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Una asignatura llamada YouTube

Una mesa de diálogo entre investigadores en educación celebrada en la Biblioteca Nacional aborda la inclusión de lo audiovisual en la enseñanza

Desde la izquierda, Inés Miret (coordinadora del acto), Inés Dussel, Lucas Ramada, Marcos García y José Miguel Tomasena, este miércoles en la Biblioteca Nacional.
Desde la izquierda, Inés Miret (coordinadora del acto), Inés Dussel, Lucas Ramada, Marcos García y José Miguel Tomasena, este miércoles en la Biblioteca Nacional.

Las escuelas se enfrentan al desafío de superar las narrativas textuales. Si los adolescentes quedan fascinados con las violentas narrativas del último videojuego de moda, o seleccionan lecturas tras visualizar las reseñas web de sus booktubers favoritos, estas prácticas deben verse reflejadas en el currículo académico. Algunas iniciativas ya lo consiguen. Pero es necesario definir la mejor forma de encarar estas realidades. Tres investigadores en el ámbito educativo y un gestor cultural han llegado a estas conclusiones en un debate celebrado en la Biblioteca Nacional este miércoles. El diálogo ha formado parte de la segunda y última jornada del congreso Leer Iberoamérica Lee, organizado en el marco "movilizador" que ofrece la 78º edición de la Feria del Libro de Madrid, que concluye este domingo. 

Bajo el título Virtualidades y formación de lecturas, el encuentro ha permitido que los ponentes se pregunten por la idoneidad de incluir nuevas asignaturas (debatieron incluso una muy particular: YouTube) en las aulas. "La materia no tiene por qué ser YouTube, puede ser sociología de los medios", ha apuntado la argentina Inés Doussel, del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de México, quien ha lanzado una mirada al mundo anglosajón, donde este tipo de materias ya forman parte de algunos planes de estudios. Doussel ha pedido que las instituciones culturales, no solo las escuelas, también las bibliotecas, "presenten [a alumnos y usuarios] los contenidos audiovisuales como meros borradores, el mismo listón que se aplica a los textos", en referencia a que los criterios que deben regir los nuevos formatos no deben ser menos exigentes que los actuales.

 "Los nativos digitalesrehuyen una formación que les impone conocer las influencias del Lazarillo de Tormes. Prefieren estar con unos auriculares en el patio de la escuela escuchando rap. Ahí los docentes tienen la oportunidad de trabajar en, por ejemplo, la métrica que incluye esa canción, y darle vueltas para ver qué conocimiento pueden extraer", defendió José Miguel Tomasena, investigador de la Universidad Pompeu Fabra. Tomasena abogó por "un modelo de pedagogía abierta", aunque excluyó que eso deba significar la implantación de asignaturas específicas.

En un tiempo en el que vídeo e imagen se imponen a lo textual, el mundo académico se ha convertido en una "guerrilla" en la que los soportes audiovisuales buscan adelantar líneas, señaló el investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona Lucas Ramada. "Hablas con mediadores [profesores, gestores culturales] y no saben muy bien a qué acudir", dijo de las dificultades para aprovechar el torrente de contenidos que consumen los adolescentes y darle forma en las aulas. Ramada abogó por la "reconstrucción colectiva" de una comunidad hoy "caótica".

Parte de esta reconstrucción a la que aludió el investigador requiere, coincidieron los participantes, del desarrollo en centros educativos de proyectos de software libre, que permitan a los estudiantes producir conjuntamente con otros usuarios de la red creaciones culturales, así como distribuirlas y modificarlas. Marcos García, director artístico de Medialab-Prado, punto de encuentro para el desarrollo de proyectos culturales bajo este sistema de código abierto, explicó que esta concepción de la educación contribuye a reducir el "desorden" ocasionado por la irrupción de lo digital. Y también a plantar "semillas de reconciliación" entre generaciones "tan necesarias actualmente".

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