a los castings, me decían que parecía alemana, noruega, de todo menos española. Pensé que no iba a hacer cine en mi vida. Y me rebelaba, porque yo siento que tengo una morena dentro.

¿Eso qué es lo que es?

Pues ser muy pasional, vivir con una cierta vehemencia, con muchas ganas de disfrute, de sentir las cosas a full, de exprimir la naranja cada día. Cuando murió mi padre, yo ya tenía treinta y tantos, pero he sido muy consciente de la muerte desde muy niña. Entonces, el día que me muera, quiero que la gente haga una fiesta para celebrar que yo he vivido a tope. Penas, las imprescindibles. Lamentaciones, las justas.

No adelantemos acontecimientos. ¿Cómo lleva los 50?

La cincuentena me está afinando. Afinas en delicadeza, en el gusto, en las relaciones. En decidir con quién quiero comer y con quién ya no. A gustarle a todo el mundo hace tiempo que renuncié. Soy hipertímida. A los tres años dejé de ver por un ojo, empecé a llevar gafas y notaba cómo los niños me miraban diferente. Fue mi primera conciencia de la injusticia. Me quitaba las gafas para no ver y así creía que no me veían.

Pues hoy las lleva bien vistosas.

Eso también es una conquista. De niña y adolescente, cuando me decían que tenía los ojos bonitos, creía que se estaban riendo de mí. Fíjate tú, las cabezas. Hasta que vi a Paloma Picasso, la primera mujer que se notaba que se sentía atractiva con gafas, y empecé a usarlas como quien cambia de zapatos. Ahora son mi carta de presentación.

Como directora, ¿qué es lo que más aprecia en un actor?

La intuición, la inteligencia y la generosidad.

¿No se puede ser buen actor y mala persona?

Se puede ser todo y mala persona. Incluso ser malo y hacer de bueno. Todo se puede ficcionar. Pero hay que hacerlo muy muy bien, no todos servimos.

¿Cómo elige sus repartos?

No hago casting, me tomo cafés. No me gusta hacer pruebas. Lo que hago es que lo miro todo, me lo veo todo, puede que sea una de las personas que más va al teatro de este país, porque para mí esto no es solo pasión ni trabajo, es alimento. Soy una viciosa del teatro. Por eso, cuando llamo a alguien, sé cómo actúa, y, con el café, puedo ver si voy a llegar a ese lugar de confianza que necesito para dirigirla. Cada vez valoro más la intuición. A los 20 quieres ser razonable. Quieres saber mucho, leer mucho, tener mucho conocimiento. Ahora soy más intuitiva gracias a que hice todo eso.

¿Se ficharía a sí misma?

No.

¿No aguantaría ni ese café con usted misma?

No, porque yo ya me sé, me aburriría a mí misma. Necesito que alguien me ponga a prueba.

¿Por eso dejó la actuación?

No, la dejé porque mi padre tenía alzhéimer y preferí ocuparme de él hasta que murió.

¿Qué queda de un padre para su hija cuando pierde la memoria y la palabra?

Queda la parte más animal, la más primaria, queda la piel y las sensaciones, queda el amor.

¿No echa de menos actuar?

Bueno, digamos que estoy en ello. Ya se lo he dicho a quien se lo tenía que decir. Alguien a quien admiro y con quien me apetece trabajar como actriz. Nos apetece a los dos y, si surge la oportunidad, será una sorpresa.

¿Cómo se prepara una para regresar?

Bueno, si llega a cuajar, seré una de las pocas actrices que tendrá arrugas. Una de las cosas que me ha traído la pandemia es que pienso mucho en la vejez, pero desde un lugar agradable. Eso no quita que un día, me miré al espejo y dije: estoy mucho más vieja, pero soy yo, soy la que soy.

Eso decía Frances McDormand: que, si llega a esa edad trabajando, será la única actriz que parezca octogenaria de toda su quinta.

Algo de eso hay. Las que resistamos tendremos que hacer películas que estén ubicadas en la primera mitad del siglo XX, porque casi todas las del XXI estarán tocadas.

¿No le gustan las caras retocadas como directora?

Pues mira, cuando dirigí Las cuñadas, por ejemplo, para mí era muy importante que ninguna de las actrices me diera la sensación de estar operada. Muchas dicen que se operan porque se deben a su público, pero yo creo más bien que es una cuestión de cabeza.

Debe de ser dificilísimo envejecer de cara al público.

Sí, y también es verdad que algunos directores de cine y tele exigen no tener arrugas, y eso me parece lamentable.

¿Cómo lleva ser ‘caballero’ en la tierra de su madre?

Fíjate, solo me falta el caballo. En serio: he pensado mucho en mis abuelos. Mi madre se volvió loca, mis amigos franceses enloquecieron. Y yo... bueno, es un reconocimiento que sé apreciar.

Muchas gracias. Tenía razón: no es tan seria como la pintan.

Claro, es que tú me mirabas por fuera: veías a la guiri, no a la morena.

CABALLERO MENÉNDEZ

Natalia Menéndez (Madrid, 54 años) fue 'monaguilla' antes que abadesa. Hija del popularísimo actor Juanjo Menéndez, estudió en secreto dirección e interpretación y tuvo años de popularidad con sus trabajos en series de televisión antes de retirarse de esa parte del escenario para cuidar a su padre cuando enfermó de alzhéimer. Su mayor prestigio y proyección le viene de su dedicación a la dirección y programación de funciones teatrales, en España y en todo el mundo. Después de dirigir durante años el Festival de Almagro, es, desde 2019, la directora artística del Teatro Español de Madrid, donde ahora estrena 'Las dos en punto', la historia de dos mujeres singulares vapuleadas por la sociedad. Las injusticias, admite, son, a la vez, su fuente de inspiración y uno de los motivos por los que elige sus obras. Con esa premisa, seguro que tiene tajo para el resto de su vida.



Sobre la firma

Luz Sánchez-Mellado

Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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