Crítica | Clara y Claire
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La virtualidad del deseo

Juliette Binoche es capaz de dar sentido con cada mínimo gesto en primerísimo plano a cada una de las frases de los numerosos chats con su joven amante internáutico

Juliette Binoche, en 'Clara y Claire'.
Juliette Binoche, en 'Clara y Claire'.

En las nuevas relaciones sociales, el gran cambio lo supone el tiempo de respuesta. Tiempo para contestar, tiempo para pensar, tiempo para esconderse, tiempo para dudar, tiempo para encontrar, tiempo para inventar. En el cara a cara no cabe la táctica: al final salimos nosotros mismos, se nos acaba escapando el interior hacia el exterior, solo se puede mentir durante un rato. En un flirteo por Facebook, por whatsapp, por pantalla, con el refugio de la intimidad y de la inventiva, podemos ser cualquiera. Incluso otros muy distintos. Justo lo que hace la protagonista de la excelente Clara y Claire, inventarse un otro yo más fascinante (o no) y, en cierto modo, más seguro.

CLARA Y CLAIRE

Dirección: Safy Nebbou.

Intérpretes: Juliette Binoche, François Civil, Nicole Garcia, Charles Berling.

Género: drama. Francia, 2019.

Duración: 101 minutos.

En las relaciones sentimentales virtuales se puede hasta fornicar. Con la imaginación como vía, la palabra como medio y la pantalla como red de seguridad. Es el amor seguro. Si dos personas no se llegan ni a mirar a los ojos apenas cabe la decepción. Y Safy Nebbou, en su sexto largometraje, inspirado en una novela de Camille Laurens (Celle que vous croyez, 2016), demuestra sensibilidad y complejidad. También capacidad narrativa en un último acto, al que da pie un esplendoroso giro de guion a la hora y cinco minutos de metraje, que en principio puede resultar forzado, pero que adquiere un muy atractivo sabor metalingüístico, con el que se despliegan dos nuevas e interesantísimas posibilidades para la historia de amor cibernético que domina la película.

Nebbou se apoya además en un prodigio, el de Juliette Binoche, capaz de dar sentido con cada mínimo gesto en primerísimo plano a cada una de las frases de los numerosos chats con su joven amante virtual. Una actriz mayúscula que da vida a una mujer obsesionada por el pasado, por el paso del tiempo, por la decadencia del rostro y del cuerpo, por el dolor experimentado. Ese personaje que se inventa una doble más joven y que resulta irresistible en su sabiduría de haber vivido. El perfecto disfraz.

Clara y Claire, con otras dos estupendas actuaciones, la de Nicole Garcia como la psiquiatra y la de François Civil como el veinteañero, nunca resulta tópica y siempre se desarrolla con la trascendencia que merece un tema sin respuestas, que también sabe adentrarse en la vulnerabilidad del otro. ¿Quiénes somos realmente? ¿En qué momento esos juegos virtuales pasan a ser la propia vida, la existencia real, la esperanza de cada día? La comunicación contemporánea, un modo de escape, una suerte de amenaza, una fuerza de la ilusión.

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Sobre la firma

Javier Ocaña

Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.

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