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Siete días en el purgatorio

Una semana basta para transitar tonos diversos dentro de un trabajo sobresaliente que captura una atmósfera vital irrespirable y resucita la lucidez del escritor.

Dovlatov
Milan Maric, encarnando al escritor soviético protagonista de 'Dovlátov'.

En su libro La maleta (Fulgencio Pimentel), Sergei Dovlátov escribió “Una vez vi un documental sobre París. Los hechos acontecían en la Francia ocupada (…). Aquello me convenció de que los países esclavizados tienen el mismo aspecto. Todos los pueblos esquilmados son idénticos…”. Y no le faltaba razón a este autor que solo logró acceder con normalidad a la publicación y un postergado reconocimiento en el exilio, convirtiendo la irónica melancolía de su mirada en idioma universal en el que cualquier excluido por los discursos del poder se reconocería. Aunque la afirmación merece ser matizada: sí, quizá todos los pueblos esquilmados son, en el fondo, idénticos, pero el autor supo capturar con viveza y minuciosidad las particularidades de lo que implicaba ver consumirse la vida y los sueños en un contexto tan concreto como el de la Unión Soviética de Leónidas Brezhnev, mientras la sombra de Stalin se desvanecía casi a la misma velocidad que las esperanzas de cambio de los ciudadanos, porque el miedo aún seguía allí.

DOVLÁTOV

Dirección: Aleksey German, hijo.

Intérpretes: Milan Maric, Danila Koslovsky, Helena Sujecka, AntonShagin.

Género: biopic. Rusia, 2018.

Duración: 126 minutos.

Si en La maleta, Dovlátov utilizaba las ocho prendas que contenía su equipaje en el momento de emigrar para construir un mosaico de reveladores recuerdos personales en clave tragicómica, Aleksey German hijo opta por una estrategia menos minimalista para capturar el alma del autor: su película, hecha de intrincados planos secuencia con acciones simultáneas en su interior y sin un centro de gravedad fijo, adopta las formas de una inmersión radical en la realidad cotidiana de la Unión Soviética de principios de los setenta, casi un viaje en el tiempo como el que propuso el padre del cineasta en Qué difícil es ser un dios (2013), adaptación de la novela de unos hermanos Strugatsky que comparecen en Dovlátov como figuras atrapadas en el laberinto burocrático de la oficina de censura.

Siete días en una vida bastan para transitar tonos diversos –del golpe trágico del suicidio del joven poeta al sarcasmo de esa visita a un rodaje que convierte la memoria literaria nacional en espectro propagandístico- dentro de un trabajo sobresaliente que captura una atmósfera vital irrespirable y resucita la lucidez del escritor.

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