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MUERE AGNÈS VARDA OPINIÓN i

El cine en cuatro planos

La documentalista Mercedes Álvarez indaga en la obra de la francesa, "de mirada libre, íntima y confidencial, de la cámara pequeña y despojada de corsés"

Agnès Varda, en 2008, en el Lido de Venecia, durante la presentación de su documental 'Las playas de Agnès'.
Agnès Varda, en 2008, en el Lido de Venecia, durante la presentación de su documental 'Las playas de Agnès'. afp

En Los espigadores y la espigadora, uno de sus filmes de madurez, hay un momento en el que Agnès Varda se asoma delante de la cámara y nos enseña sus manos forjadas por la vida, las arrugas de su rostro, las canas de su pelo, al mismo tiempo que se dirige al espectador: “No, no es la vejez enemiga. Puede ser también vejez amiga, pero mis cabellos y mis manos me dicen que el final está cerca”. Son apenas cuatro planos en los que Agnès habla al espectador en confidencia, como quien le habla al oído y le dice “C'est la vie”, y lo dice sin amargura, sin rencores pendientes con la vida ni pesadumbres pero, sobre todo, sin querer dar lecciones a nadie.

Siempre recuerdo esos cuatro planos que para mí resumen todo el cine de Agnès Varda; un cine de la mirada libre, íntima y confidencial, de la cámara pequeña y despojada de corsés, con la que fue capaz de expresar tanto y hablarnos de nosotras…pero desde ella misma. Y con esos cuatro planos, esa libertad y ese cine despojado de discursos adoctrinantes, ese sentido del humor y la ironía, la directora estaba rompiendo también con esa imagen de la mujer aprisionada por los estereotipos sociales.

Agnès fue una mujer entre hombres (Jacques Demy, Marker, Resnais, Godard…), pionera del cine libre francés desde los años sesenta hasta ayer. Todo su cine, ficción o documental, está lleno de hallazgos de lenguaje con recursos mínimos. Esa valentía ha inspirado y animado a muchas cineastas a coger la cámara.

Fue durante el rodaje de mi primera película cuando vi Los espigadores..., rodada con un dispositivo ligero y con plena libertad. En un atasco del rodaje, hablé con el productor. Le dije: 'Mira está película, rodada con cámaras pequeñas, no hace falta más'. Esa pequeña cámara de Agnès puede acercarnos más a la vida que un enorme dispositivo cinematográfico.

La valentía de Agnès me enseñó mucho y, una vez, en el Festival de Róterdam, tuve la suerte de agradecérselo personalmente.

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