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Viaje a las cenizas de la Rumania de Ceausescu

Margo Rejmer describe la miseria moral y material del régimen y hace un retrato actual de un pueblo que recuerda, sí, pero también olvida, perdona y tergiversa

Revuelta contra Ceausescu en 1989.
Revuelta contra Ceausescu en 1989. REUTERS

Hay una gran escuela polaca de periodismo de la que Ryszard Kapuscinski es el rostro más notorio, y Jacek Hugo-Bader, uno de sus más recientes éxitos, y en la que Margo Rejmer se encuadra perfectamente. Buena prueba de ello es Bucarest. Polvo y sangre, libro en el que la reportera se asoma a las puertas del infierno con una mirada lúcida, que no compadece ni juzga, para contarnos desde allí cosas increíbles.

Es una crónica de la Rumania de hoy y de los infiernos del pasado, un conjunto de reportajes con los que retrata la miseria moral y material del régimen comunista de Ceausescu para luego contar cómo el pueblo, los rumanos de hoy, recuerdan, sí, pero también olvidan, perdonan y tergiversan. Un libro que aborda la muerte del dictador no como un magnicidio, sino como un parricidio; un tratado sobre la desmemoria; una crónica devastadora de la repetición del error y del horror, de cómo un país pasa en menos de un siglo por la monarquía corrupta más abyecta, el peor fascismo y el genocidio nazi para converger en 42 años de totalitarismo comunista y convertir todo esto, finalmente, en un elemento de consumo capitalista.

Resulta muy complicado hablar de todo esto desde fuera, como extranjero, pero Rejmer tiene dos virtudes principales. La primera es la equidistancia de su mirada, su capacidad de análisis, el acertar siempre con el tono y guardar la ironía, a veces sarcasmo, para los poderosos. La segunda es que este viaje no lo realiza a través de complicadas tesis o párrafos historicistas, sino con los rostros y las voces de los que sufrieron estos dislates históricos. Si están pensando en Svetlana Alexiévich, van por buen camino. No se extiende, por ejemplo, en el relato de la aprobación del decreto de 1966 que prohibía y perseguía con saña el aborto por el bien de la gran Rumania, sino que habla con sus víctimas, con las mujeres, con los hijos no deseados que, al final, fueron la generación que fusiló al dictador.

Viaje a las cenizas de la Rumania de Ceausescu

Hay lugar también para ver Bucarest con los ojos de quien analiza las heridas que sobre el lugar ha infligido el poder. Reiríamos con gusto al leer la historia de la Casa del Pueblo si no fuera tan trágica. El paseo por una ciudad de “miseria endomingada” y poseída por “una arquitectura insaciable y cruel” es el de alguien que ha vivido y comprendido esa locura. Hay también lugar para historias de esperanza como la de Octavian, niño crecido en la peor época del régimen, ahogado por el silencio impuesto y la paranoia de un país vigilado y obsesionado con la delación y que ahora dirige una academia de idiomas, habla 15 lenguas y traduce y publica en el extranjero.

Resume así la autora el espíritu de un pueblo orgulloso y contradictorio, de las gentes que habitan las páginas de este libro. “A cada paso oigo en Rumania ‘Asta e, ce sā fasi’ (es lo que hay, ¿qué le vas a hacer?). Los rumanos están resignados, pero se las apañarán con cualquier desgracia. Lo soportarán todo. Lo soportarán todo hasta que finalmente estallen”.

Bucarest. Polvo y sangre. Margo Rejmer. Traducción de Ernesto Rubio y Agata Orzeszek. La Caja Books, 2019. 248 páginas. 18,90 euros.