Samuel Kishi Leopo | Cineasta mexicano

“Los artistas tenemos la responsabilidad de ponerle rostros a los números de la migración”

El realizador mexicano Samuel Kishi Leopo triunfó en la Berlinale con una historia autobiográfica que cuenta su vida como niño migrante en Estados Unidos

El cineasta mexicano Samuel Kishi Leopo en una imagen de archivo.
El cineasta mexicano Samuel Kishi Leopo en una imagen de archivo.Clasos (LatinContent via Getty Images)

Samuel Kishi Leopo vivió en carne propia la experiencia de ser un niño migrante en Estados Unidos. Su madre decidió un día dejar México y trasladarse con sus dos hijos a un barrio difícil de Santa Ana, en California, en busca de un trabajo y mejores condiciones de vida. Cada día dejaba a los pequeños encerrados en un derruido departamento, con una grabadora como única compañía. En ella, la mujer hacía grabaciones con las reglas de la casa y expresiones en inglés para que sus hijos aprendieran la lengua de su nueva tierra. Ellos las escuchaban como consuelo para nos sentirse solos. Encerrados todo el día se inventaron un mundo de juegos e imaginación, pero también vivían bajo el temor a ser deportados, a sufrir la violencia, la falta de dinero, el vivir en condiciones precarias. Esa experiencia como migrante la ha plasmado Kishi (Guadalajara, 36 años) en Los lobos, una cinta alabada por la crítica, que obtuvo el Gran Premio del Jurado en la sección Generation KPlus de la 70 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín. “Es un sueño surrealista. Jamás pensé ganar un premio tan importante. Fue muy emocionante para mi madre”, cuenta el cineasta en conversación telefónica con EL PAÍS desde Miami, donde se había quedado varado luego que se suspendiera el Festival Internacional de Cine de esa ciudad a causa de la emergencia provocada por la crisis del coronavirus. En esta entrevista Kishi habla de su experiencia como niño migrante, la importancia del cine para visibilizar los traumas de quienes deben dejar sus países por motivos económicos o por la violencia, pero también sobre la postura de políticos como Donald Trump, que demoniza la migración, o el mexicano Andrés Manuel López Obrador, que ha convertido a México en un muro para los migrantes centroamericanos que esperan llegar a Estados Unidos. “Mientras nuestros líderes mundiales, líderes como Donald Trump, no hagan un ejercicio de empatía, las cosas no van a cambiar”, afirma.

Pregunta. Esta es una película autobiográfica, basada en tus experiencias de infancia. ¿Qué peso ha tenido en su vida haber sido un niño migrante?

Respuesta. Toda la película está contada desde el filtro o la visión de los niños. Ha tenido un peso muy grande en mi vida. En aquel momento recibimos ayuda de otros migrantes y para mí el tener esa solidaridad me hizo crecer, me hizo ponerme en los zapatos de los demás. También como cineasta, porque como artista tienes que ser empático con todos tus personajes. De alguna manera esos migrantes me sensibilizaron, aprendí muchas cosas de la resiliencia, de mi madre, de los demás migrantes con los que pude convivir. Hubo momentos muy fuertes, pero siempre me llamó la atención que, a pesar de la oscuridad, siempre había algo de luces.

P. ¿A qué momentos difíciles se refiere?

R. Tuvimos que dormir en el piso, estar encerrados, con temor a que llegara la policía migratoria en algún momento, que nos regresaran, el acoso laboral a mi madre, la falta de dinero. Pero siempre mi mamá nos cuidó, no fuimos niños abandonados al 100%. Nunca me sentí completamente solo. Y a pesar de todos estos problemas ella siempre procuró que hiciéramos equipo para resistir a todo eso.

P. Su película llega en un momento cuando la migración es demonizada por líderes como Donald Trump, en Estados Unidos. ¿Qué opina del discurso de odio, antiinmigrante, que llega desde el poder?

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R. Es una jodidez absoluta. Mientras nuestros líderes mundiales, como Donald Trump, no hagan un ejercicio de empatía, las cosas no van a cambiar. Deben entender que la gente no quiere salir de sus casas y mudarse a otro país, lo hacen porque tienen necesidades. Los niños en el Festival de Berlín hacían preguntas que eran muy medulares como ¿por qué esa familia tuvo que mudarse de su hogar? ¿Por qué tuvo que irse a otro lugar donde ni siquiera hablan su idioma? Hacían un ejercicio de empatía y se cuestionaban. Porque las personas no dejan sus lugares así simplemente, hay razones más profundas, más poderosas, dentro del fenómeno migratorio. Nuestro presidente [Andrés Manuel López Obrador] se la pasa hablando del neoliberalismo, las guerras, el narco, la hambruna, que hacen que la gente migre. Son temas que requieren soluciones inmediatas, pero cerrar fronteras no es una respuesta a eso. Necesitamos humanidad.

P. López Obrador ha convertido a México en un muro para los migrantes de Centroamérica. ¿Qué opina de su política migratoria?

R. Volvemos a ver la migración solo como números, no ponemos rostros. No hacemos este ejercicio de empatía. Creo que nosotros como cineastas, realizadores, artistas, sí tenemos una responsabilidad social, que es darle rostro a los números, para poder confrontar el discurso de odio, para que los líderes mundiales, empresarios, las personas podamos encontrar juntos las respuestas a estos problemas.

P. Como persona que vivió como migrante, ¿qué siente cuando ve este trato hacia quienes emigran?

R. Con una profunda decepción, con coraje. Vivimos en mundo de discriminación, lleno de injusticia. Es doloroso. Por eso es muy importante en respuesta a estas cosas crear arte, visibilizar a los invisibles. Toda esa impotencia, ese coraje, estas emociones, las canalizo con mis historias, porque siempre logramos mayor empatía por medio del relato.

P. ¿Qué tipo de cine le gusta hacer?

R. Yo lo llamo de realismo social. Uno de mis cineastas favoritos es Aki Kaurismäki, porque me gusta cómo retrata a la clase trabajadora, con una gran dignidad. Sus personajes e historias son luminosas y eso hace que ames a los personajes y te sientas identificados con ellos, que cuando lloren tú también sufras con ellos. Y es lo que estoy buscando, esa empatía, porque estoy haciendo un cine que sea puente. No me gustaría hacer cine solo para los festivales, para los críticos, sino un cine accesible a otro tipo de espectadores, que puedan sentir y hacerse preguntas.

P. ¿Un cineasta debe tener un compromiso político?

R. Un compromiso social. En México muchas de las películas que hacemos son financiadas con recursos públicos, por lo que es importante hacer valer esos recursos, que son del pueblo. Es importante contar historias que hablen de nuestra idiosincrasia, de nuestras penas, de nuestros dolores, de nuestras alegrías. No podemos hacer un cine egoísta, masturbatorio.

Sobre la firma

Carlos Salinas Maldonado

Redactor de la edición América del diario EL PAÍS. Durante once años se encargó de la cobertura de Nicaragua, desde Managua. Ahora, en la redacción de Ciudad de México, cubre la actualidad de Centroamérica y temas de educación y medio ambiente.

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