GENTE CON LUZ

Javier Cansado: “Soy freudiano y anal: retengo cosas”

El cómico da por perdido económicamente 2020, pero trabaja más que nunca “altruistamente” y se entretiene con los 100.000 soldados de plomo que colecciona y ha pintado uno a uno durante años

Javier Cansado, en su casa en Madrid.
Javier Cansado, en su casa en Madrid.B.P.

Como detrás de mí, en la videollamada, se ve un cuadro con el rostro de Marilyn, empieza contándome que ve caras. “Sí, tía, en la pared, en el suelo, en una toalla arrugada. Veo caras todo el rato, me miran y me acojono”, suelta. Lo miro en Wikipedia y resulta que tal síndrome existe y se llama pareidolia. O sea, que hablo con un ¿pareidólico? Bien empezamos. Su fondo, por su parte, son las vitrinas donde guarda los “más de 100.000” soldaditos de plomo que ha pintado y envuelto uno a uno en las dos grandes mudanzas de su vida y que protagonizan parte de su ocio los días de encierro. No hace falta que le pregunte. “Pensaba que estar confinado iba a ser tedioso, pero con las rutinas, se pasa el tiempo a toda leche”, confiesa él solo.

¿Se le está haciendo corto el confinamiento?

No, a ver, estoy harto. La gente dice que echa de menos los abrazos, pero no creo que después nos vayamos a abrazar tanto. Lo de los bares, lo entiendo, aunque yo lo que más echo de menos es andar. Andaba cuatro o cinco horas al día. Ahora voy andando a comprar y, como soy una persona adinerada, compro cada cosa en un sitio y así redistribuyo la riqueza.

¿Y qué echa más de más?

Fíjate… La familia. Es que estar todo el día con mi mujer y mi hijo... Nos llevamos muy bien, pero claro, yo estoy siempre de gira y ahora llevamos siete semanas juntos para todo y, uf, un poquito de más sí que nos llegamos a echar.

¿El roce no hacía el cariño?

Al revés, el roce hace el agobio. Y rozaduras que escuecen.

¿Es tan friqui para todo?

Sí. Tengo muchas aficiones y mi problema es que las acumulo. Acumulo pasiones. Aunque cambie una, no deja de interesarme la otra. El humor es una tapadera, lo que me gusta son cosas que no dan dinero. Si pudiera dedicaría todo el día a las aficiones.

¿Diógenes ‘aficional’?

Me vale. Fíjate: me dio por coleccionar tapones de plástico porque se puso de moda, pero es que ahora los colecciono solo azules, preciosos, que no me los toquen.

Como psicólogo titulado que es, ¿podría autodiagnosticarse?

Yo es que soy freudiano, y ya no se lleva. Pero Freud diría que lo mío es un comportamiento anal. De retener. De poseer cosas. Es una cosa escatológica, pero es así. Si te fijas, el coleccionismo es más normal en el varón que en la mujer. La mujer también colecciona, pero no se preocupa tanto. El hombre es como más tonto. Entonces yo creo que tengo ese caracter anal, sí.

¿Cómo de ‘normal’ cree que va a ser este verano con la nueva normalidad?

Profesionalmente estoy jodido porque voy a estar todo el año sin trabajar, con lo cual no voy a ingresar nada. Si a eso le sumas la sensación de peligro dices: esto no es mi vida, parecemos pájaros. ¿Te has fijado en los pájaros? Están todo el rato como agobiados. Yo odio a los pájaros, porque los animales, cuando hay un peligro, huyen y ya está, pero los pájaros están todo el tiempo así como nerviosos. Todo el tiempo, tía. Entonces, creo que el ser humano este verano va a ser pájaro.

¿Cómo lleva ser el más añoso de sus colegas humoristas?

Hombre, creo que estoy vigente. Mi cabeza todavía no vive del pasado, sino del aquí y el ahora. Pero hay algo generacional que hace que no acaben de sentirte suyo ni que ellos se sientan tuyos. Puede que hagamos el mismo planteamiento cómico, el absurdo, lo que quieras. Pero yo hablo de mis hijos y ellos hablan de sus padres. Y eso es así.

¿Se está llamando viejo?

Hombre, yo me doy cuenta de que esto se está acabando. Estoy en forma, me cuido, pero ahora mismo, en mi momento vital, estoy viéndole las orejas al lobo y todo lo hago por salud. Hago autofagia, por ejemplo. Ceno a las seis y no tomo nada hasta el día siguiente, y, como me funciona, lo hago. Antes pensaba que el mundo me necesitaba. Bueno, el mundo… la Comunidad de Madrid, tampoco quiero ser tan ambicioso. Pero empiezo a pensar que esto no es lo que era y tengo que cuidarme.

¿Se hace gracia a sí mismo?

Cuado improviso sí, lo reconozco. No me puedo ver ni oír. Pero hay momentos en los que la idea me viene antes de contarla y soy tan estúpido que me río, no puedo evitarlo. Según voy hablando, eso se va realimentando, y me vienen ideas que me río, tía, me descojono, balbuceo. Y digo, joder, que tengo 63 años según Wikipedia. ¿Cómo puedo balbucear por un chiste mío? Soy tonto. Pero no puedo evitarlo, me hace gracia.

¿Y qué no le hace ni pizca?

La política. No me hace ni puta gracia. Me distrae de la vida. Intento no encabronarme, pero me altera, es el tema que más me agobia siempre. No puedo superarlo. Cuando escucho a uno me parece bien y cuando escucho al que dice lo contrario también me parece bien. Es que para mí la palabra es un contrato, y que la usen en vano no puedo soportarlo.

¿No se aburre de sí mismo?

Bueno, lo que creo es que hablo demasiado. Y a veces meto mucho la pata porque hablo mucho y el caso es que no me gusta hablar. Hablo sin parar, cualquier cosa me sugiere algo, la charla contigo, la radio, la comida con mi mujer y mis hijos… Y luego digo, ¿qué me está pasando? ¿Por qué hablo todo el rato, si no me gusta hablar? Mira otra patología, ya me has sacado dos. Qué desastre.

También podríamos hablar de su querencia a hablar de dinero.

Sí, claro, es que los niños pobres…Yo he sido un niño muy feliz, pero ibas a casa de un amigo que tenía calefacción y te molaba. Decías: ostras hay gente que vive bien. Entonces el dinero me gusta mucho. Y me gusta hablar de dinero porque hay algo como escatológico, volviendo a Freud. Es como si tuviera algún pecado original. El problema no es la desigualdad, sino la pobreza. Entonces, que haya gente rica, pues ole. Yo he ganado mucha pasta, lo he hecho en buena lid y no lo oculto. Además, si tengo un millón, he pagado otro a Hacienda, y algo de eso te toca.

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