Crítica | La vida por delanteCrítica
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Neorrealismo rosa

Más de una década después de su última presencia en una película, Sofia Loren, de 86 años, vuelve al cine de la mano de su hijo, el director Edoardo Ponti

Sofia Loren y Ibrahima Gueye, en 'La vida por delante'.

Más de una década después de su última presencia en una película, Sofia Loren, de 86 años, vuelve al cine de la mano de su hijo, el director Edoardo Ponti, en La vida por delante, estrenada en Netflix y que, aunque solo sea por la vitalidad, el porte y la maestría de la actriz, que consigue muchísimo con apenas unos mimbres, tiene visos de evento.

Desde su breve papel en el musical Nine (Rob Marshall, 2009), la protagonista de obras imperecederas como Una jornada particular y Matrimonio a la italiana apenas había participado en un telefilme de 2010 y en un corto de 2014, también dirigido por su hijo (y del productor Carlo Ponti). En La vida por delante, relato social alrededor de la inmigración y la integración, del trauma interior y de la necesidad del olvido, interpreta a una superviviente del Holocausto y exprostituta que regenta un oficioso centro social para hijos de otras mujeres de la calle en su pequeño piso de Bari. Ponti, también coguionista, basándose en la novela del francés Romain Gary La vida ante sí, ya llevada al cine en 1977 bajo el título de Madame Rosa y con otra diva, Simone Signoret, como protagonista, compone una película que podría hacer honor verdadero al llamado neorrealismo rosa, aquel apelativo de intenciones denigrantes inventado por ciertos especialistas para referirse al ocaso de la mítica corriente.

Aunque la variante del neorrealismo rosa se acabara aplicando a estilos muy distintos, desde la comedia negra al melodrama pasando por una cierta commedia all’italiana de raigambre más social, el punto que unía a aquellas películas tardías, en los estertores del movimiento, más cerca de los años sesenta, es que no pretendían alcanzar la autenticidad, la dureza, la gravedad y la inmensa capacidad crítica de las primeras obras de Visconti, De Sica, Rossellini y compañía. Y justo ahí, en versión del nuevo milenio, podría situarse La vida por delante, luminosa, agradable, tolerante y esperanzadora a pesar de su temática, con paralelismos explícitos con Los miserables, y dos estupendos intérpretes al lado de Loren: el prodigioso niño Ibrahima Gueye, y la actriz española Abril Zamora.

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