Timothy Snyder: “Me preocupa que líderes autoritarios saquen provecho del sufrimiento”

El historiador estadounidense, autor de ‘Sobre la tiranía’, cree que el ser humano no puede olvidar que es un animal “y por tanto expuesto a contraer enfermedades”

El historiador estadounidense Timothy Snyder, en Madrid en 2018.
El historiador estadounidense Timothy Snyder, en Madrid en 2018.VICTOR SAINZ / EL PAÍS

Timothy Snyder, historiador estadounidense, advirtió hace tres años sobre las consecuencias de la mentira alentada por Donald Trump como forma de gobierno en Estados Unidos. Lo hizo en Sobre la tiranía (Galaxia Gutenberg). Fue un breviario que advertía de los peligros que suponía para el periodismo y para la sociedad la imperiosa entrada del presidente de Estados Unidos en el reino de las fake news. Ese libro tiene ahora un epílogo dramático en las consecuencias mediáticas y políticas del drama sanitario por el coronavirus. Snyder (Ohio, 50 años), vestido con una camiseta de la universidad donde enseña, Yale, atiende a EL PAÍS por Facetime desde su casa en New Haven (Connecticut, EE UU).

Pregunta. ¿Cómo se las está arreglando usted?

Respuesta. Imagino que como todo el mundo. Procuro cuidar a mi familia, intento guiar a mis hijos con las tareas. Intento encontrar una nueva rutina que me permita trabajar al principio y al final del día, mientras que en la parte central la dedico a mi familia. Me encuentro bien. Hay mucho en lo que pensar. Este es un problema objetivo y un problema político. Y hay mucho que pensar en términos históricos, y procuro trabajar en eso.

P. ¿Ha encontrado razones para sentir miedo? ¿El miedo es un argumento en estas circunstancias?

R. Es muy, muy importante. Personalmente no tengo miedo. Lo que me preocupa de verdad es el miedo político. Me preocupa que una catástrofe, que puede ser incluso propiciada por un Gobierno, se pueda utilizar para ayudar a consolidar el poder en ese mismo Gobierno. Me preocupo por la política del miedo. La política del miedo es muy importante en mi país porque, cuando enfermamos, realmente no tenemos adónde ir. No sabemos cómo hablar de la enfermedad. Tenemos un sistema sanitario muy pobre. El problema no es solo que la gente se esté muriendo. El problema es que además la gente tiene miedo a morir, y no sabe cómo resolver este problema.

P. Usted ha escrito sobre varios escenarios de desastre. Este ha sido causado por un virus, no por dictadores. Parece una novela de misterio. ¿Tiene la sensación de que este tipo de misterios pueden reaparecer para dirigir la humanidad por algo que no comprendemos?

R. A nivel profundo el problema es que nos permitimos estar alienados del mundo que nos rodea, alienados de la naturaleza. Lo cierto es que somos animales y como tales estamos expuestos a contraer enfermedades. Si nos olvidamos de esto, nos sentiremos vulnerables. Las pandemias ocurren, son una parte importante de la historia de la humanidad, eso lo sabemos. Tienen un aspecto alarmante, porque son invisibles, pero la verdad es que ahora estamos mejor preparados que nunca en la historia para entender una pandemia. El problema no es nuestro entendimiento objetivo de la situación, es que algunos países tienen gobernantes que deliberadamente lo malinterpretan y dificultad que otras personas lo entiendan bien. Lo que ha ocurrido, por ejemplo, en Estados Unidos es que tenemos un Gobierno que deliberadamente no hizo pruebas a la gente, y eso propició que hubiera toda clase de incertidumbres y miedos, creando esa sensación de misterio. Esto no debe ser algo misterioso. Debemos tener personas competentes al mando, en quienes confiemos. Si confiamos en los que mandan no tendremos tanto miedo y no habrá tanto misterio y nos resultará más fácil ser libres. Lo preocupante es que la gente autoritaria saque tajada de la confusión y del misterio.

P. Sobre la tiranía parece tener un tremendo epílogo en este asalto de la mentira que ocurre en tiempo de pandemia…

R. Traté de escribirlo de modo que fuera relevante en el futuro, y tengo noticias de que por el mundo lo están volviendo a leer. El asunto de la fidelidad a los hechos es muy importante ahora mismo. Trump es un ejemplo de alguien que es capaz de lanzar al aire desinformación en un momento en que lo que necesitábamos eran simples datos. Trump afirmó que no teníamos esta enfermedad en Estados Unidos, pero el único motivo de que nos pareciera así era que no estábamos haciendo las pruebas. Esto es muy similar a los comportamientos autoritarios alrededor del mundo. Los rusos hicieron algo muy parecido: dices que no lo tienes, pero resulta que sí lo tienes, y entonces echas la culpa a otros. Como no te enfrentaste a los hechos ahora tienes un gran problema, y utilizas ese problema para culpar a otros. Así pues, en Estados Unidos, Trump culpa a los gobernadores de los Estados, culpa a los demócratas, culpa a la OMS. El hecho de que haga caso omiso de los hechos se convierte en una razón para llevar a cabo prácticas autoritarias, algo que está ocurriendo de manera bastante general.

P. En su país, en el Reino Unido, en Brasil, por ejemplo, se niega la realidad, se manipula la verdad, como si esta fuera maleable, como si fuera ficción…

R. El virus es un ejemplo muy claro de que hay verdades científicas, de cómo la naturaleza opera con sus propias reglas, y no podemos cambiar esas reglas simplemente no hablando de ellas. Sin embargo, a los humanos se nos da muy bien eso de creernos las ficciones durante un tiempo muy largo, y a veces, cuando sufres a causa de una ficción, te convences aún más de que esa ficción es verdadera. Por tanto, lo importante es parar el sufrimiento, porque los peores líderes autoritarios encuentran maneras de hacer que ese sufrimiento opere en su favor. Si no afrontas los hechos, si te dedicas a contar mentiras, consumes el tiempo que necesitas para salvar vidas. En Estados Unidos están muriendo decenas de miles de personas que no tenían por qué haber muerto. Tuvimos tiempo de sobra para prepararnos. Podíamos habernos fijado en lo que se estaba haciendo en otros países, pero no lo hicimos, porque tenemos un líder que cree en la brujería y no en la ciencia. Nos hablaba de milagros, nos contaba que esto se iría por arte de magia, por su propio pie. La realidad se acaba imponiendo, pero ellos jamás lo reconocen. Nosotros, como ciudadanos particulares, tenemos que ser capaces de recordar: “No, lo que dijiste antes fue esto y estabas equivocado, y eso tuvo un coste”. Una de las maneras en que funciona el autoritarismo es que la gente se habitúa a que les mientan, hasta el punto de que les resulta atractivo y esperan que les mientan, quieren que les mientan, y una vez que caes en esa situación olvídate de que te devuelvan tu democracia.

P. ¿Cuáles cree que van a ser las consecuencias de las manipulaciones de hoy en el aspecto democrático y político?

R. Creo que la democracia tiene buen aspecto, objetivamente. Países como España, Italia y Alemania, que han sufrido la epidemia con muchísima virulencia, tenían, no obstante, periodistas que escribían sobre lo que estaba ocurriendo y tuvieron respuestas de salud pública que fueron relativamente rápidas. Esta epidemia es mala para todo el mundo, pero cuando vives en una democracia tienes alguna idea de lo que está ocurriendo y alguna capacidad de darte cuenta de que tus líderes te están ayudando o de ver que no lo están haciendo. Tengo la impresión de que en los países del Este de Europa la democracia va a tener incluso mejor aspecto que antes de la reacción, porque en sitios como Rusia o Estados Unidos, en los que los líderes te mienten, y donde la prensa muchas veces es demasiado débil para plantarles cara, mucha gente va a morir innecesariamente. Creo que esto podrá restar algo de atractivo al autoritarismo, al menos fuera de esos países. Mi preocupación es que haya algunos líderes autoritarios que sean lo suficientemente hábiles para sacar provecho del sufrimiento, y eso es claramente lo que está tratando de hacer Trump. Él no quiere que acabe el sufrimiento, quiere que se mantenga dentro de ciertos niveles, para después canalizar ese sufrimiento en contra de aquellos a los que define como sus enemigos día a día. Pienso que la pandemia supone una oportunidad para que la democracia demuestre cómo funciona, pero desgraciadamente también es una oportunidad para que los líderes autoritarios hábiles como Trump sigan adelante con una política del sufrimiento. La política carece de finalidad, carece de verdad. Lo único que vale es la habilidad del líder para decidir quién es culpable y quién es inocente, a quién toca echarle la culpa. La política se convierte en una producción diaria de inocencia y culpa.

P. Hace tres años usted le hizo un gran regalo al periodismo, aquel libro contra la tiranía de la mentira. ¿Cuál cree que debe ser hoy el papel del periodismo con respecto a la manipulación?

R. Esta pandemia ha mostrado la enorme importancia del periodismo local. Una de las razones por las que estábamos tan confundidos en Estados Unidos es porque no tenemos periodistas locales que puedan hablar de la enfermedad allá donde ocurre. Por ejemplo, cuando llegó a Seattle, Washington, no teníamos suficientes reporteros para informar de ello. Según se iba extendiendo la enfermedad a lo largo y ancho del país, no teníamos reporteros que pudieran informar sobre todas las personas que llegaban a los hospitales y lo que eso significaba. Siempre vamos a remolque, porque no tenemos reporteros locales. Pienso que la falta de reporteros locales es muy peligrosa para toda clase de políticas, y lo estamos viendo con esta enfermedad. Los periodistas sirven un poco como banco de memoria. Si escribes sobre lo que hacen los líderes un día cualquiera, al menos tienes la oportunidad de pillarles cuando tratan de corregirse o cambiarse de traje más adelante. Esta es una de las pocas cosas que han podido hacer los periodistas con Trump. Le recuerdan a él, y al pueblo estadounidense, que ha cambiado su discurso radicalmente. Lo tercero que pueden hacer los periodistas, y creo que van mejorando en esto, es en ser acérrimos defensores de los hechos. The New York Times y The Washington Post se han movido en esa dirección y me parece muy importante. Tiene que haber un componente moral en esto. Tenemos que decir: “Los hechos son nuestro trabajo, los hechos importan, los hechos son reales, conocer los hechos beneficia al público y por eso estamos comprometidos con los hechos”. Es imposible subrayar en exceso lo importantes que son los periodistas en tiempos de enfermedad, porque los periodistas permiten la transmisión de información veraz al público, y eso a su vez permite al público criticar a sus gobernantes. Múltiples estudios han mostrado que esta es la forma de controlar la enfermedad. Hay un estudio en la publicación médica británica The Lancet, de 2019, que incide en que precisamente la transparencia ayuda a controlar las enfermedades. Pero la transparencia no viene por sí sola, es algo que se tienen que trabajar los periodistas.

P. Usted habla de las instituciones como guardianes de la decencia. ¿Está en peligro la decencia?

R. Por supuesto que la decencia está en peligro. Es muy triste ver cómo instituciones en todo el mundo, que en otro tiempo tenían una reputación intachable, ya sea el Tribunal Supremo de Polonia o el Tribunal Supremo de Estados Unidos, se vuelven terriblemente politizadas, y pierden el respeto que una vez tuvieron. Es una pauta muy significativa que el autoritarismo a menudo funcione a base de corromper las instituciones. Por ejemplo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, del que nos sentíamos orgullosos hasta hace bien poco, ha sido corrompido de arriba abajo. Lo dirige un hombre, William Barr, que no cree en el sistema de Derecho en absoluto. Dicho esto, no podemos prescindir en las instituciones. Precisamente porque los autoritarismos las corrompen, tenemos que hacer lo posible para defenderlas. Además de proteger las instituciones, también es importante construirlas. Esta enfermedad nos va a llevar a nuevas coaliciones, va a propiciar nuevas relaciones que antes no existían, y cuando pase, o cuando la tengamos controlada, algunas de estas coaliciones y relaciones nos ayudarán a crear nuevas instituciones, nuevas formas de sociedad civil. La razón por la que las instituciones nos conectan con la decencia es que nos permiten estar juntos, nos permiten crear reglas, nos permiten crear pautas de comportamiento a lo largo del tiempo. Eso sigue siendo igual de importante que siempre. Tenemos que rescatar las instituciones que aún tenemos, y después nos tocará pensar creativamente para construir nuevas instituciones.

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