La comedia negra que igualó en ventas a Harry Potter

El presentador Richard Osman se convierte en un fenómeno editorial en Reino Unido con su debut literario, una divertida novela protagonizada por un grupo de ancianos

Richard Osman, en una presentación en Londres en 2019.
Richard Osman, en una presentación en Londres en 2019.David M. Benett

Influido quizás por la figura de su abuelo, que fue policía en Brighton, confiesa Richard Osman (Essex, 49 años) que en otra vida le habría gustado ser detective, pero su periplo ha ido por derroteros distintos antes de encontrarse de nuevo con el mundo del crimen en forma de extraordinario éxito literario. Productor televisivo y rostro reconocido en todo Reino Unido como presentador del concurso de la BBC Pointless, Osman ha protagonizado con su primera novela un fenómeno que no se veía desde que J.K Rowling debutara con Harry Potter y la piedra filosofal en 1997: más de 170.000 ejemplares vendidos en menos de dos semanas en Reino Unido, un contrato por tres libros más y los derechos para el cine adquiridos por Steven Spielberg.

Protagonizada por un grupo de ancianos que viven en un retiro con todas las comodidades, El club del crimen de los jueves (en España publicado por Espasa, con traducción de Claudia Conde) es una novela negra de corte clásico, —idílica campiña y sospechosos que se van eliminando de la lista a medida que avanza la trama incluidos— con una gran baza adicional: un brillante sentido del humor que roza el sarcasmo cuando se aborda a los malos de la película, constructores de medio pelo y matones convertidos en empresarios. “Me divertí mucho creándolos. Hay algo genial cuando uno se pone a escribir sobre tipos duros que son verdaderamente mala gente. Y todos hemos conocido gente así, que se preocupan más por lo que ganan que por el daño que hacen por el camino. Pero también quería que los lectores se rieran y disfrutaran cuando reciben su castigo”, comenta Osman desde Londres.

Ron El Rojo, una antigua gloria de la izquierda sindicalista; Ibrahim, psiquiatra ya retirado; Joyce, la enfermera modosa y resignada, y la enigmática Elisabeth juegan a resolver casos antiguos un día a la semana y así evitan los clubes de crucigramas, bridge y otros pasatiempos, actividades menos originales y más aburridas. Hasta que un día un asesinato en su apacible comunidad pone ante ellos un crimen en tiempo real. Poco a poco vamos sabiendo que Elisabeth, auténtico hilo conductor de esta trama coral, sabía conducir carros de combate, interrogar prisioneros o robar pruebas a la policía porque había sido espía en la Guerra Fría. Sus métodos llegan a ser hilarantes. “Nadie esperaba que esta dulce anciana fuera una antigua espía. Pide muchos favores para poder resolver el caso y esos favores se volverán en su contra en el segundo libro”, deja caer Osman, que ya sabe cómo ir tirando del hilo para atrapar al lector. “Habrá más espías, un robo de joyas y un exmarido o dos”, remata.

“Es mi primera novela y aprendí un montón durante el proceso”, reconoce con naturalidad. “El borrador cambió mucho tras mi trabajo con los editores. Quería que los lectores no supieran quién era el asesino, pero que al mismo tiempo tuvieran las herramientas para averiguarlo”, añade este fan de clásicos contemporáneos de la novela negra escocesa como Ian Rankin o Val McDermid. “Pero mi corazón”, aclara, “está con humoristas británicos, como Muriel Spark, PG Wodehouse, Alan Bennett y Victoria Wood”. Ahora, avisa, que el lector no espere un libro lleno de chistes. “El humor está en los personajes”. La enfermera Joyce interviene en la narración a través de su diario, escrito en primera persona. Al contrario de lo que podría parecer, a Osman le resultó la voz más sencilla y le servía para desengrasar cuando estaba atascado con la trama, que se desarrolla el resto del tiempo en tercera persona y con una estructura bien armada, fruto de un trabajo calculado de sus editores.

Hay, por otro lado, un punto irreal en esta alegre pandilla en edad provecta que juega a los detectives. A Osman no le preocupa. “Sé que para ellos no hay consecuencias. Nadie va a ir a detenerlos, así que se toman la justicia por su mano. Sé que el mundo no funciona así, pero es divertido”. Elisabeth tiene 76 años, con lo que dilemas habituales en este tipo de novelas en serie —sobre cómo evoluciona el personaje, hasta dónde llega o qué hacemos cuando envejezca—, se borran de un plumazo. El presentador ha trascendido el tradicional esquema usado en el negocio —estrella televisiva que saca un libro y aprovecha el tirón de su imagen para vender y promocionarse hasta el aburrimiento— y ahora continúa, tan cómodo, al lado de J.K Rowling: “Espero seguir con este grupo de ancianos durante muchos años”.

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