La pandemia abre una nueva era teatral

Destacados creadores reflexionan sobre los formatos surgidos en la cuarentena, mezcla de artes escénicas y audiovisuales. El CDN apuesta por el ‘streaming’ y HBO anuncia una serie híbrida

Grabación de la obra 'La conmoción' en el teatro María Guerrero de Madrid. En vídeo, las claves de esta representación.ÁLVARO GARCÍA (VÍDEO: LUIS ALMODÓVAR)

La pandemia del coronavirus ha abierto una nueva era en las artes escénicas. Los meses de confinamiento han propiciado una relación inesperada de este viejo arte milenario con las tecnologías audiovisuales y digitales que ha alumbrado formatos híbridos, que beben tanto del lenguaje teatral como del cinematográfico y el televisivo, a los que todavía nadie se atreve a etiquetar, pero con muchas posibilidades de futuro. No solo se han publicado centenares de filmaciones de espectáculos representados en el pasado, sino que muchos artistas se han lanzado a crear nuevas obras concebidas específicamente para su exhibición por Internet.

La exploración ha sido tan fructífera, que ahora que está volviendo la actividad a los escenarios nadie se plantea abandonarla. Este mismo martes la cadena de televisión HBO España anunció un proyecto en esta línea liderado por Irene Escolar y Bárbara Lennie, dos actrices reputadas tanto en el teatro como en el cine, que también participan como productoras. No quieren dar detalles todavía, solo que será una serie antológica de seis episodios que mezclarán ambas disciplinas y que se emitirán en otoño, agrupados bajo el título de Escenario 0.

En el mundo de la escena también hay movimientos en este sentido. Los principales teatros del mundo ya han anunciado su intención de mantener en el futuro “salas virtuales” como complemento a su programación presencial. Uno de ellos es el Centro Dramático Nacional (CDN), la mayor institución de producción pública española, que ha ideado un ciclo de obras escritas expresamente para ser vistas en streaming, en el que ha implicado a grandes nombres de la escena nacional. Empezando por su director, Alfredo Sanzol, que inauguró el ciclo el 26 de junio, hasta Juan Mayorga, Pablo Remón, Lucía Carballal, Pau Miró, Denise Despeyroux, Andrea Jiménez, Noemi Rodríguez y Victoria Szpunberg, además de una veintena de destacados actores.

El ciclo se compone de nueve piezas cortas escritas en los últimos dos meses que se agrupan en tres espectáculos en torno a tres conceptos relacionados con la pandemia y que dan título a cada uno de ellos: La conmoción, La distancia y La incertidumbre. Se representan a puerta cerrada ante varias cámaras para su emisión en directo por Internet, algo inimaginable cuatro meses atrás.

¿Cómo llamar a esto? ¿En qué se diferencia de cualquier otra creación audiovisual? ¿Y del teatro presencial? EL PAÍS reunió la semana pasada en el teatro María Guerrero de Madrid (sede del CDN) a seis de los creadores que participan en el ciclo para recoger sus impresiones. La principal es que todos se sienten aprendices de un nuevo lenguaje sobre el que no hay nada escrito. Un género mestizo que rompe las costuras del teatro y la creación audiovisual.

“Nunca había visto el escenario con la intensidad con que lo he visto en este trabajo. El hecho de usar la cámara no desde el tiro del público como se haría en una grabación tradicional sino siguiendo a los actores me dio una libertad inesperada, hasta el punto de que decidí ampliar el escenario: me di cuenta de que podía usar los camerinos, el patio de butacas, el teatro entero”, resume Sanzol, cuya obra recoge su propia experiencia como enfermo de coronavirus. La fiebre, el desconcierto, el miedo.

Pablo Remón, que además de dramaturgo y director es un reputado guionista, confiesa que le ha dado muchas vueltas al formato. “Precisamente porque he trabajado mucho en el cine, desconfío de la imagen en el teatro. Si hay una cámara, la cámara manda. Y justamente lo que me gusta del teatro es que la imagen no viene dada, sino que se construye en la cabeza del espectador. Por eso lo que más he intentado mantener en mi pieza para este ciclo es la metáfora, la invitación a la imaginación”, explica Remón.

Algo parecido le pasó a la dramaturga Lucía Carballal, que también es guionista de cine y televisión. “Hasta ahora siempre había tenido el lenguaje teatral y el audiovisual muy separados en mi cabeza. Creo que son técnicas muy diferentes y me ha costado mucho mezclarlas. La verdad es que hasta que no lo vea con distancia, no voy a saber qué he hecho. Lo que sí puedo decir es que mi obra empieza de una manera hiperrealista, como lo haría cualquier serie televisiva, pero luego evoluciona hacia un lenguaje más metafórico”, apunta Carballal.

La dimensión metafórica del teatro parece ser clave. Lo subraya también Sanzol: “Al contrario que el cine, donde los lugares en los que transcurren las escenas son literales, en el teatro el espacio siempre es imaginario, claramente los actores están en un escenario y tenemos que imaginar que están donde dicen que están. Eso dispara el lenguaje y las posibilidades de uso de la cámara”.

“¡Qué absurdo! ¡Qué gran estupidez es entregar nuestra alma a un teatro vacío!”. Fue lo primero que pensó el dúo formado por Andrea Jiménez y Noemi Rodríguez cuando recibió la oferta del CDN para escribir y dirigir una pieza dentro de este ciclo. “Pero enseguida nos dimos cuenta de que esa contradicción revelaba algo maravilloso: el teatro vacío es el espejo de lo que le ha pasado a sociedad en estos meses, el encuentro que no puede suceder. Y la función a puerta cerrada es de alguna manera la representación de lo que cada persona ha vivido en su casa durante el confinamiento”, reflexiona Jiménez. Rodríguez añade: “Por eso quizá nos ha salido una obra autorreferencial sobre la cuestión de cómo hacer teatro en esta nueva época, que en realidad es lo mismo que se pregunta cualquier persona en cualquier ámbito: ¿cómo nos acercamos ahora a los demás?”.

Denise Despeyroux, autora de una de las tres piezas que componen La incertidumbre, ha recurrido también a la métafora y ha echado mano de la ciencia-ficción para escribir su pieza. “Durante el confinamiento he leído y oído a tanta gente (incluidos filósofos que admiro) emitir sentencias sobre cómo va a ser el futuro a partir de ahora, que cuando me puse a escribir sentí la necesidad de tomar distancia. Creo que es difícil escribir sobre esto que nos ha pasado teniéndolo todavía tan cerca. Ya que el teatro te permite volar a cualquier lugar, decidí situar mi obra en otra galaxia”, comenta la dramaturga.

¿Y cómo se siente una actriz representando una obra ante un teatro vacío? Habla Fernanda Orazi, una de las protagonistas de La conmoción: ”No me lo planteé durante los ensayos. No me di cuenta hasta que empezaron a venir las cámaras, así que el trabajo previo fue igual que siempre. Pero el día que finalmente emitimos en directo la función, no pude imaginarme a los espectadores en sus casas y sentí una especie de pena que emanaba del patio de butacas vacío. Para mí fue como hacerle al teatro una respiración boca a boca para que aguante hasta que volvamos”.

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