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Diez libros de Ferlosio vistos por Ferlosio

El escritor fue igual de implacable al valorar su obra que al enjuiciar el mundo que le rodeaba

Rafael Sanchez Ferlosio
Rafael Sánchez Ferlosio en su casa de Madrid en diciembre de 2017.

Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951). Su obra predilecta, según confesó en una entrevista. “Yo vivía entonces en casa y se lo iba leyendo a mi padre y a mi madre conforme lo escribía. No me acuerdo qué edad tenía. Eran incondicionales de lo que escribía. Mi madre pagó la edición. Costó 13.000 pesetas, 1.500 ejemplares. Fue un negocio”.

El Jarama (1955). Una de sus cimas narrativas, que él miraba con ojos regulares. “Está bien de prosa y de figura y de metáfora. Pero no. Es un error poner un accidente, un hecho individual, eso pertenece a la crónica de sucesos. Los franceses dijeron que había alargado demasiado una anécdota para dar una visión panorámica de una situación”.

Las semanas del jardín (1974). “En el silencio de mi noche ardiente, las letras, locas, gesticulan voces”, escribe Sánchez Ferlosio en una de las primeras obras ensayísticas. En ella analiza técnicas y recursos narrativos en varias disciplinas.

El testimonio de Yarfoz (1986). Al autor, con el tiempo, esta novela le pareció “un coñazo”. “Está llena de nombres propios inventados, y están muy mal inventados. Y entonces te expulsa, porque uno tiene que acordarse de tantos nombres inventados que no están organizados como una lengua”.

Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado (1986). Uno de los muchos lugares a los que viajar para encontrar el humor de Ferlosio. En este libro imagina a Manuel Fraga en el río Alberche nadando contra la imparable corriente de la historia. Ese mismo año se publicó también Campo de Marte.

Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (1993). Ganador del Premio Nacional de Ensayo, es un caleidoscopio del universo Ferlosio, un espacio complejo, inaprensible, variado y satírico. Hay poemas, denuncias, aforismos, refranes y cuentos. Con el dinero del premio arregló el tejado de su casa. “El libro va como el general Varela: bilaureado”. Cuando le preguntaron por su menosprecio de la literatura, avisó: “Yo no menosprecio nada en este mundo salvo Walt Disney y el rock… bueno y el deporte, el automóvil y la publicidad”.

Non olet (2003). Ensayos sobre asuntos económicos (ocio y negocio), incluida su reflexión sobre el consumismo. “La función de servicio a los consumidores, de aumento del bienestar, es la quincalla tras la que se escuda el imperio absoluto de la producción”.

Altos estudios eclesiásticos (2015). Ferlosio recurrió a la irónica denominación del apartamiento de los religiosos que protagonizan algún escándalo —retirado a sumergirse en altos estudios eclesiásticos— para titular el primer volumen de sus ensayos completos, donde se ofrecen sus escritos sobre gramática. Él se consagró a ellos para sacudirse las ataduras de la novela y su éxito, para huir “del grotesco papelón de literato”. En 2015 también se publicó Campo de retamas, con notas y aforismos que él bautizó como pecios.

Ensayos. Babel contra Babel (2016). Todo lo que Sánchez Ferlosio pensaba, y dejó por escrito, sobre asuntos internacionales y la guerra entre 1980 y 2013. Fue su tercer volumen de los ensayos recopilados por Debate. Recomendaba liberarse de “la tenebrosa y arcaica irracionalidad que se manifiesta en el amor a la victoria como fin en sí mismo”.

Páginas escogidas (2017). Una antología que mezcla ficción y no ficción, recopilada por el crítico Ignacio Echevarría. En ella pueden leerse aforismos, fragmentos de novelas y artículos, incluidos textos clásicos como La moral del pedo o Personas y animales en una fiesta de bautizo, su debut como ensayista.

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