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Helen Oyeyemi: “Escribo para saber qué pienso”

La escritora británica no se siente arraigada en ninguna tradición más que en la que se ha formado con sus lecturas

La novelista británica Helen Oyeyemi, el pasado noviembre en Barcelona.
La novelista británica Helen Oyeyemi, el pasado noviembre en Barcelona. EL PAÍS

Nunca fue de conformarse. A Helen Oyeyemi (Nigeria, 1984) de niña, si el final de un libro no le gustaba lo tachaba y reescribía. Eso pasó con Mujercitas, en concreto con el ejemplar de una biblioteca pública del Reino Unido —país donde sus padres se trasladaron cuando ella era pequeña—, y la pillaron. “Todo el mundo se puso furioso pero yo tenía unos nueve años y había cosas en ese, y otros libros, que me costaba aceptar, sentía como si el autor me odiara personalmente. No quería que las cosas acabaran así”, recordaba el otoño pasado en Barcelona. “Y luego supongo que pasas de cambiar las historias a escribir las tuyas propias”.

Ella no tardó mucho en hacerlo y en el último curso en el colegio sacó Icarus girl, el primero de los ocho libros que lleva escritos esta precoz y prolífica escritora, una de las voces más particulares del panorama británico, señalada en la lista Granta, y ganadora entre otros galardones del Somerset Maugham y el PEN Open. De aquel debut no quiere acordarse. “No sabía muy bien lo que hacía, me lo pasaba bien contando una historia de terror”, apuntaba. “Con cada libro tienes que empezar de cero de una forma literal. El anterior te sujeta, pero tienes que encontrar un nuevo camino”.

En un puñado de llaves que se trajo de un viaje a Egipto sitúa Oyeyemi el arranque de su primer libro de cuentos recientemente aparecido en España, Lo que no es tuyo no es tuyo (Acantilado). “Las llaves son objetos que puedes tener en la mano, te hacen pensar, sugieren vínculos entre personas, defienden y perturban cosas; con ellas puedes imaginar. Tenía nueve llaves y quería empezar el libro, pero no sabía cómo”, explicaba. Otro viaje, este de promoción de su libro El señor Fox a Barcelona, le abrió el camino. “Visité La Pedrera y me gustó tanto que pensé que era una de las casas de la que me gustaría tener llaves. Cogí una y me puse a escribir”. El resultado es el primer relato de la colección Libros y rosas, una historia protagonizada por una niña negra, que tiene algo de cuento de hadas con jardines secretos en la Barcelona del siglo XIX, y que derrocha tanta libertad narrativa como el resto del libro.

Giros imprevistos

Oyeyemi da giros imprevistos con tal seguridad que en sus mundos todo parece posible. La magia parece algo natural en sus historias. “Es un lujo escribir relatos, es más libre y más delicioso que una novela, algo agotador. Un salto te lleva a otro y un hilo invisible lo une todo. Con los cuentos puedes moverte por distintas asociaciones y símbolos”. Las llaves es uno de ellos y las marionetas que usan los niños protagonistas de otro de los relatos también parecen jugar un importante papel. “El origen de esa historia es el ensayo de Kenneth Gross, Puppets. Ahí se habla de cómo lo inanimado después de un tiempo de estar con nosotros, acaba animado con nuestros recuerdos y aspiraciones, con las cosas que volcamos en los objetos”, explicaba. ¿La literatura le permite hacer un ejercicio de ventrílocua como el de los niños del cuento, y expresar así cosas que de otra forma no diría? “No creo que pertenezca a ese grupo de escritores. Yo como Flannery O’Connor escribo para saber qué pienso”.

Otra de sus historias trata de una fan de un cantante pop que cae en desgracia por un escándalo sexual y logra salir del atolladero aún más triunfal. “No creo que haya que analizar mucho más ahí”, zanjaba, esta confesa admiradora de Alicia en el país de las Maravillas — “ella es la viajera ideal”— y de las escritoras argentinas Mariana Enríquez y Silvina Ocampo.

A Oyeyemi, residente en Praga desde hace seis años, no le gusta hablar de literatura y conexiones nacionales. Rechaza con evidente desdén cualquier vínculo con otros escritores nigerianos contemporáneos que han vivido o se han educado fuera, autores como Teju Cole o Chimamanda Ngozi Adiche. “No siento ninguna conexión, ¿por qué debería? Soy británica, y no me siento arraigada en ninguna tradición más que en la que me he formado con mis lecturas”, respondía. “Cuando la gente me pregunta por cosas relacionadas con el país o el género me quedo en blanco. Yo no pienso así”.

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