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Una gratificación cósmica

Los hermanos Anthony y Joe Russo quizá no sean los directores con mayor personalidad del universo Marvel, pero nadie discutirá su extrema competencia

Vengadores Endgame
Imagen de 'Vengadores: Endgame'.

En dos irresistibles páginas de Lobezno. Enemigo del estado de Mark Millar y John Romita, jr., Reed y Susan Richards discuten sobre quién va a contarles el cuento nocturno a los niños. Él intenta escaquearse sirviéndose de una personalidad sintética preprogramada, sembrando en ella una duda sobre su reciente intimidad conyugal. Con su fusión de domesticidad y delirio, y el humor como elemento de cohesión, esta es una característica escena de la posmodernidad de la historieta superheroica, caracterizada por la voluntad de juego de sus creadores y sustentada sobre la confianza en el intrincado juego de referencias compartidas por su comunidad de lectores. Cuando se inauguró el universo cinematográfico Marvel, muchos encallecidos lectores de comic-books, saturados de mecánicos y reiterativos relatos de origen, desearon que llegara el día en que esas aparatosas superproducciones alcanzaran la ligereza y la libertad imaginativa que sus fuentes de inspiración llevaban largo tiempo explotando. Vengadores: Endgame cumple ese sueño con creces, cerrando, mediante el pasmoso equilibrio de los más heterogéneos ingredientes, lo que bien puede considerarse un macroserial en 22 películas.

VENGADORES: ENDGAME

Dirección: Anthony y Joe Russo.

Intérpretes: Robert Downey jr., Brie Larson, Chris Evans, Scarlett Johansson.

Género: aventuras. Estados Unidos, 2019.

Duración: 181 minutos.

Tras el tsunami de gravedad que supuso el desenlace de Vengadores: Infinity War (2018), este capítulo final adopta la forma de un tríptico, que dedica sus primeros compases al duelo y a la ruina de lo heroico –impagable el reciclaje del Capitán América como terapeuta motivacional- para consagrar su cuerpo central a una aventura disfrazada de vodevil cuántico y rematarlo todo con la necesaria sublimación épica. Los hermanos Anthony y Joe Russo quizá no sean los directores con mayor personalidad que han pasado por este universo –Joss Whedon, Taika Waititi y James Gunn podrían compartir el trono de la singularidad-, pero nadie discutirá su extrema competencia para imponer armonía y claridad sobre un material con potencialidad para lo caótico.

Con unas virtuosas batallas finales que crean la ilusión de sumergir al espectador en cada trazo de la hipotética respuesta superheroica al lienzo de La batalla de Waterloo de William Sadler, Vengadores: Endgame calza con precisión catarsis emotivas y réplicas agudas, sirve ocasionales explosiones de estilo –el encuentro en Tokio entre Ojo de Halcón y la Viuda Negra- sin emborronar un clasicismo dominante y cae de pie tras el atrevimiento de situar en el mismo corazón del conjunto su particular amplificación de los climáticos montajes paralelos griffithianos (y posteriormente lucasianos). Un fin de fiesta consciente de que se le exigía una capacidad de gratificación cósmica.

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