El arte abre una ventanilla para resolver angustias

El Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles recupera la ‘Oficina de Gestión de Ideas’ de Valcárcel Medina

La 'Segunda Oficina de Gestión de Ideas' en el Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles, el 2 de octubre.
La 'Segunda Oficina de Gestión de Ideas' en el Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles, el 2 de octubre.

“¿Cómo se puede conseguir que la gente sea amable?”. “¿De qué maneras se puede comprar un piso de determinadas características?”. “¿Qué muerte dar al arte almacenado?”. “¿Cómo conseguir que los alemanes miren a los ojos?”. Estos son algunos de los asuntos que tuvo que resolver en 1994 el artista Isidoro Valcárcel Medina en su obra Oficina de Gestión de Ideas.

La Oficina, con su departamento de dirección, su sala de espera, etcétera, abrió sus puertas en la galería Fúcares (entonces en Madrid, ahora en Almagro) y durante un mes el director y sus ayudantes, Trinidad Irisarri y Daniela Musicco, buscaron soluciones a las inquietudes de los clientes. Se trataba de soluciones imaginativas, creativas, artísticas y, muchas veces, delirantes. El campo de trabajo era infinito. La resolución de los 107 asuntos que se presentaron (19 fueron rechazados) se puede encontrar en un libro publicado en 2019, titulado I.V.M. Oficina de Gestión (Entreascuas editores/CA2M). La administración convertida en arte.

“Se trataba de dar la palabra a la gente, de hacer que la obra estuviera dirigida por el público”, recuerda Valcárcel Medina (Murcia, 83 años), Premio Nacional de Artes Plásticas y referente patrio del arte conceptual. Si bien dentro de esta disciplina es fácil encontrar obra plomiza, pretenciosa e incluso caradura, este artista siempre ha sabido conjugar la profundidad de pensamiento con la frescura del humor y la ironía. “En esta obra había una sátira de la burocratización y de ese ambiente tan serio de los trámites y las oficinas”, señala el artista, “pero, eso sí, un respeto muy profundo por el cliente”. Se tomaban muy en serio las problemáticas, por disparatadas que fueran, y trabajaban con ahínco en las soluciones más poéticas.

Veintiséis años después se ha puesto en marcha la 2ª Oficina de Gestión de Ideas, por iniciativa del departamento de Educación del Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M) de Móstoles. Durante la semana pasada recibieron más de 40 peticiones y en estos momentos andan trabajando en su resolución. Valcárcel Medina no está presente esta vez, debido a la circunstancia vírica, pero ejerce de consejero telefónico y padre espiritual del proyecto: su imagen cuelga en una pared de la estancia, como fuente de inspiración.

En otra pared se leen algunas de las propuestas para esta nueva edición: “¿Cómo parir con placer?”. “¿Cómo vivir del cuento?”. “Posibles rutas terrestres para viajar a Mongolia o a Nepal (o ambas)”. “¿Cómo abrazarse en tiempos de covid?”. A los cinco oficinistas del CA2M, congregados alrededor de una mesa, les sale humo de los engranajes del cerebro. “Estamos siguiendo la norma del máximo esfuerzo para el mínimo resultado”, dice uno de ellos, Carlos Granados.

“Creemos que es importante abrir ahora la Oficina, para tomar el pulso al momento actual”, explica María José Ollero, otra de las trabajadoras que manipulan las ideas. Según han comprobado, las inquietudes de los clientes son más pragmáticas, más pegadas a la tierra, que las de la primera edición. Tal vez se deba a que vivimos en tiempos más precarios y menos optimistas. Aunque algunas preocupaciones se repiten, como la mejora de la gestión de residuos o de la universidad. “Nosotras aplicamos para la resolución de los asuntos las estrategias del arte, que no tienen porque ser las más productivas, pero es que ya existen otros enfoques desde otras instituciones”, señala Vito Gil Delgado.

En la primera Oficina, Isidoro Valcárcel Medina propuso resolver el problema de los residuos lanzando satélites de basura al espacio. Envió cartas a la entonces ministra de Cultura, Carmen Alborch, para explicarle los programas de difusión del arte en las prisiones (sin conseguir audiencia). Ideó un museo en un cajón que no se puede visitar (o bien porque no se cabe, o porque te visita el museo a ti). Preguntó a 58 personas que llevaban en el bolso, para elaborar un recuento de objetos. O reflexionó sobre cómo modificar la gravedad terrestre para crear una piscina subterránea e invertida. “La gran riqueza de esta obra fueron las propuestas de los clientes”, dice el artista, “ahora, pensando en ello, me doy cuenta lo bien que lo pasamos”.

¿No estaría bien que existiese una Oficina de Gestión de Ideas permanente, con muchos funcionarios y subsecretarios? “Pues sería estupendo”, dice Valcárcel Medina, “debería ser una iniciativa pública para resolver las angustias de la ciudadanía, que son muchas. Mejor eso que la cochambrosa gestión que los políticos están haciendo de la pandemia, anteponiendo los intereses económicos y partidistas a la salud de la gente”.

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