La monarquía rinde tributo al jefe de Estado republicano

La sobrina nieta de Azaña aguarda su primer contacto con los Reyes actuales en la primera conmemoración oficial en una exposición en la Biblioteca Nacional

Silueta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el Homenaje a Manuel Azaña en conmemoración del 80º aniversario de su muerte celebrado en el Congreso de los Diputados.
Silueta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el Homenaje a Manuel Azaña en conmemoración del 80º aniversario de su muerte celebrado en el Congreso de los Diputados.POOL. Dani Duch/La Vanguardia / Europa Press

“Claro que tiene muchas connotaciones, pero soy una persona de moderación y que el Rey actual pueda ir a un homenaje en España a Manuel Azaña me causa satisfacción y es todo un reconocimiento”. María José Navarro Azaña, sobrina nieta del último presidente legítimo de la II República, no disimula su agrado ante el hecho histórico de poder encontrarse por primera vez con el vigente jefe del Estado. Será otra imagen de la reconciliación nacional, 80 años después del fallecimiento en el exilio de uno de los políticos e intelectuales más relevantes del siglo XX. El Estado inició ayer en el Congreso una serie de conmemoraciones oficiales al más alto nivel de reconocimiento a Manuel Azaña, que culminarán el 17 de diciembre con la inauguración de una gran exposición en la Biblioteca Nacional a la que están invitados los Reyes.

En el salón de los pasos perdidos del Congreso de los Diputados, un espacio en el que tantos políticos y periodistas han forjado durante décadas sus sueños y tumbas y que Manuel Azaña tanto frecuentó, se interpretó este martes al piano sobre las 13.30 horas el pasodoble Suspiros de España, compuesto en 1902 por el maestro Antonio Álvarez Alonso y que luego ha tenido tantas versiones e interpretaciones. En el exilio y la emigración tras el golpe y la dictadura de Franco, la pieza simbolizó la nostalgia de un país y una oportunidad perdida.

La familia viva más directa del expresidente de la II República escuchó así el pasodoble con el máximo respeto tras unas breves palabras de la propia presidenta de la Cámara baja, Meritxell Batet, dirigidas a ensalzar el espíritu “reformista, de consenso y reconciliación” con el que se resume ahora la trayectoria de uno de los políticos más citados de la historia de España. La sobrina nieta de Azaña, María José Navarro, no quiso pronunciar ayer ningún discurso: “No soy de palabras, pero todo esto me sugiere que pasan los años y aún se le recuerda y se le vive”. Y lo observa y lo valora cada vez que visita su tumba en el cementerio francés de Montauban, donde estuvo hace un año con el presidente Pedro Sánchez y donde el Gobierno francés ha habilitado un buzón para recoger las cartas que todavía recibe su bisabuelo. La familia no quiere una repatriación de la tumba ni un funeral de Estado. Piensan que su entierro en el exilio es así todo un símbolo.

Todos los presidentes de Gobierno de esta etapa democrática de España se han nutrido en algún momento de sus mandatos de mensajes, consignas, pensamientos, libros y memorias de Manuel Azaña (Alcalá de Henares, 1880-1940), que fue un político, escritor y periodista que presidió el Gobierno dos veces entre 1931 y 1936 y que llegó a ser jefe del Estado en la II República entre mayo de ese año y 1939. Por eso el encuentro posible con el actual jefe del Estado tiene más valor. “No le conozco, nunca nos hemos visto, pero el hecho de que pueda ir a la inauguración de la exposición en la Biblioteca Nacional es un acto digno de agradecer y que le honra”, concede María José Navarro Azaña, que vive en la casa familiar del expresidente republicano en Alcalá de Henares, donde también se le van a tributar distintos homenajes.

A la conmemoración ahora en el Congreso a Azaña se sumarán varias actividades previstas en las próximas semanas en el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes, la Residencia de Estudiantes y finalmente a partir del 17 de diciembre la exposición con manuscritos y vídeos inéditos en la Biblioteca Nacional. La Casa Real aún no puede ratificar la asistencia del rey Felipe VI a ese acto en el que ya están confirmados el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que quiso estar ayer en el recuerdo en el Congreso, y otras autoridades.

La comisaria de esa exposición, Ángeles Egido León, destaca la relevancia de varias aportaciones de esa muestra hasta ahora inédita en España. Se verán por primera vez los textos originales de Azaña sobre su papel en la llamada rebelión de Barcelona, su detención y la acusación por haber proclamado el Estado catalán, de la que luego fue absuelto; se expondrá el manuscrito de La Vida de Juan Varela; traducciones de varios idiomas (hablaba inglés, francés y algo de italiano y alemán) y se le verá a pie de trinchera durante una incursión de una delegación del Ateneo de Madrid en el frente francés en la I Guerra Mundial. También se escuchará alguna audición con su voz.

Azaña, en su dimensión política, es la identificación de los valores y algunos logros de la República declarada en abril de 1931 (el estatuto de Cataluña, la reforma agraria, el voto de la mujer), pero también se le culpó de su desenlace en la Guerra Civil. La memoria es a veces cíclica y selectiva. Tantos años después, aún este martes Vox se negó a acudir a los actos preparados en el Congreso. El 14 de abril de 1931 huyó de España por Cartagena el rey Alfonso XIII (bisabuelo de Felipe VI) y ese mes se proclamó la República y se constituyó en el Congreso una comisión de responsabilidades sobre su comportamiento o connivencia “desleal” con la dictadura de Primo de Rivera y el impulso de la terrible guerra de África con Marruecos.

En la exposición final, ante la Cámara, puso el punto final a las conclusiones un Azaña entonces como presidente del Gobierno: “Lo más luminoso, lo que quedará como raro ejemplo en la historia de España, es que se haya podido derrocar el régimen en medio de la universal alegría de los españoles, y sin que, ni por el pensamiento de un solo madrileño, pasase ni un propósito de agresión, no ya un acto, y que haya podido caer una Monarquía tenida por milenaria sin que se haya atentado contra una sola persona”. Azaña acabó pidiendo el voto unánime por convicción y conciencia para un proceso político “de resonancia histórica”, no un enjuiciamiento penal y cosechó por aclamación la acusación de “culpable de alta traición”.

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