Retrato del esplendor renacentista de Sevilla a través de sus gastos

El Archivo Municipal culmina una investigación de décadas con la publicación de los ‘Papeles del Mayordomazgo’, que permite reconstruir la vida de la ciudad entre 1310 y 1591

Sevilla en el siglo XVI, ilustración de Georg Braun y Franz Hogenberg publicada en 1588 en 'Civitates orbis terrarum IV'.
Sevilla en el siglo XVI, ilustración de Georg Braun y Franz Hogenberg publicada en 1588 en 'Civitates orbis terrarum IV'.DEA / A. DAGLI ORTI

“Por cuidar de las puertas de la ciudad, 500 maravedíes para el carpintero Pero Rodríguez. Al verdugo Juan Sánchez, 600 maravedíes. Al procurador de los presos de la cárcel del Concejo, Pero López, 1.000 maravedíes. Al cirujano de la ciudad, maestre Ferrando, 2.000 maravedíes. A los venticuatro, 3.000 maravedíes para cada uno. Al alcalde mayor, don Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia, 28.000 maravedíes…”. La nómina del Concejo de Sevilla de 1455 es mucho más larga y es uno de los cientos de cuentas que el mayordomo mayor tenía la obligación de anotar y pagar cada año; así como cualquier gasto que se hacía para el correcto gobierno de la ciudad. Los llamados Papeles del Mayordomazgo, que excepcionalmente se han conservado en Sevilla casi al completo de los siglos XIV al XVI, se han catalogado, resumido y publicado por primera vez por el Archivo Municipal de Sevilla.

Un trabajo de investigación que inició el archivero Francisco Collantes de Terán entre 1968 y 1980, años en los que catalogó los documentos de 1310 a 1431 que se publicaron en tres volúmenes, y que en 2011 retomó la investigadora Deborah Kirschberg, quien este año ha concluido la catalogación de los papeles de 1432 a 1591, publicados en 10 volúmenes: Catálogo de los Papeles del Mayordomazgo de los siglos XV y XVI.

En total son 6.849 páginas repartidas en 13 tomos que permiten recrear cómo Sevilla llegó a ser la ciudad más poblada de la Corona de Castilla y una de las más pujantes de Europa a principios del siglo XVI. Una urbe que era el gran puerto de Indias, tenía la mayor catedral de la cristiandad (levantada entre 1433 y 1506) y que el emperador Carlos V eligió para su boda con Isabel de Portugal en 1526.

“No es una transcripción, sino resúmenes ordenados que posibilitan a cualquier investigador, sin necesidad de saber paleografía, acudir al documento original. La catalogación termina a finales del siglo XVI porque a partir de entonces la contabilidad deja de ser descriptiva y se convierte en meros apuntes económicos en libros contables”, explica Deborah Kirschberg, licenciada en Historia Medieval por la Universidad de Sevilla.

Los 13 volúmenes, en los que se describen casi 25.000 documentos que emanaron del Concejo de Sevilla entre 1310 y 1591, son una especie de máquina del tiempo para viajar a la Baja Edad Media y el principio de la Edad Moderna. Los historiadores tendrán acceso a toda la actividad del órgano que, en nombre de la corona, gobernaba el Concejo o municipio de Sevilla que entonces, y hasta el siglo XIX, abarcaba no solo la provincia de Sevilla, sino también un centenar de poblaciones distribuidas en 12.000 kilómetros cuadrados en las provincias de Huelva, Cádiz y Badajoz. El trabajo del mayordomo mayor era básicamente cobrar, arrendar bienes y rentas; pagar mediante libramientos lo acordado en las reuniones capitulares y presentar ante quienes fiscalizaban la contabilidad y ante el Cabildo toda la documentación pertinente que justificara los ingresos, los gastos y el balance entre las dos cantidades.

“Normalmente esta documentación económica no se conserva porque al cabo de pocos años pierde sus valores jurídicos o administrativos, por eso apenas se han conservado documentos de este tipo en España, a excepción de casos aislados como las cuentas del Concejo de Piedrahíta, un pequeño municipio de Ávila. Pero nada que ver con el volumen de información pormenorizada sobre la vida cotidiana de la ciudad durante tres siglos que tenemos con los Papeles del Mayordomazgo”, apunta Marcos Fernández, director del Archivo Municipal de Sevilla y coordinador del proyecto.

“A pesar de las abundantes pérdidas, es una sección documental voluminosa, en general en buen estado, con años prácticamente completos. El hecho de que se hayan conservado durante más de cinco siglos puede considerarse realmente excepcional. Son hojas horadadas con un orificio circular en la mitad superior de todos los folios para poder atar y conservar unidos los documentos correspondientes a un determinado período de cuentas, práctica usual en las contadurías, cancillerías y audiencias reales”, explica Fernández.

Los documentos, siempre en poder del Archivo, fueron traslados a principios del siglo XIX al convento de Capuchinos, un edificio desamortizado convertido en almacén municipal, y fue el arqueólogo e historiador José Gestoso –quien dirigió el Archivo de 1897 a 1905– el primero que intuyó su enorme valor, los devolvió a la sede central y los utilizó en sus escritos, lo que también hicieron otros historiadores como Nicolás Tenorio (1896) o Ramón Carande (1925).

Gracias a los Papeles del Mayordomazgo, el Ayuntamiento de Sevilla levantado entre 1527 y 1573 en estilo plateresco, con el que el Renacimiento llegó a la ciudad, es uno de los edificios mejor documentados de su época. Todos los gastos están detallados en los folios horadados que en 1981 sirvieron al catedrático de Historia del Arte Alfredo J. Morales para publicar La obra renacentista del Ayuntamiento de Sevilla.

“De estos libros de cuentas se deduce que el gasto público era muy escaso. Se destinaba algo al mantenimiento de los caminos y de la conducción de agua que llegaba desde Alcalá de Guadaíra y de la que se ocupaban los moros cañeros y las partidas más abultadas eran el mantenimiento del puente de barcas (estructura sobre el Guadalquivir que unió Sevilla y Triana desde el siglo XII hasta mediados del XIX) y las nóminas con el pago de los salarios de autoridades y oficiales”, apunta Fernández.

“Estos legajos nos revelan también que la corrupción ha existido siempre. Por ejemplo, para hacer el libramiento de una cantidad superior a los 1.000 maravedíes la ley decía que el documento necesitaba la firma de 13 oficiales del Concejo para que el mayordomo pudiera pagar. Sin embargo, hay veces que este pliego tiene menos de 13 firmantes y aparece una nota pidiendo que, aun así, se realice el libramiento. O, en otros casos, se presentan dos facturas de 500 y ya no son necesarias las firmas”, apunta Deborah Kirschberg, investigadora alemana de 62 años que reside en España desde los 18.

“El nepotismo era algo corriente. A partir del rey Juan II (1419-1454) los alcaldes mayores, encargados de impartir justicia, y los regidores dejan los cargos a sus hijos que se convierten en propiedad de hecho, no de derecho, de unas cuantas familias”, abunda la historiadora que ha dedicado una década a allanar el camino de todo aquel interesado en el estudio de la Sevilla bajomedieval y moderna.

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