GENTE CON LUZ

Paco León: “Tengo mucho peligro porque estoy muy ‘jaleao”

El actor y director, que empalmó cinco rodajes en 2020, reivindica su conquista de la libertad y se confiesa pudoroso pese a sus míticos desnudos en Instagram: “No enseño nada, solo mi cuerpo”

Paco León, actor y director.
Paco León, actor y director.B.P.

El día que hablamos, en una terraza de El Retiro, hacía un sol que rajaba y su pelo, teñido de platino por la película que ha estado rodando en Budapest con Nicholas Cage, refulgía cual cumbre nevada, como si hiciera falta señalar al más popular de la sala. Al final, una señora no se aguantó las ganas y se acercó a hacerle saber que le había reconocido y que a ver cuándo volvía a verlo en el cine, que ya estaba tardando. No consta si la señora tenía redes sociales, pero, a falta de estrenos por la pandemia, a los pocos días, León la liaba en Instagram publicando un vídeo de una performance ajena en la que un grupo de hombres y mujeres semidesnudos jugaban a señalarse unos a otros el, ejem, ano, con un puntero láser. El Trending Topic estaba servido.

¿Le gustan los charcos?

Nunca pensé que ese vídeo tan divertido pudiera generar tanto odio y estupefacción. Me pareció una magnífica oportunidad para debatir sobre los límites del arte. Me temo que no hubo mucho nivel en la argumentación.

Son míticos sus desnudos en Instagram. ¿Exhibicionismo?

¿Qué dices? Yo ahí no enseño nada. Solo muestro mi cuerpo. Mi intimidad solo la conozco yo. Sé perfectamente cuál es la frontera. Me defino más por lo que tapo que por lo que desnudo. Ahí está el juego: ser muy generoso por un lado y muy rácano por el otro.

¿Cuánto se quiere a sí mismo?

Depende del día. Pero quiero quererme, quiero perdonarme. Solo si te quieres a ti mismo puedes querer a los demás. Soy pudoroso: he tenido muchísimos complejos, miedos, inhibiciones, pero también voluntad desde siempre para desinhibirme. Una amiga me dijo una vez: ‘hay mucho miedo pa tan poco peligro’, y creo que eso es lo que nos paraliza para no hacer lo que nos apetece. Yo lo hago. Hay más que ganar que perder.

¿Cuánto aplomo se precisa para vivir como a uno le da la gana?

Uf, eso cuesta toda una vida. Todos estamos intentando eso. Es la clave del éxito, para mí, y no es tan fácil. No tiene nada que ver con el dinero ni el poder, es conquistar la libertad mental. Hacer lo que a uno le da la gana es lo que más cuesta del mundo. En eso soy ambicioso. Quiero más, Quiero más libertad, más éxito, más hacer lo que me de la gana, quiero más de todo, mucho más.

De ego vamos bien, supongo.

El ego es muy puto y yo tengo mucho peligro, porque estoy muy jaleao. Cuando todo el mundo te dice lo guay que eres y lo guapo que estás y el tipo que tienes, tienes que estar muy atento. Pero, a veces, cuando hay mucha diferencia entre tu propia percepción y la que tienen los demás de ti, te crea como un síndrome del impostor, y crees que la gente te va a pillar.

¿Impostor a estas alturas?

Sí, cada vez menos, porque yo ya sé quién soy y puedo jugar. Puedo hacerme el guapo, puedo hacerme el superhéroe y que tú te lo creas, pero yo ya sé quién soy.

En su película, un padre y una madre se pelean para no cargar con los hijos tras el divorcio. Es un tema tabú. ¿Lo comprende, como padre?

A ver, es una comedia. Pero hay algo catártico en ella. Funciona esa premisa de unos padres malos, que piensan en ellos más que en sus hijos. Nada es blanco ni negro. No me parece mal desdramatizar, quitarle un poco de azúcar a la paternidad y echarle un poco de sal.

Su personaje en la película lidia con la adolescencia de su hija. ¿Cómo fue la suya?

Yo fui muy bueno. Un ‘suavón’, que me decía mi madre. Con mi carita de bueno hacía lo que me daba la gana, y sigo así. Me enternece mucho la adolescencia. Es un momento convulso: todo se mueve. Después se recuerda con nostalgia, pero es terrible. Es la Edad Media de la persona. Los guays, por guays, los friquis, por friquis, todos sufren muchísimo.

A sus 46, usted está en la mediana edad. ¿Qué hay de la crisis?

No me he comprado un coche, ni una moto, y para el tinte platino tengo coartada: fui yo el que lo propuse a Hollywood. Pero claro que existe, tú lo sabes, lo sabemos todos. Es difícil envejecer: asumir todo eso de que la vida era esto y de todo hace 20 años. Soy cero nostálgico y me parece que el momento que vivo es el mejor, y me ayuda tener referentes como Iñaki Gabilondo, que tiene casi 80 tacos y mira como está, tía. Espero envejecer bien, avisadme si hago el ridículo. Una actriz colombiana, Margarita de Francisco, decía que, a cierta edad, hay que tirar de personalidad. Yo voy a ir por ahí: eso ni se gasta ni se arruga.

Algunos hombres criticaron un anuncio de cuchillas en el que salía usted por mostrar formas diversos estilos de masculinidad. ¿Qué les diría?

Se nos educa a los hombres para demostrar continuamente que lo somos, y creo que lo que estamos aprendiendo es a decir ‘relájate, tío’. Les diría: eres hombre por mucho que llores, por mucha pluma que tengas, por mucho que te acuestes con otros tíos. Tranquilo, no hace falta demostrar nada. Eso es difícil aplicarlo y hay quien se pone nervioso, pero es un paso bonito y liberador.

¿A qué cree que se deben esos nervios?

Pues por lo que decía mi amiga: mucho miedo para tan poco peligro. La masculinidad no está en peligro. Pero nos han educado así. No solo los hombres. Las mujeres nos han educado así. A mí también. Intento replantearme cosas, ver, comparar, ser honesto. Y, aun así, sigo aprendiendo. Hay que tener un poco de paciencia con los señoros para que ellos vayan haciendo su camino.

¿Hay que ser muy hombre para ser Paco León, como dice en el anuncio?

Es que ese eslogan: ‘Hay que ser muy hombre para ser tú’ lo sugerí yo. Tenían otro texto, larguísimo, y pensé que diciendo “tú” bastaba. Poder ser tú mismo es lo más inclusivo que hay.

O sea, que nos hemos perdido un publicitario. ¿O es su plan B?

Ese es mi plan A. Es que mi verdadero talento es ese. De hecho, mis cosas, mi imagen, trabajo mucho todo eso del relato y la conciencia. En mi construcción de marca está todo.

¿Es usted su propia marca?

Todos lo somos en nuestro círculo, entendiendo marca como la imagen que deseas dar al resto.

Si no teme al juicio ajeno, ¿a qué le tiene miedo, señor León?

A que no me quieran los que quiero. Al final, solo somos eso.

¿Ha sufrido por amor?

No. Soy un tío con suerte. Nací de pie, literalmente: salí de mi madre con los pies por delante.

Qué dolor. ¿De ahí viene lo de ‘Carmina o revienta’?

Pues casi, porque aparte, pesaba casi cinco kilos, y para una primeriza de 19 años que tenía mi madre al parirme, tuvo que ser terrible. Así decía ella: ‘matadme, que ni quiero niño ni quiero nada. Luego se olvidó, claro. Pero me dejó esa herencia: nacer de pie, ser un tío con suerte, porque la suerte es como Dios: si crees en ella, existe.

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