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La gran casa del teatro cumple 25 años

José Luis Gómez, creador y alma del espacio escénico madrileño La Abadía, será homenajeado mañana por compañeros y amigos en un acto con el que se inicia un mes de celebraciones

Una representación de 'El arte de la comedia', de Eduardo de Filippo, en el Teatro de la Abadía en 2010.
Una representación de 'El arte de la comedia', de Eduardo de Filippo, en el Teatro de la Abadía en 2010.

El tintineo de una campanilla no ha cesado desde que el 14 de febrero de 1995 se anunciara así la primera función del Teatro de la Abadía, en Madrid. Cuando se cumplen 25 años de uno de los espacios escénicos menos complacientes, más innovadores y valientes en España, la campanilla sigue sonando. Es la señal de que el espectador está a punto de vivir una experiencia más allá de la mera función. Porque La Abadía es más que un teatro: es una casa que acoge a creadores y artistas, un lugar de formación en el que investigar sobre el oficio, reflexionar con la sociedad y lanzar interrogantes sobre la condición humana y la historia.

Han sido 25 años en los que su creador, José Luis Gómez, se ha dejado la piel para hacer de La Abadía un centro de referencia más allá de nuestras fronteras. Sus compañeros y amigos le ofrecen este jueves un gran homenaje en el que lo que más resonará, aparte de la campanilla, será “gracias”. Con Lluís Homar como maestro de ceremonias, Gregorio Marañón, Juan Luis Cebrián, Joaquín Garrigues Walker y Nuria Espert serán algunos de los que participen en este encuentro de devoción por este gran hombre del teatro, en el que habrá también un espacio para las sorpresas. Con una mirada hacia el pasado y otra en el presente y el futuro, se inaugura en La Abadía un mes que, con el título de Instrucciones y prácticas de vuelo y la coordinación artística de la actriz Inma Nieto, aglutinará espectáculos, lecturas, exposiciones, recitales, y otras experiencias.

A sus 79 años, Gómez no solo ha puesto voz y rostro en algunos de los montajes más emblemáticos de este teatro (textos de Kafka, Miguel de Unamuno, Ionesco, La Celestina o Azaña), sino que ha sido el director de 15 espectáculos, desde el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (de Valle-Inclán) con el que se inauguró el centro, y ha dado cobijo a actores y creadores que ahora inundan los escenarios del país. Gómez, académico de la RAE desde 2011, cedió el timón de La Abadía hace ahora un año, cargo en el que le sustituyó Carlos Aladro.

Aunque admite que la naturaleza le dio instrumentos para servir a su profesión, Gómez admite que nunca tuvo demasiada confianza en sí mismo y que su oficio, curtido a base de esfuerzo, ha viajado por momentos de inseguridad. “En el fondo de mi corazón, siempre me ha sorprendido el éxito”, afirma. “Atravieso ráfagas de melancolía, han pasado etapas de la vida y estoy satisfecho porque creo haberlas cumplido con decencia. Me quiero preparar para el tiempo que viene, que es decisivo y espero sea de reencuentro conmigo mismo”, añade el exdirector de La Abadía, para quien este teatro ha supuesto un enriquecimiento personal “extraordinario”, pero un “parón enorme” en su carrera como actor.

José Luis Gómez caracterizado para la obra 'Informe para una academia', de Kafka, estrenada en 2006. ampliar foto
José Luis Gómez caracterizado para la obra 'Informe para una academia', de Kafka, estrenada en 2006.

En 25 años solo ha actuado una vez fuera del teatro que fundó —con Celestina y la Compañía de Teatro Clásico— y dirigido una obra en el Centro Dramático Nacional, La paz perpetua, de Juan Mayorga. No se arrepiente porque su compromiso con la Comunidad de Madrid fue fundar un centro con un modelo de gestión de teatro público diferente y en el que la palabra y el cuerpo estuvieran al servicio de los escenarios. “Sentía que todo lo que hacía era para mí y por mí y empecé a desear hacer algo más grande que yo, algo con otros y para otros”, recuerda ahora sobre la decisión de crear La Abadía, con el lema El placer inteligente del teatro. Así se ha mantenido a lo largo de 25 años, en los que el trabajo físico y verbal han estado en el centro de sus preocupaciones. “He intentado aportar un fortalecimiento de expresividad del cuerpo y de la palabra. Desafortunadamente en España el teatro se asocia al entretenimiento, que también lo es pero nunca en primer término. He querido trasladar la idea del teatro como fuente de placer”.

Exigente con la palabra, Gómez es consciente de que La Abadía ha estimulado las posibilidades del actor, en cuanto al uso de la lengua. “La palabra es un signo de identidad insoslayable de un país y en el escenario esa lengua debe ser transmitida con el mejor sentido y sonido, completado con el cuerpo. Los actores tenemos que ser criaturas elocuentes para servir a la palabra de los poetas”.

La búsqueda de la belleza y la poesía, el compromiso y la lealtad. Así ve Aladro (Madrid, 1970) la historia de “este teatro del arte”, que ahora dirige. Para él, lo más relevante de La Abadía es el modelo europeo que ha aportado y del que solo existe un caso más en España, el Teatre Lliure. “Son entidades que nacen por iniciativa de gente del teatro para dedicarse al servicio público de las artes escénicas desde la autonomía y la independencia de unos creadores que no optan por la vía tradicional del mundo del espectáculo y el teatro complaciente que debe llenar las salas, sino por la cultura como eje troncal de las sociedades del bienestar para no repetir los errores de la historia y acabar otra vez a machetazos o a estacazos. Hoy se ha convertido en toda una necesidad”, asegura. “Los primeros montajes de Gómez supusieron una irrupción brutal en el Madrid de esos años. Una de sus grandes aportaciones ha sido la deontología actoral. Ha logrado un teatro transversal, no elitista, abierto a muchos públicos”, añade Aladro. Es decir, un teatro que es la casa de todos.

Reflexión, humor y rebeldía

25 días de celebración por los 25 años de existencia de La Abadía. Así será el aniversario de este teatro. Exposiciones, recitales y experiencias sobre el escenario conforman este ciclo, cuyo inicio será este jueves el gran acto de homenaje a José Luis Gómez. Pero no solo.

Biografía del silencio. En la adaptación del ensayo del sacerdote Pablo D'Ors (Madrid, 1963) y convertido en todo un éxito de ventas desde su publicación en 2012, se invitará a los espectadores, de la mano de la actriz Yolanda Ulloa, y bajo la dirección de Luis D’Ors, hermano del autor, a una experiencia conjunta para meditar en silencio. 2 de febrero.

Sonora. Tumbados sobre colchonetas y con auriculares, un reducido público vivirá lo que Lara Solano, su creadora, ha denominado “radiosiestas”. 7-9 de febrero.

Cantar de Mio Cid. Con dramaturgia de Brenda Escobedo, José Luis Gómez se acercará al clásico, dentro del proyecto de la RAE Cómicos de la lengua. El académico, que evocará las gestas del Cid Campeador, estará acompañado por la pianista Helena Fernández Moreno. 15 de febrero.

Arrasado deseo. El actor Luis Bermejo llevará a escena un montaje escrito, dirigido e interpretado por él mismo con algunos textos inéditos y nunca representados. Arrasado deseo habla de un hombre anhelante de amor, que busca la alegría a través de la palabra. Un monólogo en el que no faltará el humor. 16 de febrero.

¿Quién dijo que el domingo era día de descanso? Este espectáculo es una propuesta de Juan Codina, el maestro de actores, en el que se lanza un grito de rebeldía y polémica en el arte. Un manifiesto, como obra de nadie y propiedad de todos, lleno de idealismo, compromiso e imaginación. 23 de febrero.

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