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John Giorno, poesía más allá de sus límites

El creador neoyorquino, fallecido a los 82 años, buscaba desbordar el texto hacia otros territorios artísticos

John Giorno, en una imagen sin datar.
John Giorno, en una imagen sin datar.

Nacido en 1936 en Nueva York, los 82 años de la vida de John Giorno han estado marcados por la búsqueda de la poesía fuera del plato de la página, de la creatividad como una energía de intercambio y transferencia. El creador falleció el pasado viernes.

Su obra poética obedece a un intento no solo de saltarse las limitaciones convencionales de los lenguajes artísticos sino, sobre todo, de dar con planes excitantes que los lenguajes artísticos puedan realizar juntos.

Las primeras lecturas poéticas de adolescente que dejaron huella en Giorno fueron Canción de amor de J. Alfred Prufrock y La tierra baldía, de T. S. Eliot. Esas lecturas, junto a la actuación de Dylan Thomas representando, con seis actores profesionales, su largo poema Bajo el bosque lácteo, le cambiaron la idea de lo que la poesía y su capacidad performática podían ser. Sus siguientes puntos de referencia fueron Allen Ginsberg, en particular Howl, y los beats, tanto en sus textos como en sus representaciones públicas, en las que advirtió una suerte de energía afín a la del rock.

Se graduó en la Universidad de Columbia y en 1958 estudió en el taller de poesía del Writers’ Workshop de la Universidad de Iowa, con cuya estética inspirada en las vanguardias históricas no encajó. En 1962 conoció a Andy Warhol, con quien tendría una relación sentimental, y a los artistas de la Factory. Es el protagonista omnipresente de su primera película, Sleep, aparecida al año siguiente, y rodada en fragmentos de tres minutos durante 10 días. De los creadores del pop art, Giorno tomó para la poesía la técnica del collage y la apropiación, y también la combinación transformadora de fragmentos provenientes de discursos no poéticos, para los que ellos se habían inspirado, a su vez, en los surrealistas. Su libro The American Book of the Dead, escrito en 1964, utiliza como elementos vivos, llenos de potencial poético, fragmentos de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, letras de canciones de rock y noticias de periódicos.

La poesía de Giorno desarrolló a partir de ese momento una intensidad vitalista, al mismo tiempo provocadora y catártica, erigida frente a cualquier forma de pensamiento normativo, al que da la vuelta, a través de una compasión llena de aristas hacia las diversas angustias del ser humano contemporáneo.

Trabajó a finales de los sesenta en la creación de ESPE (Electronic Sensory Poetry Environments), donde jugó con su voz recitando sus poemas. Fundó el AIDS Treatment Project, destinado al apoyo a los enfermos del Sida. Puso en marcha la compañía Giorno Poetry Systems, que produjo trabajos de Patti Smith, Philip Glass o Laurie Anderson. En su proyecto Dial-A-Poem distribuyó poesía por teléfono, vídeo y grabaciones, con la participación, entre otros, de John Ashbery, Frank O’Hara y William Burroughs. Desde 1971 se hizo budista tibetano en la tradición Nyingma.

Su vocación poética, entendida como un desbordamiento del texto hacia otros territorios artísticos, y como una necesidad esencial, no ha declinado hasta el último momento de su vida. Su poema Thanx 4 Nothing (2006), grabado por su marido, el artista Ugo Rondinone, para una instalación del mismo título, que pudo verse en la exposición I Love John Giorno en el Palais de Tokio de París en 2015, se ha convertido en su texto más querido de los últimos años. En él dice, junto a otras gratitudes: “Gracias por permitirme ser un poeta, un noble esfuerzo, condenado, pero la única opción”.

Luis Muñoz es poeta y profesor de la Universidad de Iowa, donde dirige el Programa de Escritura en Español

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