PREMIOS NOBEL
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Cuando un nombre te suena

La primera editora de Olga Tokarczuk en español recuerda aquel hallazgo

La escritora Olga Tokarczuk, retratada en 2009 en Alemania
La escritora Olga Tokarczuk, retratada en 2009 en AlemaniaSchiffer-Fuchs (Getty)

Estoy en el escritorio trabajando y de pronto me llega la noticia de que una polaca llamada Olga Tokarczuk ha ganado el premio Nobel. El nombre me suena, me suena mucho, la he debido leer, pienso. O tal vez la conozca en persona, no sé, su nombre me resulta muy familiar. En ese momento recibo un mensaje en el teléfono de Andreu Jaume (que es la memoria andante de Lumen, editorial en la que ambos trabajamos): “Tú fuiste la primera en publicarla. Felicidades”. “¡Es verdad! ¡Por eso me sonaba tanto!” Me levanto de un brinco y voy a la biblioteca, no tardo ni dos minutos en encontrar su novela Un lugar llamado antaño. Sí, me había encantado leerla y publicarla, era un libro extraño, poético, muy bonito. Discutimos por la traducción del título y por la ilustración de la portada. Lo publicamos en 2001. No debimos vender ni siete ejemplares.

Y al cabo de 10 minutos me llaman de EL PAÍS y me preguntan:

—¿Qué te pasa a ti con las autoras polacas? ¿No fuiste tú también la editora de Wislawa Szymborska antes de que ganara el Nobel?

–No exactamente– aclaro. Cuando le dieron el Nobel (en otoño de 1996) yo estaba considerando su libro Paisaje con grano de arena para Lumen, lo tenía en la mesita de noche. Estábamos en Frankfurt. Oí su nombre y pensé lo mismo que he pensado hoy: “¡Qué raro! Este nombre me suena mucho”. Entonces llamé a casa y le pedí a mi novio que me dijese qué libros tenía en la mesita de noche, este era el que estaba encima de la pila. Carmen Balcells respetó el hecho de que yo fuese la única editora que se hubiese interesado por el libro antes del Nobel y nos lo vendió muy barato.

Y de pronto, durante 10 minutos muy felices, vuelvo a ser editora.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Regístrate gratis para seguir leyendo

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS