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Pablo Juliá, “notario” de un tiempo de Transición

El fotoperiodista recorre con 120 instantáneas los inicios de la democracia española en una exposición en la Diputación de Cádiz

Una de las fotos más célebres de Juliá: Manuel Fraga pone orden a sus papeles tras una conferencia de prensa en Sevilla sin darse cuenta de que uno de esos periódicos mostraba un anuncio que pedía el voto para el PSOE, el 17 de mayo de 1982.
Una de las fotos más célebres de Juliá: Manuel Fraga pone orden a sus papeles tras una conferencia de prensa en Sevilla sin darse cuenta de que uno de esos periódicos mostraba un anuncio que pedía el voto para el PSOE, el 17 de mayo de 1982.

Tiene el tiempo un curioso efecto narcótico. Distorsiona los recuerdos hasta endulzarlos a su antojo. Hace creer que cualquier momento pasado fue mejor, que la vida era más hermosa, que antes parecíamos más apuestos u osados. El engañoso espejismo se rompe al ver a esa niña anónima y desnuda que vivía bajo un puente en 1983, a esos jornaleros andaluces de la aceituna de 1984 o esa pomposa procesión sevillana con la que un cardenal rogaba lluvia en 1976.

Tan solo cuatro décadas han pasado de esas 120 instantáneas de la Transición —en algunas incluso menos— con las que el fotoperiodista Pablo Juliá (Cádiz, 1949) golpea, estremece y emociona más, incluso, que cuando las hizo. La mudanza democrática de Andalucía no fue dulce ni hermosa, pero sí combativa, libre y trascendente. Es la primera enseñanza que se extrae de Otros tiempos, la exposición organizada por la Diputación de Cádiz con motivo del 19 de marzo, Día de la Provincia, en la que Juliá ejerce de cicerone de un periodo clave para la historia española.

“Simplemente he sido un notario de lo que hay aquí, pero ustedes son los propietarios”, ha aclarado el fotoperiodista, poco antes de inaugurar la muestra. La "foto de la tortilla" —en verdad eran naranjas— de ese aún PSOE clandestino en 1974, los moratones de las mujeres marroquíes en Melilla, el gaditano de Astilleros enfrentándose a su destino incierto con el rostro embozado y una honda en la mano. Ahora todos esos instantes son piezas de una exposición, en su momento, fueron portada de medios como EL PAÍS, en el que Juliá trabajó entre 1979 y 2007.

Lo que para Henri Cartier-Bresson era “el instante decisivo”, para Juliá es una formulación exacta entre “suerte y pasión”. Es el “estado de gracia” en el que dice entrar el fotoperiodista gaditano antes de disparar. Por esa suerte de fe agnóstica, llegó a estar 10 minutos agazapado esperando a que el político Manuel Fraga hiciese lo que él esperaba: levantar y ordenar sus papeles, entre los que se encontraba un periódico con la publicidad "Vota PSOE". “Tiempo después Fraga me dijo que era ‘un gran fotógrafo y un gran hijo de puta’. Viniendo de él, fue un gran halago”, rememora Juliá entre risas.

El tiempo no fue solo la clave para alumbrar cada una de las 120 fotografías que componen la muestra. También lo ha sido estos años de solera que las han apoderado de la trascendencia histórica que hoy tienen. “Lo que haces hoy se tira, lo que tiene 40 o 50 años alcanza otra importancia”, señala el que fuera director del Centro Andaluz de Fotografía (de 2007 a 2016). Un ejemplo gráfico: no es lo mismo retratar en 1968 a un joven apoyado en su coche mientras fuma a contemplar hoy esa imagen si ese hombre es Felipe González 14 años antes de convertirse en el primer presidente de izquierdas de España desde 1936.

Pablo Juliá (centro), durante la visita a la muestra de sus fotografías. ampliar foto
Pablo Juliá (centro), durante la visita a la muestra de sus fotografías.

Martirio, Kiko Veneno, Manuel Chaves, Lole y Manuel, Alfonso Guerra, María Jiménez, Rafael Escuredo. Cantantes, artistas, políticos y muchos rostros anónimos andaluces componen este retrato de una época que arranca en los 60 y que no termina hasta 2001, año en el que Juliá marca el fin de la Transición. Todos juntos y, a veces, revueltos presidirán el claustro del Palacio de la Diputación hasta el próximo 26 de abril. Y lo hacen en un momento clave, como reflexiona con tono de advertencia uno de esos protagonistas, el expresidente andaluz Manuel Chaves: “Es importante que sea ahora. Aquello no fue ni mejor ni peor, pero es muy relevante expresar que el tránsito estuvo lleno de dificultades y peligros”.

Tuvo que ser en Cádiz

A punto de cumplir los 70 años, el fotoperiodista Pablo Juliá está jubilado, pero no quieto. “Quiero seguir moviéndome. La fotografía es una introspección en tu vida”, advierte con media sonrisa. En ese movimiento, ha escogido Cádiz para cerrar un capítulo: “Es el punto y final a la Transición. Ahora quiero otra cosa”. Fue su ciudad natal la que vio crecer sus inquietudes artísticas, primero por el cine y luego por su profesión, el fotoperiodismo. Pero otro motivo ha empujado al profesional a comisariar y protagonizar la exposición ‘Otros tiempos’: “Cádiz, sus calles, es lo mismo que hace 50 años. Esa esquina, ese desconchón sigue ahí. Eso no pasa en otras ciudades”.

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