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La Manada: el espectador es el juez en el teatro

Se estrena en Avilés 'Jauría', la obra de Jordi Casanovas sobre el juicio a cinco hombres por una violación en grupo

De izquierda a derecha, Fran Cantos, Álex García, María Hervás, Raúl Prieto, Ignacio Mateos y Martiño Rivas, en un ensayo de 'Jauría'.

Desde que el 7 de julio de 2016 una joven de 18 años denunció a la policía que había sido violada por cinco hombres durante los Sanfermines de Pamplona, este periódico ha publicado en su edición impresa 173 noticias, crónicas, reportajes, análisis y artículos de opinión sobre el conocido como caso La Manada, además de incontables informaciones de seguimiento en la edición digital y entradas de blogs. No hay detalle de ese juicio que no haya sido filtrado en algún medio de comunicación y posteriormente discutido en redes sociales, foros, conversaciones de oficina o de bar.

¿Qué puede aportar una obra de teatro documental, basada exclusivamente en las declaraciones de la víctima y los acusados en este mediático proceso judicial, que no se haya comentado o destripado ya? “No es lo mismo leer un testimonio que verlo interpretado sobre un escenario. Los matices se amplifican y obligan a reconsiderar muchas cosas que se dan por asumidas”, responde Jordi Casanovas, autor de Jauría, uno de los espectáculos que más expectación han despertado esta temporada, que se estrena por fin este viernes en Avilés (Asturias).

La curiosidad es lógica. Aparte de lo mediático que resulta todo lo relacionado con La Manada, el estreno de este montaje cuando el proceso está todavía sin cerrar, a la espera de sentencia del Tribunal Supremo y en pleno debate sobre la tipificación de los delitos sexuales, supone una declaración de principios: la reivindicación de un teatro activo y comprometido con el presente. No es la primera vez que Casanovas se mete en un charco como este: su obra Ruz-Bárcenas, transcripción de la declaración del extesorero del PP ante la Audiencia Nacional, se estrenó en 2014 en los escenarios y en 2015 en el cine, con el caso todavía abierto. “El teatro es muy ágil, podemos montar una obra más rápido que una película. Deberíamos aprovecharlo para recuperar el papel central que siempre tuvo en la sociedad. Shakespeare, Lope o Calderón escribían de lo que pasaba en su tiempo. Está bien que representemos todavía aquellas obras, porque en muchos aspectos son atemporales y por eso son clásicos, pero no deberíamos desatender la realidad del momento”, opina el dramaturgo.

No hay nada inventado en Jauría. Todo lo que se dice en escena fue pronunciado durante el juicio. Casanovas se limita a trenzar con ritmo dramático el relato de la víctima con el de los acusados para que el público saque sus conclusiones. Aunque el autor subraya que hay algunas que son evidentes. “Desde el primer momento llama la atención que a la víctima se le pidan más explicaciones que a los acusados. Se investiga su pasado y se cuestionan sus actos más que los de ellos”, dice.

Si la escritura de una obra como esta es un ejercicio de compromiso, no lo es menos su puesta en escena. Miguel del Arco, al frente de la compañía Kamikaze, asumió el reto en cuanto le llegó la propuesta, a finales de 2017, recién terminado el juicio. ¿Cómo se aborda un personaje cuando está vivo e incluso puede sufrir por ello? “No hemos querido establecer contacto con ninguno de ellos. Únicamente le escribí una carta a la víctima para explicarle el proyecto. Hemos construido cada personaje exclusivamente a través de sus palabras, igual que hacemos con los de ficción”, explica Del Arco.

El otro gran reto de esta puesta en escena tiene que ver con la dificultad de convertir en teatro algo tan árido como una declaración judicial. “El realismo no sirve, resultaría aburrido. He optado por no recrear el relato de los hechos, sino por extraer el aroma emocional de cada momento: la estrechez sofocante del portal donde ocurrió todo, el desconcierto, la angustia, el sentimiento de acoso...”, resume el director. “Lo que pretendo es que todo eso que ya conoce el espectador le transite por el cuerpo. El relato en primera persona llega de otra manera que la lectura de una noticia de prensa: le ponemos cara a la historia y la entendemos de otra manera”, añade.

Del Arco deja claro que no hay voluntad de equidistancia en su montaje. “Si hacemos esta obra es para poner sobre la mesa la gran deficiencia que esta historia deja al descubierto y por lo que se ha convertido en un caso paradigmático: que estos chicos y mucha otra gente sigan pensando que no hicieron nada malo, que es normal dejar tirada en el suelo a una mujer después de mantener relaciones sexuales con ella”. Ahí está la médula de esta obra: la constatación de que ciertos actos asumidos como normales en el pasado son en realidad un delito.

El ‘true crime’ llega a la escena

Tanto en su estreno en Avilés como cuando llegue al teatro Pavón Kamikaze de Madrid (del 6 marzo al 21 de abril), Jauría se representa junto a otra obra documental de Jordi Casanovas, Port Arthur, en este caso dirigida por David Serrano. Se trata de la reproducción del interrogatorio policial al autor de la conocida como Masacre de Port Arthur, perpetrada en 1996 por un joven con discapacidad intelectual, que mató a 35 personas e hirió a otras 23. “Fue un caso paradigmático en Australia, porque endureció la ley sobre posesión de armas. Pero el interés del caso va más allá: es hipnótico ver cómo los agentes intentan arrancar una confesión al acusado. Y es más hipnótico aún cuando se sabe que ocurrió de verdad. Por eso creo que es bueno que el espectador lo sepa antes de ver el espectáculo: el impacto es mayor”, comenta Serrano. Es el secreto del éxito del true crime, género en boga tanto en la literatura como en las pantallas, que ahora conquista también el teatro.

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