Música

Grandes éxitos picantes del siglo XVII

La soprano Raquel Andueza recupera canciones que las prohibiciones quisieron borrar del patrimonio popular por su contenido sexual

La soprano Raquel Andueza, en Pamplona el viernes 22 de mayo.
La soprano Raquel Andueza, en Pamplona el viernes 22 de mayo.PABLO LASAOSA

La soprano pamplonesa Raquel Andueza confiesa que se sintió “un poco friki” cuando se vio en una ocasión, en la Sala de Manuscritos de la Biblioteca Vaticana, en busca de música antigua rodeada de señores mayores con barba blanca. Criada en un hogar en el que se escuchaba e interpretaba clásica, a los 8 años tocaba el violín. Desde pequeña le atrajeron, sobre todo, las melodías y letras compuestas en los siglos XVI y XVII en España e Italia. Con 14 años empezó a estudiar canto y se marchó a Inglaterra a abrirse camino. “Cuando escuché El lamento de la ninfa, de Monteverdi, me dije: ‘Yo quiero cantar eso”, dice desde su casa en Pamplona. Ese lamento clama: “Amor, ¿dónde está la felicidad que el traidor me juró? / Haz que vuelva mi amor tal como antaño fue, o déjame morir, para que no sufra más”.

Hoy, Andueza no solo interpreta este madrigal en los conciertos con su grupo, La Galanía, con el que ha grabado siete discos, sino que desde su “amor irracional e intenso” por la música antigua, “la que abarca desde la medieval al clasicismo, hasta 1750”, se ha convertido en una rescatadora de “un patrimonio que hay que preservar”, asegura. “Es una responsabilidad porque tenemos que saber de dónde venimos. Y luego hay también un lado hedonista”.

Más explícita es la zarabanda ‘Una batalla de amor’: “El puñal de aquel encuentro/ se lo metió hasta el centro/ y ella, que lo sintió dentro/ con herida tan suave,/ dice 'Ay, cómo me sabe/ un poquito antes que acabe”

Esa doble vertiente se manifiesta en su último disco, El baile perdido, que recoge música “popular, de la calle y las tabernas, pero que acababa llegando a la corte y a la iglesia; son temas que se cantaban y bailaban”, añade. Su delicada voz, acompañada de tiorba, guitarra barroca, violín, arpa doppia y una pizca de percusión, interpreta las letras, a veces lascivas, que ilustraban las relaciones entre hombres y mujeres: “En el jardín del Amor / la niña hermosa estaba, / las naranjitas tomaba / de su mano y con la flor”. Más explícita es la zarabanda Una batalla de amor: “El puñal de aquel encuentro/ se lo metió hasta el centro/ y ella, que lo sintió dentro/ con herida tan suave,/ dice 'Ay, cómo me sabe/ un poquito antes que acabe”.

Los 12 temas del álbum son piezas recuperadas por el musicólogo Álvaro Torrente. “Las partituras habían desaparecido y gracias a Álvaro podemos imaginar cómo sonaban. Lo que se sabe es que las cantatrices los interpretaban con gestos obscenos”, apunta Andueza. Un desenfreno que, como cuenta Torrente en el libreto del CD, llevó a que se “sucedieran censuras y prohibiciones, acompañados de castigos”. “En Madrid, en 1583, se mandó pregonar que no se cantara la zarabanda -el baile quizás más perseguido- bajo pena de 200 azotes y ocho años de galeras, o destierro para las mujeres”.

Sin embargo, este afán por prohibir lo que provocó fue la proliferación de esta clase de bailes libertinos: folías, chaconas, jácaras, gasconas… aunque poetas y músicos no los recogieran por escrito para evitarse problemas. De ahí que hoy su rastro sea escaso. “Acordes por un lado, textos por otro que están en manuscritos… aunque a la vez, esto te permite tener libertad para hacer tuyos los temas, ahora voy más rápido, o lento”, explica la soprano.

Con actuaciones en medio mundo, la voz de Raquel Andueza se ha escuchado en bandas sonoras, como en la exitosa serie Isabel o la película ‘Éxodus’, de Ridley Scott

Andueza sostiene que cada vez es mayor la afición por esta música, como comprueba en sus conciertos. “La gente que viene es más joven que, por ejemplo, la que va a la zarzuela. Les gusta porque son armonías actuales”. La próxima vez que tendrá ocasión de comprobarlo, si el coronavirus da un respiro, será del 5 al 12 de septiembre, en la Semana de Música Antigua de Estella, del que ha sido nombrada directora artística. “Es una cita que lleva celebrándose 51 años”. Las precauciones obligarán a que “haya menos público, quizás prescindiremos de coros, y serán formaciones pequeñas y nacionales”.

Con actuaciones en medio mundo, su voz se ha escuchado en bandas sonoras, como en la exitosa serie Isabel o la película Éxodus, de Ridley Scott. A la espera de que el virus le permita recuperar su vida normal, Andueza acaba de tomar también las riendas de la Asociación de Grupos Españoles de Música Antigua (GEMA), con unas 60 formaciones. “Mi objetivo es proteger al artista, que las condiciones de contratación sean adecuadas porque hay mucho freelance". Y aún le da tiempo a dar clases. A Andueza le chirría muchas veces lo que oye en radios y concursos de talento. “Se canta forzando, estamos en el aplauso al grito, cuanto más se hinche la vena y abramos la boca, parece que se hace mejor. En realidad, todo eso es perjudicial”. Con ella no van “los rugiditos, ni la voz afectada”. “Hay que cuidar las cuerdas vocales, son pequeñas y para toda la vida”.

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