Día del Libro

El año en el que el Día del Libro fue virtual

Editoriales, autores y librerías trasladan a la Red las actividades del Sant Jordi más atípico. La evolución de la pandemia arroja dudas sobre la idea de trasladar la celebración al 23 de julio

El Día Mundial del Libro vivirá hoy su jornada histórica más paradójica: será la primera edición virtual, con las librerías cerradas y sin gente en las calles en busca de la dedicatoria de sus autores favoritos, postal especialmente dolorosa en Cataluña, donde la festividad de Sant Jordi abarrota las ciudades y tiene una fuerte carga simbólica. El confinamiento por el coronavirus ha dejado el ritual del paseo y la compra de la rosa, el libro y las firmas en un aluvión de sucedáneos de todo ello en las redes sociales, en el marco de una precariedad económica sin precedentes en el sector. Que el libro no se haya considerado (oficialmente) producto esencial ha perjudicado a toda la cadena en uno de sus periodos clave de ventas, con el 23 de abril y la Feria del Libro de Madrid (finales de mayo) como fechas fetiche.

No hay canal en las redes sociales en el que editores y libreros no intenten mantener el espíritu de la jornada, reproduciendo incluso la franja de la vida real (de 9.30 a 22 horas), pero será Instagram quien concentre más actividades, en buena parte porque es ahí donde los dos grandes sellos españoles muestran músculo. Así, Penguin Random House Grupo Editorial moviliza a unos 80 autores en un sinfín de entrevistas, charlas y sorteos, uno de los cuales permitirá un encuentro digital restringido a cinco personas con, entre otros, Bernardo Atxaga y Eva Baltasar. Un Facebook Live de Isabel Allende (21.30 horas) cerrará su estand virtual.

Dedicatoria genérica y descargarse gratuitamente el primer capítulo del libro, así como instrucciones para hacer rosas de papiroflexia, son opciones que ofrecen también las editoriales del Grupo Planeta, que ha reclutado a unos 200 autores, algunos de los cuales contarán anécdotas vividas en jornadas como las de hoy… reales, pero de otros años. Sólo entre los 70 autores en catalán del conglomerado se habían contabilizado ayer 3.000 descargas en 24 horas. Charlas entre autores y editores en las webs de las editoriales, dibujantes mostrando en Youtube sus procesos creativos o librerías que ceden su Twitter para que a cada hora escriba un autor invitado son algunas de las miríadas de apuestas de, entre otros, Roca Editorial, Nórdica o La Calders, en un frenesí virtual que ha alcanzado incluso a la policía catalana: los Mossos narrarán cuentos infantiles desde su Instagram.

Libros, como sucede desde el inicio del confinamiento, pueden conseguirse. Amén de los que se compran en quioscos y papelerías, donde esta semana se ha notado mayor movimiento, la solución ha venido de la venta online, gracias al resquicio que deja para el comercio electrónico el estado de alarma. Unas 200 librerías estarían vendiendo ejemplares en España por ese canal desde el 16 de marzo, con gran actividad en grandes librerías y tiendas como Casa del Libro, FNAC, Amazon y El Corte Inglés o en Todostuslibros.com, plataforma de venta por Internet de la Cegal, la patronal del sector. Libelista, que agrupa a 112 librerías independientes, alertaba de que no podía garantizar la entrega para hoy de lo solicitado desde el 14 de abril “a causa del gran volumen de pedidos de estos días”.

El reto del ‘e-commerce’

Librerías y sellos independientes se han unido para vender por ese canal, única fuente de ingresos desde hace más de un mes ante el cierre físico de las tiendas, insuflados de vales y promociones. El e-commerce, sin embargo, ha desatado una notable polémica en el sector, escindido entre quienes mantienen el reparto a domicilio y quienes defienden que sólo puedan recogerse los ejemplares en las librerías cuando reabran por cuestiones ética. Tras esas querellas, asoma el temor al colapso económico total de editoriales y librerías pequeñas, en muchos casos sin músculo para mantener un fuerte canal online que se ha descubierto como el talón de Aquiles del sector.

Los temores no son infundados: siete de cada 10 catalanes no prevén comprar hoy ni un libro, ni la tradicional rosa, según una encuesta de la televisión autonómica. Más inquietante es que de los que sí lo harán, casi el 60% piensa hacerlo vía Amazon, frente a un 35% que apostará por su librería de confianza. El panorama de las rosas es aún peor: el sector espera vender unas 400.000, muy lejos de los siete millones del año pasado.

La urgente necesidad de inyectar dinero a la cadena del sector llevó a la Cambra del Llibre de Catalunya el 13 de abril, junto al Gremio de Floristas, a anunciar el traslado de la parte callejera de Sant Jordi al 23 de julio para no saltar el rubicón del verano, si bien la evolución de la pandemia empieza a poner en duda la fecha y no se sabe qué actividades masivas se podrán realizar. “Somos conscientes de que ese día todavía se tendrán que mantener medidas de distancia social para proteger la salud de todos, pero ya pactaremos con las administraciones para encontrar fórmulas o escenarios diferentes apropiados para celebrarlo con la máxima garantías”, afirmó el presidente de la Cambra, Patrici Tixis. El Día del Libro es una fiesta, pero también un negocio: en 14 horas se facturan unos 22 millones de euros.

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