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Cuando la heroína del filme no necesita que nadie la salve

La bilbaína Alice Waddington debuta en la dirección con la distopía victoriana ‘Paradise Hills’

Alice Waddington, el viernes por la noche en Sitges. En vídeo, el tráiler de 'Paradise Hills'.

Sus padres se conocieron en el cineclub de la universidad, ella creció rodeada de películas y, cuando en el instituto la vida se le complicó, empezó a “buscar otros mundos” para no tener que quedarse solo con este, porque este no le gustaba demasiado. “Llevaba libros a clase y me quedaba dormida en la biblioteca, como Bastian en La historia interminable”, dice. Alice Waddington (Bilbao, 29 años) no se llama Alice Waddington — su nombre es Irene; su apellido, un misterio—, pero como tal firmó la primera vez que se la incluyó en los títulos de crédito de una película, Ander, de Roberto Castón. Tenía 16 años y figuraba como asistente del director de fotografía Kike López. “Empezó como una broma, un guiño a un ser querido, y luego se me hacía raro cambiarlo porque era así como me conocía todo el mundo”, aclara. Aunque de pequeña quería ser fotógrafa (“fotógrafa de moda o de guerra”), ha acabado dirigiendo películas retrofuturistas protagonizadas por estrellas de Hollywood, como la scream queen del momento, Emma Roberts.

Al día siguiente del pase en el festival de Sitges de Paradise Hills, su debut en largo —Disco Inferno (2015), el corto por el que se la conocía hasta la fecha, estuvo en más de 70 festivales—, tiene, dice, “resaca emocional”. Viste de negro y recuerda “haber llorado mucho” la noche anterior porque estaban allí sus padres y era la primera vez que veía en una sala abarrotada su propia creación. Su recorrido festivalero empezó en Sundance. La película la ha hecho, asegura “para mi yo de 13 años”, una Alice / Irene entonces acosada por todos aquellos que no la entendían y que hubieran querido cambiarla, a la manera en que los padres de las chicas protagonistas de Paradise Hills quieren cambiar a sus hijas para que encajen en el esquema que esperan de ellas. “Las películas me han salvado la vida”, asegura. Si tuviera que quedarse con una, esa que veía repetidamente, “a la que me agarraba cuando me sentía sola”, elige Dentro del laberinto, de Jim Henson, la única protagonizada por una chica.

Waddington es consciente de estar tratando de subvertir desde dentro la tendencia del cine de género a perpetuar “narrativas masculinas”, y formar parte de “una ola de cambio” encabezada, en su opinión, por Jennifer Kent (The Babadook) y Anna Biller (The Love Witch). “¡Hay un planeta entero por explorar entre una y otra! Y es en ese planeta en el que quiero vivir. No quiero hacer otra cosa que cine de terror o ciencia ficción hasta que me muera”, sentencia. La historia de Paradise Hills, cuyo guion firman su “amigo del alma” Nacho Vigalondo y Brian DeLeeuw, parece deberle algo a Las mujeres perfectas de Ira Levin (novela llevada al cine por última vez en 2004 por Frank Oz). En realidad, desciende más, en su concepto, a El prisionero, Picnic en Hanging Rock y La fuga de Logan, y, en intención, “a acabar con la idea de que, en el mundo de hoy, hay que ser perfecto y crear un avatar propio y vacío para existir”, apunta.

En la película, Uma (Roberts) despierta en el Paraíso, una aparentemente perfecta institución de reacondicionamiento de chicas díscolas dirigida por la Duquesa (Milla Jovovich), para curarse de su odio al que será su futuro marido por imposición materna. En el lugar —de estética steampunk—, de un victorianismo en el que lo que se viste tiene especial importancia, que esconde un oscuro y horrible secreto, descubrirá que “la amistad entre chicas es una forma de familia” y que “no necesita que nadie la salve, que puede salvarse a sí misma”. Y continúa: “Era muy importante para mí desterrar la idea de la competencia femenina, y acabar con todos los tópicos del género, en un entorno barroco, de jaulas de oro de cuento de hadas con personajes tan diversos —racial, corporal y sexualmente— como me fuera posible”.

 

Por primera vez, un ministro en el certamen

En los 52 años de vida del festival nunca hasta la noche del viernes un ministro de Cultura había pisado la alfombra roja del certamen. Asistió José Guirao a la gala de la “estupenda” película de Waddington, muestra, dijo, en un pequeño encuentro con los medios al día siguiente, de que “no es que se esté produciendo una fuga de cerebros en la industria del cine español sino que lo que se está dando es una concentración del talento que se mueve por el mundo”, porque el cine, aseguró, “no tiene fronteras”. Prometió un mayor apoyo a los festivales nacionales – “todos se van a mejorar considerablemente”, apuntó, sin especificar cómo –, y descartó que su presencia en la localidad catalana a días de hacerse pública la sentencia del procès tuviese que ver con la delicada situación política. “Puede que vengamos de una época en la que no se venía tan a menudo a Cataluña por un viejo prejuicio, pero puedo asegurar que yo no vengo por nada que no sea la cultura”.

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