Las revoluciones de Juan Serrano

Uno de los fundadores del Equipo 57 en París, referente del arte andaluz en el siglo XX, el artista construyó su obra en torno a la colectividad y a la búsqueda del espacio

Juan Serrano (Córdoba, 1929-2020), ex integrante de Equipo 57, ante su mural de la serie "Ópticas" en el Casino de la Exposición de Sevilla, en la que muestra su producción por primera vez desde 1985.
Juan Serrano (Córdoba, 1929-2020), ex integrante de Equipo 57, ante su mural de la serie "Ópticas" en el Casino de la Exposición de Sevilla, en la que muestra su producción por primera vez desde 1985.ALEJANDRO RUESGA (EL PAÍS)

El sociólogo Franz Oppenheimer dejó escrito que la ciencia y el arte son maneras complementarias de explorar el mundo. Un viaje que el artista Juan Serrano (Córdoba 1929-2020), recientemente fallecido, practicó de forma exponencial en una época poco dada a las complementariedades. Comenzó su vida en la ciencia como veterinario y prosiguió en el arte como pintor, escultor, diseñador y arquitecto. Siempre en la búsqueda del espacio plástico y haciendo ese otro tipo de descubrimientos sobre la naturaleza que conviven con la ciencia.

Con 28 años Serrano fue uno de los fundadores del Equipo 57 en París, uno de los pocos movimientos vanguardistas plásticos andaluces de la época, cuya labor creativa y humanista sirvió de puente entre Europa y el sur de la península. Disuelto en 1962, en su manifiesto reivindicaron la función social del arte y el trabajo en equipo frente a la figura del autor individual, además de por democratizar el acceso a la obra de arte. Una revolución con letras capitales en la que la filosofía personal de Juan dejó bien marcada su impronta.

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Muchos años después de aquella aventura, con 91 años y pocos meses antes de morir, Serrano seguía plasmando este ideario artístico que lo acompañó desde su juventud en sus dos últimas obras: la intervención D’Espacio en el el centro tinerfeño El Tanque, realizada en equipo junto al estudio híbrido de arquitectura y cultura Amasce y el músico Vanzetti; y la intervención Alhambra, en el centro de Creación Contemporánea de Córdoba, también realizada de forma cooperativa porque como él no se cansaba de repetir, “lo individual no es real porque todos somos subsidiarios de alguien o de algo y nuestra sustancia es un cúmulo de cosas que hemos recibido”. Dos obras que le inyectaron vida plena en su tramo final del viaje.

Tanto que se adentró en el cubo de Alhambra dos días antes de morir. Sus colores, su geometría y sus espejos le dieron el último aliento de arte. Hoy, estar en el centro de este espacio significa estar en comunión con Juan.

Por todo ello y tras la disolución de Equipo 57, en su viaje artístico personal pero colectivo en el fondo, Serrano se ganó por derecho propio convertirse en uno de los artistas andaluces más importantes del último siglo, referente de muchos creadores de generaciones posteriores tanto en el arte como en la vida, y tan revolucionario como lo fue en los años 50. Una revolución hecha con humildad y sencillez.

Juan fue un enamorado del espacio cuyas piezas e intervenciones son resultado de una profunda síntesis racional y emocional que manipulaba tanto a través de la geometría como de los materiales. Desde 1967 hasta su jubilación Juan Serrano ejerció como arquitecto municipal en Córdoba, otra nueva vida que inició tras el adiós del Equipo, que ha dejado huellas en la ciudad contemporánea como la peatonalización del Bulevar del Gran Capitán. Desde 2014 presidió la Asociación de Amigos de Madinat al Zahra llevando el arte contemporáneo hasta el conjunto arqueológico omeya.

El propósito científico de Juan fue en realidad artístico y humanístico. Un arte con dimensión emocional basado en actitudes tan deseables y nobles como la colectividad, la interconexión y la disolución del yo.

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