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José Luis Gómez cede el timón de la Abadía, teatro que fundó hace 25 años

Carlos Aladro lo sustituirá al frente de la institución, pero el director de escena seguirá ligado al centro. “Nadie me ha pedido que lo deje; es un paso que he meditado”, asegura

José Luis Gómez, en una imagen de 2016.
José Luis Gómez, en una imagen de 2016.

El actor y director teatral José Luis Gómez deja a los 78 años las riendas de la Abadía, el teatro que fundó en 1995 y que en este tiempo se ha convertido en uno de los más emblemáticos de Madrid, no solo como espacio de exhibición sino como centro de producción, investigación y formación de profesionales. Lo sustituirá Carlos Aladro, tal y como decidió ayer por unanimidad el patronato que gobierna la institución, una fundación cultural de gestión privada, pero con financiación enteramente pública, con fondos del Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Aladro, que actualmente es director de dos de los grandes festivales de artes escénicas de Madrid (Otoño y Clásicos en Alcalá), tiene un plazo de un mes para incorporarse a su puesto y firmará un contrato de cinco años, con posibilidad de prorrogar otras tres temporadas.

Ayer por la tarde, “abrumado por la dimensión de la noticia”, Gómez dijo a EL PAÍS: “¿Mi estado de ánimo? Agradecido. Animoso. En plena forma. Sigo con mi vida. Y con mi trabajo. Nadie me ha pedido que me marche; es un paso que he dado y meditado, como todos los que he afrontado en la Abadía. Siempre he dejado paso a otras gentes. Es lo que he hecho también con mi propio tiempo, dejarlo en manos de los otros”. Gómez reiteró que nadie le ha pedido que abandone el cargo.

De hecho, el dramaturgo seguirá ligado al centro como responsable del departamento de Formación e Investigación, con el compromiso además de dirigir o actuar en alguna producción de la institución una vez al año. “Deseo para nuestro teatro y su nuevo director la suerte que nace del esfuerzo en la tarea justa, y me pongo a su disposición para contribuir a ese logro con todas las capacidades de que pueda disponer”, había declarado Gómez por la mañana a través de un comunicado.

El hecho de que su sucesor sea Aladro garantiza una continuidad en la línea de trabajo de la institución, pues fue miembro del equipo artístico de la Abadía de 2001 a 2009, colaborando primero como ayudante de dirección artística y luego en la programación y gestión de la fundación, como adjunto a la dirección y subdirector. Entre 2009 y 2016 fue coordinador del Corral de Comedias de Alcalá de Henares, espacio que gestiona la fundación desde 2005. En 2016 dejó ese cargo tras ser nombrado director del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid. En 2017, asumió también las riendas de Clásicos en Alcalá.

El suyo no es el único talento teatral forjado en la Abadía. Ubicado en una antigua iglesia, allí se han curtido muchos de los actores y creadores que ahora pueblan los escenarios del país, como Ernesto Arias, José Luis Alcobendas, Israel Elejalde, Elisabet Gelabert o Ester Bellver. También ha sido cantera de directores, entre ellos Ernesto Caballero (actual responsable del Centro Dramático Nacional) y el propio Aladro, y ha acogido espectáculos emblemáticos de otros como Miguel del Arco (Veraneantes), Àlex Rigola (El público), Gerardo Vera (La noche XII), Andrés Lima (Hamelin) y Alfredo Sanzol (La ternura).

La Abadía nació también con una clara vocación internacional. Gómez creó vínculos con instituciones europeas como el Piccolo de Milán o el Odéon de París para intercambiar recursos y promover actividades conjuntas. En estos años se han podido ver en este escenario trabajos de reputados directores europeos como Peter Brook, Krystian Lupa, Oskaras Koršunovas y Dan Jemmet.

Nacido en Huelva en abril 1940, Gómez se formó artísticamente en Alemania, París y Nueva York. En los años setenta regresó a España y empezó a trabajar como actor y director de teatro, y participó en películas de cineastas como Jaime de Armiñán, Jaime Chávarri, Manuel Gutiérrez Aragón, Álex de la Iglesia, Pilar Miró y Carlos Saura. En 1978 fue nombrado director del Centro Dramático Nacional, junto a Nuria Espert y Ramón Tamayo, y dos años más tarde, del Teatro Español. En 1995 inauguró la Abadía con Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, de Valle-Inclán, con puesta en escena propia. Desde entonces ha dirigido más de una decena de espectáculos en la Abadía, como Baraja del rey don Pedro, de Agustín García Calvo; Mesías, de Steven Berkoff; Defensa de dama, de Isabel Carmona y Joaquín Hinojosa; y El Rey se muere, de Eugène Ionesco. En los últimos años se ha volcado en la memoria histórica con monólogos como Azaña, una pasión española y Unamuno: venceréis pero no convenceréis.

Con información de Jesús Ruiz Mantilla.

Cuatro hitos en la historia del espacio escénico

‘Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte’. Con esta obra de Valle-Inclán se inauguró la Abadía en 1995. Con una dirección cuidadísima y un elenco de actores muy formados, marcó el rumbo de la institución.

'La paz perpetua’. En 2008, el montaje de esta obra incidió en la apuesta de la institución por los talentos de la dramaturgia española, de la que Juan Mayorga, su autor, era ya uno de los principales exponentes.

‘Celestina’. Además de dirigirla, la adaptación en 2015 de esta obra clásica supuso uno de los grandes desafíos actorales de José Luis Gómez, que se travistió de Celestina, el personaje central.

‘Unamuno: venceréis pero no convenceréis’. Estrenada en febrero de 2018, es fruto de una de las fijaciones artísticas de Gómez en los últimos años: recuperar a grandes figuras del pensamiento español.

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