Patrimonio Cultural

El Vaporcito reflota al fin en la bahía de Cádiz

El mítico barco, cantado por Rafael Alberti en sus memorias y naufragado en 2011, se convertirá en un museo

El Puerto de Santa María - 28 may 2020 - 22:30 UTC
El Vaporcito, antes de que se hundiera en el verano de 2011 en el muelle de Cádiz
El Vaporcito, antes de que se hundiera en el verano de 2011 en el muelle de CádizEFE

Rafael Alberti soñó con el Vaporcito como el barco postrero en el que debían viajar sus cenizas. Juanita Reina le cantó en la pantalla como aquella Lola que, embarcada, se fue a los puertos. Los Costus lo pintaron como colorido icono pop. Y comparsista Paco Alba lo encumbró a letra mítica del Carnaval. El Adriano Tercero, esa motonave que unía por mar El Puerto de Santa María con Cádiz, era ya mucho más que un simple medio de transporte cuando una tarde del verano de 2011 naufragó en apenas siete minutos. Hizo falta un mes para reflotarlo y nueve años para que, por fin, un proyecto lo saque de su decrepitud como museo.

Ajado por el siniestro y los años de abandono en un varadero junto a la desembocadura del río Guadalete, el barco es ahora apenas una sombra de lo que fue. Medio de transporte con la capital desde 1929, atractivo turístico para el foráneo, ecléctico icono cultural y patrimonio declarado Bien de Interés Cultural (BIC); ni todos esos atractivos han librado al Vaporcito de verse atascado en casi una década de planes de recuperación que nunca llegaron a buen puerto. Este jueves, el Ayuntamiento de El Puerto ha presentado el último proyecto con el que esperan romper con años de ostracismo. La idea es que el Adriano Tercero pase a convertirse en un centro de interpretación sobre su propia historia, como un barco en dique seco ubicado en la margen derecha del Guadalete.

“Que sea un entorno de memoria histórica de nuestra tierra”, ha explicado el regidor Germán Beardo en el acto de presentación, el primero oficial tras la declaración del estado de alarma. Para lograrlo, el proyecto se basará en una colaboración público-privada entre el Consistorio y la Asociación Cultural El Vaporcito. Es esta entidad la que, el pasado 13 de marzo, rubricó la donación de la motonave con Manuel Ramos, el último propietario que la adquirió tras el siniestro para intentar, sin éxito, restaurarla para volver a navegar. La organización será la que se encargue de recaudar los “entre los 380.000 y 400.000 euros” que su presidente, José María García Flores, estima que serán necesarios para recuperar el barco como museo.

Con ese montante —que pretenden conseguir con festivales benéficos y donaciones particulares— y con la creación de una escuela taller de oficios de la mar, como carpinteros de ribera o rederos, la asociación estiman que el nuevo uso del Vaporcito podría ser una realidad “en unos dos años”, tal y como ha apuntado su secretario José Luis Sara. El plan es que el conocido barco ocupe aún un lugar por decidir en el Paseo Fluvial que ya está en construcción en su primera fase. La museografía interior del buque estará compuesta por material original que la asociación ya tiene reunida: salvavidas, cuadros, fotografías, libros de navegación o el rótulo original del barco.

El Vaporcito ni era ya de vapor, ni fue el mismo barco desde su origen, ni suponía el medio de transporte más rápido para ir a Cádiz cuando un accidente, en agosto de 2011, le provocó una vía de agua que lo hundió en pocos minutos. El naufragio supuso un abrupto final para una saga de motonaves que comenzó el Adriano Primero en 1929. El barco llegó de la Exposición Iberoamericana de Sevilla para sustituir a un embarcación de vapor que explotó entonces. Al primer Adriano le siguieron dos más, el tercero, botado en 1955, era ya el único que sobrevivía económicamente, a duras penas, después que se instaurasen los actuales servicios de catamaranes públicos que conectan El Puerto con Cádiz.

Pero ni las nuevas embarcaciones ni el naufragio han conseguido borrar la potente memoria cultural de una nave que Alberti designó en sus memorias La arboleda perdida como protagonista del último viaje de sus cenizas. Localización de hasta tres largometrajes —La Lola se va a los puertos de 1947, Calle 54 y La Becerrada—, la huella popular más indeleble del Adriano Tercero está en la letra que el comparsista Paco Alba le dedicó en 1965 y que ya es himno oficioso del Carnaval de Cádiz: “Ay Vaporcito del Puerto/cuando en ti me embarco/ cuando en ti navego/ me contagia los recuerdos/ de tus viejos sueños/ sueños marineros”. Ahora, embarcarse de nuevo en el mítico Vaporcito se antoja, por fin, menos onírico.

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